Clase social y subjetividad política en Puerto Rico: resultados e interpretación de dos encuestas realizadas en 2009 (segunda parte)

Nota editorial: Esta es la segunda parte del estudio realizado por el autor, en el año 2009, para el Movimiento Al Socialismo (MAS). La primera parte se encuentra aquí.


II. ENCUESTA DE DICIEMBRE DE 2009

1. Base teórica e instrumento de observación.  El objetivo es dilucidar qué tienden a pensar las distintas clases sociales sobre medioambiente, sexualidad, economía y orden político.  El marco teórico desde el que definimos las clases sociales es similar al usado para la encuesta de mayo de 2009.  El cuestionario difiere en que, en vez de presentar “partidos” que sintetizan un conjunto de propuestas, presenta separadamente las preguntas de medioambiente, sexualidad, economía y orden político. Dada la presencia del debate sobre una posible huelga general, incluimos una pregunta sobre ese asunto.  

Estos cuestionarios se administraron a 1,185 personas.  La identidad de los encuestados se mantuvo bajo estricta confidencialidad.

2. Resultados y discusión. 

2.1 Estructura de la muestra.  Las definiciones de clase social fueron las mismas de la encuesta de mayo de 2009.  Recordando la composición de clases sociales establecidas en la sección 2.1 de la encuesta de mayo de 2009, debemos señalar los siguientes sesgos de esta muestra.  Los Trabajadores expertos están muy sobrerepresentados (11%); deben ser alrededor de 1%.  Los Trabajadores diestros son el 29%, cuando son entre 10% y 12%.  El Ejército de reserva está muy sub-representado (6%); debe ser cerca del 55%.  Para definir correctamente las tendencias generales, habría que ajustar las proporciones de la muestra a las proporciones de la población general.

Tabla 10. Estructura de la muestra (n = 1,185)

Sector socialN%
Capitalistas615.15
Pequeña burguesía685.74
Ejecutivos534.48
Supervisores958.02
Trabajadores expertos12510.55
Trabajadores diestros34829.37
Trabajadores no-diestros21618.23
Desempleados15012.66
Ejército de reserva695.82

2.2 Huelga general

El cuestionario planteaba la siguiente situación: “Si en Puerto Rico hubiera una huelga general en la que los trabajadores reclaman mejores salarios y condiciones de trabajo, ¿qué resultado te gustaría ver?  Marque la opción preferida.”  Inmediatamente presentaba las siguientes alternativas: (1) “los trabajadores regresan a trabajar sin lograr sus reclamos y expulsan o encarcelan a los líderes”, (2) “los trabajadores regresan a trabajar sin lograr sus reclamos”, (3) “los trabajadores logran algunos de sus reclamos, pero tienen que hacer concesiones”, (4) “los trabajadores logran la mayoría de sus reclamos”, (5) “los trabajadores toman control de las empresas y las operan efectivamente”.  Denominamos la alternativa “1” como “derrota y represión”, la “2” “obreros pierden”, la “3” “empate”, la “4” “obreros ganan” y la “5” “revolución obrera”.

La tendencia general de los entrevistados es a preferir una victoria obrera.  Las alternativas “obreros ganan” y “revolución obrera” suman 58%; las opciones “derrota y represión” y “obreros pierden” son solo el 7%.  Específicamente la opción “obreros ganan” es la preferida, con un 44%.  Más de un tercio de los encuestados (36%) prefiere el “empate”.

En cuanto a las tendencias que asumen las clases sociales ante esta situación, la muestra indica que hay tres bloques: trabajadores, capas medias y capitalistas.  Entre los trabajadores, la preferencia de victoria obrera predomina sobre el empate o derrota obrera y, con excepción de los trabajadores expertos, esa mayoría es absoluta: el 49% de los trabajadores expertos, el 65% de los trabajadores diestros, el 68% de los trabajadores no-diestros, el 63% de los desempleados y el 55% del ejército de reserva prefirieron que los trabajadores triunfaran.  El apoyo a la opción de “revolución obrera” fluctúa entre 14% y 21% y encuentra entre los desempleados a sus más fervientes defensores.

Los capitalistas adoptaron un conjunto de posturas menos favorables hacia victorias obreras.  Aun así, sorprendentemente, el 23% de esos encuestados prefirieron algún tipo de victoria obrera, incluyendo un 10% que optaron por la alternativa “revolución obrera”; solo el 16% prefirieron algún tipo de derrota obrera.  Estimamos que esto puede deberse a una combinación de factores como la actual crisis económica, la crisis fiscal, el carácter brutalmente injusto de las medidas neoliberales del gobierno de Fortuño y a que muchos de estos capitalistas son dueños de pequeñas empresas.  Sin embargo, entre los capitalistas la tendencia mayor es hacia el “empate”; junto con los Ejecutivos son el sector que más apoya esa opción.

Las capas medias (Ejecutivos, Supervisores y Pequeña burguesía) no se mostraron tan favorecedores de victorias obreras como los trabajadores, pero fueron más pro-obreros que los capitalistas.  Las capas medias prefirieron el “Empate” mayoritariamente, entre 49%  y 63%.  Los Ejecutivos prefirieron algún tipo de victoria obrera en un 30%, la Pequeña burguesía en un 38% y los Supervisores en un 44%.   Las opciones de derrota obrera tuvieron poca acogida dentro de estos sectores: solo el 2% de los Supervisores, el 8% de los Ejecutivos y el 13% de la Pequeña burguesía prefirieron esas alternativas.  Podemos distinguir posiciones dentro de estos sectores intermedios: los Supervisores se ubicaron más cerca de los trabajadores por la poca presencia de las ideas de derrotas obreras; los Ejecutivos se posicionaron más cerca de los capitalistas, especialmente por la menor simpatía por victorias obreras y por la primacía del “empate”.

Tabla 11: Huelga general.  n = 1,177; Los números de esta tabla están en por cientos.

 Sector socialRevolución obreraObreros gananEmpateObreros pierdenDerrota y represión 
Capitalistas101361106
Pequeña burguesía63249130
Ejecutivos6246362
Supervisores6385420
Trabajadores expertos16433362
Trabajadores diestros14513031
Trabajadores no-diestros17512633
Desempleados21423232
Ejército de reserva15403375
Por ciento de la opción14443652

2.3. Ambiente

Los sujetos encuestados muestran un virtual consenso ambientalista.  La premisa presentada fue “Marque la alternativa que más se parece a lo que usted piensa sobre la relación sociedad-ambiente”.  Las alternativas presentadas fueron: (1) “La defensa del medio ambiente debe ser prioridad, pues estamos destruyéndolo.  Debemos cambiar las tecnologías, las formas de consumo y nuestras ideas para proteger el ambiente.”; (2) “Hay algunos problemas de contaminación, pero no son mayores.  La defensa del medio ambiente es importante, pero su protección puede combinarse con crecimiento económico.” (3) “La defensa del medioambiente no debe ser prioridad.  No necesitamos cambiar nuestras tecnologías, consumo e ideas pues los problemas ambientales no son resultado de la actividad humana.”

El 75% contestó que el ambiente debe ser alta prioridad.  El 22% prefirió balancear ambiente y desarrollo económico. Solo 3% planteó que al medioambiente no debe ser prioridad.  Este es el asunto en el que la propuesta de izquierda tuvo más acogida.

En esta dimensión observamos que las clases sociales se agrupan en tres tendencias: trabajadores, capas medias y capitalistas.  Los sectores trabajadores mostraron una preferencia abrumadora por priorizar el ambiente (entre 73% y 81%).  Las capas medias no defienden el medioambiente tanto como los trabajadores, pero lo defienden más que los capitalistas: el por ciento de los casos en el que lo entienden prioritario fluctúa entre 66% y 73%.  Los capitalistas son los que menos prefieren priorizar el ambiente con el 52%.  De todos, modos el asunto del medioambiente aparece como crucial en las conciencias de los sujetos entrevistados, aún entre los la mayoría de los capitalistas.


Tabla 12. Ambiente; n = 1,161; Los números de esta tabla están en por cientos.

Sector socialMedio ambiente debe ser prioridadCombinar ambiente y economíaMedioambiente no debe ser prioridad
Capitalistas52435
Pequeña burguesía69283
Ejecutivos66306
Supervisores73252
Trabajadores expertos80155
Trabajadores diestros81172
Trabajadores no-diestros76231
Desempleados77203
Ejército de reserva74224
Por ciento de la opción75223

2.4 Sexualidad

Sobre economía libidinal (organización cultural de la actividad erótica) se le expuso la siguiente premisa a los entrevistados: “Marque la alternativa que más se parece a lo que usted piensa sobre la sexualidad”.  Las alternativas presentadas fueron: (1) “Deben promoverse las libertades individuales: deben apoyarse las propuestas del feminismo (el derecho al aborto, la igualdad hombre y mujer); también el matrimonio gay”; (2) “Apoyo que haya algunas libertades en lo sexual y moral (aborto, gays), pero de forma moderada”; y (3) “Deben defenderse los valores tradicionales: debe prohibirse el aborto, el matrimonio debe ser solo entre hombre y mujer y debe prohibirse la homosexualidad”.  La primera opción resume una moral sexual libertaria, la segunda una moral moderada y la tercera una moral tradicional.

A partir de las respuestas observamos un fuerte predominio de la moral tradicional (49%) sobre la moral libertaria (16%) y sobre la moderada (36%).  La clase Capitalista fue la que más frecuentemente seleccionó la propuesta moral libertaria (21%).  Le siguieron las clases Trabajadoras (15% a 18%).  Los sectores medios fueron los más moralistas (6% a 13%).  Los valores tradicionales estuvieron más presentes entre el Ejército de reserva (61%) y la Pequeña burguesía (59%).

Tabla 13: Sexualidad; n = 1,123; Las cantidades informadas en las tablas están en por cientos.

Sector socialPromover libertades individualesApoyo moderado a libertadesDefender valores tradicionales
Capitalistas213444
Pequeña burguesía113159
Ejecutivos65140
Supervisores135335
Trabajadores expertos154441
Trabajadores diestros154144
Trabajadores no-diestros163252
Desempleados183250
Ejército de reserva152461
Por ciento de la opción163649

2.5 Economía

Para indagar sobre la preferencia de sistema socioeconómico de la población, le presentamos a los encuestados el enunciado “Marque la alternativa que más se parece a lo que usted piensa sobre la economía”.  Las opciones de contestación fueron: (1) “Las empresas deben ser mayormente propiedad colectiva (públicas o cooperativas de trabajadores).  Debe aumentarse la ayuda para los más pobres.  Deben aumentarse mucho los impuestos a las grandes empresas y a los más ricos”; (2) “Las empresas deben ser mayormente propiedad privada.  Debe haber ayuda para los más pobres (alimento, vivienda, salud y educación).  Estas ayudas deben ser financiadas con grandes impuestos a los más ricos y a las grandes corporaciones”; y (3) “Las empresas deben ser mayormente propiedad privada.  Debe reducirse las ayudas a los más pobres; las grandes corporaciones deben pagar pocos impuestos.”  La primera alternativa describe un sistema socioeconómico socialista, la segunda un sistema capitalista keynesiano y la tercera uno capitalista neoliberal.

Podemos describir la tendencia general de los resultados del siguiente modo: un país de individuos en su mayoría keynesianos (53% de los encuestados) con fuerte tendencia al socialismo (39% de los las respuestas) y gran rechazo al neoliberalismo (solo 8% de apoyo).

Al analizar las clases notamos tres bloques: Trabajadores, capas medias (Pequeña burguesía, Ejecutivos y Supervisores) y Capitalistas.  Los posicionamientos de estos bloques puede caracterizarse así: los Capitalistas son keynesianos con significativa tendencia neoliberal; las capas medias son keynesianas con significativa tendencia socialista; los Trabajadores están divididos entre socialismo y keynesianismo, con una leve ventaja keynesiana.

La clase trabajadora es la que más favorece el socialismo, con un grado de apoyo que ronda el 45%.  Es interesante notar que el sector trabajador que más expresó posturas pro-socialistas fueron los Desempleados.  El apoyo de los sectores Trabajadores al keynesianismo (entre 47% y 52%) supera levemente a su apoyo al socialismo, pero son menos pro-keynesianos que los capitalistas (54%) y que las capas medias (alrededor de 60%).

Los Capitalistas son los más simpatizantes del neoliberalismo (31%); esto más que duplica la atracción neoliberal expresada por cualquier otro sector.  También fueron los que menos acogieron el modelo socialista (15%), lo que es cerca de la mitad del apoyo expresado por el otro sector menos socialista (los Ejecutivos, con 26%).

Las capas medias apoyaron el socialismo entre 26% y 31%, más que los Capitalistas, pero menos que los trabajadores.  Estos sectores medios se destacaron en su preferencia por el keynesianismo (alrededor de 60%).  También mostraron poca preferencia por el neoliberalismo (entre 9% y 13%); rechazaron el neoliberalismo más que los Capitalistas (31%) y menos que los Trabajadores, (entre 3% y 8%), pero su posicionamiento es fue cercano al de los Trabajadores.

Tabla 14: Economía; n = 1,181; Las cantidades informadas en las tablas están en por cientos.

Sector socialSocialismoKeynesianismoNeoliberalismo
Capitalistas155431
Pequeña burguesía315613
Ejecutivos26649
Supervisores276310
Trabajadores expertos38548
Trabajadores diestros45523
Trabajadores no-diestros43507
Desempleados47476
Ejército de reserva44524
Por ciento de la opción39538

2.6 Orden político

Para conocer preferencias de orden político, le planteamos a los encuestados lo siguiente: “Marque la alternativa que más se parece a lo que usted piensa sobre cómo debe organizarse y funcionar la política”.  Le brindamos estas alternativas: (1) “Los ciudadanos deben tener derecho a organizarse y a expresarse.  También deben elegir el gobernador, los legisladores, los jefes de agencia y los jueces.  Las leyes deben ser aprobadas por los ciudadanos mediante votación.  Los inmigrantes deben tener los mismos derechos que los demás ciudadanos.  Debe eliminarse la pena de muerte.”; (2) “Los ciudadanos deben tener derecho a organizarse y a expresarse, pero con controles.  Deben elegir el gobernador, los legisladores, pero no a los jefes de agencia y a los jueces”; y (3) “Deben reducirse las libertades de organizarse y de expresarse.  Los ciudadanos no deben elegir a los gobernantes; debe gobernar una minoría de gente más capacitada.  Los inmigrantes deben tener menos derechos que los demás ciudadanos. Debe implantarse la pena de muerte.”  Llamamos democracia participativa a la primera opción, democracia representativa a la segunda alternativa y dictadura a la tercera.

Como tendencia general, observamos una gran valoración de la democracia: el 97% asume democracia, sea esta participativa o representativa.  La opción favorita fue la democracia participativa, con el 52% de los endosos.  Le sigue de cerca la democracia representativa con el 45% del apoyo.  En un distante tercer lugar está la dictadura con un 3% de preferencia.

En términos de las clases sociales, vemos dos bloques: el subalterno (Trabajadores, Supervisores y Pequeña burguesía) y el de los poderosos (Capitalistas y Ejecutivos).  El bloque subalterno prefiere democracia participativa en términos de mayoría absoluta.  Solo los trabajadores expertos son excepción a esta regla, y apoyan esa democracia radical en un 49%.  Los Desempleados, con un 60% de apoyo, lideran esta tendencia.

En el bloque de los poderosos captamos que los Capitalistas (33%) y los Ejecutivos (25%) son los que menos prefieren la democracia participativa.  Aun así, su preferencia por la dictadura es baja (capitalistas 11% y ejecutivos 6%).  Notemos que los Capitalistas fueron los que menos aborrecieron la dictadura.

Tabla 15: Orden político; n = 1,204; Las cantidades informadas en las tablas están en por cientos.

Sector socialDemocracia participativaDemocracia representativaDictadura
Capitalistas335611
Pequeña burguesía49474
Ejecutivos25706
Supervisores40564
Supervisores40564
Trabajadores expertos49483
Trabajadores diestros53452
Trabajadores no-diestros54433
Desempleados60346
Ejército de reserva52417
Por ciento de la opción52453

III. COMENTARIOS COMPARATIVOS (PROTO-HISTÓRICOS)

1. Sobre el contexto general.

El tiempo transcurrido entre estas dos encuestas es solo siete meses; por lo tanto, sería razonable esperar poca diferencia entre las informaciones recopiladas en ellas. Sin embargo, debemos recordar que el 2009 fue el primer año de la administración del Partido Nuevo Progresista (PNP) encabezada por el gobernador Luis Fortuño. Una decisión sobresaliente dentro del programa neoliberal implantado por esa adminstración fue el despido de unos 20,000 trabajadores del sector público. El movimiento sindical y la izquierda política de PR criticaron fuertemente dicha decisión; y el 15 de octubre realizaron una movilización de 150,000 personas. Hasta ese momento en la historia de Puerto Rico, la única movilización que había alcanzado ese tamaño fue la marcha para sacar de Vieques a la Marina de Guerra de los Estados Unidos del 21 de febrero del 2000. Estimamos que la intensa agresividad del neoliberalismo del PNP-Fortuño y la subsecuente activación de resistencia a dicha política tuvo efectos relevantes en el cambio de posturas de buena parte de la población con respecto a cuestiones económico-políticas.

2. Sobre economía

Los hallazgos observados en ambas encuestas tienden a coincidir en lo económico.  El cambio más notable es la disminución del apoyo de la idea neoliberal: de 17% a 8%.  También se observa un leve aumento en la aceptación de la propuesta económica socialista (de 37% a 39%) y en el apoyo al keynesianismo (de 47% a 53%).  Esto implica que alrededor de la mitad de los sujetos que asumían el neoliberalismo en mayo lo abandonó y asumieron keynesianismo (8%).  Pero el keynesianismo creció menos de lo que se redujo el neoliberalismo, lo que se explica por el leve crecimiento del socialismo.  En resumen, aproximadamente el 8% de los sujetos abandonaron el neoliberalismo y se posicionaron keynesianamente y parte de los keynesianos asumieras posturas socialistas.

En la clase dominante y sus aliados (Capitalistas, Pequeña burguesía, Ejecutivos y Supervisores) no hubo cambio significativo en defensa del socialismo: los aumentos es ubican entre 1% y 3%; pero hubo un abandono masivo del neoliberalismo: en los Capitalistas bajó de 65% a 31%, en la Pequeña burguesía de 31% a 13% y en los Ejecutivos de 27% a 9%.  En esos mismos tres sectores el apoyo al keynesianismo aumentó mucho: de 20% a 54% en los Capitalistas, de 40% a 56% en la Pequeña burguesía y de 47% a 64% entre los Ejecutivos.  La magnitud del decrecimiento del neoliberalismo es similar a la magnitud del crecimiento del keynesianismo: entre los capitalistas el neoliberalismo bajó en 34% y el keynesianismo aumentó en 34%; entre la pequeña burguesía el neoliberalismo se redujo en 18% y el keynesianismo creció en 16%; entre los Ejecutivos el neoliberalismo decreció en 18% y el keynesianismo aumentó en 19%.  Podemos asumir que sectores importantes de estas clases abandonaron el neoliberalismo y adoptaron el keynesianismo.

Entre las clases trabajadoras, incluyendo a los Desempleados, hubo un descenso en su ya pequeño apoyo al neoliberalismo.  Este apoyo bajó de estar entre 7% y 12% a estar entre 3% y 8%.  En estas clases el keynesianismo y el socialismo ganaron algo de terreno; básicamente el mismo que perdió el neoliberalismo.

En el Ejército de reserva el apoyo a la propuesta económica neoliberal bajó de 22% a 4%.  Esto seguramente es efecto de la degradación de servicios públicos resultantes de los despidos masivos de empleados gubernamentales.  En este sector el apoyo a ideas socialistas aumentó de 22% a 36%.

3. Sobre sexualidad.

Con respecto a las concepciones de la sexualidad, observamos una reducción leve en la alternativa tradicional (de 53% a 49%), una reducción en la opción libertaria (de 25% a 16%) y un gran aumento en la postura moderada (de 22% a 36%).  Esta reducción de la polaridad, que incluye un abandono de posturas libertarias, es asunto que todavía queda por explicarse.  Podemos señalar que ha sucedido en un contexto de ataques patronales neoliberales a las clases trabajadoras.  También debemos comentar que en los resultados de mayo los Capitalistas eran, junto con la Pequeña burguesía, el sector menos favorecedor de la postura libertaria; pero los resultados de diciembre plantean a los capitalistas como el sector que más apoya la moral sexual libertaria.  Contrariamente, entre los trabajadores vemos que las posturas en pro de sexualidad libertaria se redujeron significativamente (de entre 24% y 31% a entre 15% y 18%).  Falta averiguar si este cambio en posicionamiento libidinal es efecto de la situación social de crisis que se vive o si es efecto de la diferencia en los cuestionarios (el de mayo era sintético, pues unifica en “partidos” las múltiples propuestas económicas y libidinales; el de diciembre separa los asuntos económicos, políticos, libidinales y medioambientales).

4. Sobre orden político y la cuestión medioambiental.

En cuanto al orden político, no podemos establecer comparaciones entre los resultados de ambas encuestas porque el cuestionario de mayo de 2009 concentra en economía y sexualidad y no contempla significativamente cuestiones como grados de participación política.  La misma razón nos impide hacer comparaciones sobre la cuestión ambiental.

IV. RECOMENDACIONES

1. Sobre sexualidad.

La primera recomendación es fortalecer los trabajos de la Comisión de Derechos Democráticos (CDD) del MAS.  El hecho de que el “partido” triunfante en las elecciones virtuales de mayo de 2009 haya sido el Socialismo cristiano indica una fuerte preferencia de la población general a favor de los valores conservadores con respecto a cuestiones sexuales/morales.  En mayo de 2009, el 53% de los encuestados prefirió propuestas políticas cuyas posturas con respecto a la sexualidad que asumen valores conservadores (“defender los valores tradicionales, prohibir el aborto, que el matrimonio sea solo entre hombre y mujer”); solo 22% prefirieron “partidos” que asumían posturas moderadas con respecto a sexualidad y moral y 25% prefirieron “partidos” que asumían posturas progresistas.  La encuesta de diciembre de 2009 confirma esta tendencia: el 49% de la muestra optó por la alternativa de moral sexual tradicional y solo el 16% seleccionó la opción libertaria.

Estos resultados describen un contexto ideológico misógino y homofóbico que debe combatirse.  Esto es tarea de todo el MAS, pero por supuesto, debe canalizarse mediante la CDD.  Aparte del importante activismo que se realiza, la CDD puede estrechar lazos con los sectores cristianos que son progresistas con respecto a cuestiones sexuales-libidinales (por ejemplo, católicos y protestantes pro-derechos reproductivos).  La CDD también debe ocuparse de educar a sus miembros, especialmente a los del género “masculino” para promover que transformen su modo de actuar y relacionarse de modo que la cultura de relaciones de género de esta organización esté lo más cercana posible al cambio que propone y pueda ser un genuino promotor de la libertad sexual.  

2. Sobre socialismo y judeo-cristianismo

La segunda recomendación es estudiar los puntos de encuentro entre socialismo y cristianismo.  No dudamos que la tradición religiosa judeo-cristiana contiene múltiples elementos ideológicos conservadores y reaccionarios tanto sobre economía política como sexualidad y género.  Pero a la vez contiene ideas progresistas y hasta radicales; así lo ha asumido la Teología de la liberación.  Veamos algunos ejemplos.  (1) El precepto  de amar al prójimo es fundamental en el cristianismo.  ¿Es posible implantar esa idea en el mundo de explotación y competencia del capitalismo? ¿No sería el modo de producción socialista y una sociedad basada en ese sistema socioeconómico el contexto propicio para el despliegue de ese principio ético? ¿No es la solidaridad la forma secular de la idea cristiana de amor al prójimo?  (2) Cuando Jesús le pide a un joven rico vender sus posesiones y regalarle el dinero a los pobres, este se niega y Jesús critica la idolatría del dinero de los ricos.  ¿Qué significa esto con respecto a la clase capitalista y su posicionamiento subjetivo de amor a la propiedad privada de los medios de producción?  ¿Qué significa esto con respecto a la subjetividad fetichista que en la sociedad burguesa se generaliza en todas las clases?  (3) ¿Qué significa en la sociedad burguesa sacar, a latigazos, a los mercaderes del templo?  ¿No es esto una crítica a la profanación de lo sagrado mediante su mercantilización?  Si lo sagrado es lo imprescindible-crucial, ¿no es el templo es el planeta?  ¿No son los capitalistas los mercaderes?  ¿Qué serían los latigazos?

La estrecha relación con el cristianismo está documentada en textos clásicos de autores socialistas como Rosa Luxemburgo y Federico Engels.  El ensayo “El socialismo y las iglesias”, de Luxemburgo, plantea que el cristianismo originario era comunista; también que entre el socialismo contemporáneo y el cristianismo originario (comunista) hay más continuidad  que entre la institucionalidad cristiana actual (conservadora, pro-capitalista) y el cristianismo originario (comunista).  En la introducción que hizo Engels a la edición de 1895 de Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850, de Marx, aquel identifica las luchas socialistas dentro de la sociedad burguesa con las luchas de los cristianos bajo el imperio romano anteriores a la conversión de esa religión en la ideología oficial del Estado.

Esta relación entre socialismo y judeo-cristianismo es compleja.  Proponemos que los miembros del MAS desarrollen su entendimiento de esta cuestión revisando cuidadosamente los planteamientos de la Teología de la Liberación.  Las metáforas teológicas de Marx, de Enrique Dussel, puede ser un buen punto de inicio para la comprensión de la crítica al fetichismo-idolatría como punto de contacto clave: la crítica monoteísta-iconoclasta a la idolatría, morfogenética al judaísmo, es la crítica al elevar a rango de divinidad a un producto de la mano humana; es la crítica a someterse a su producto.  Isomórficamente, la crítica comunista al capital es que, aunque el capital es producto del trabajo humano, estamos sometidos a él, tanto en el sentido de dependencia de sus productos (mercancías) como de subordinación al capital como sistema de relaciones sociales, como en términos de dominación de la clase capitalista por sobre la clase trabajadora.  La crítica comunista al capital es la forma contemporánea de lo que inició el judaísmo: la crítica al becerro de oro.  El judaísmo es originariamente la crítica a Baal/Moloch, divinidad que exige sacrificios humanos; ese sacrificio humano es lo que hace el capital, que para funcionar requiere explotar a los trabajadores, enviar masas de gente al desempleo-pobreza-miseria, invadir y saquear múltiples países, implantar genocidio mediante su militarismo y sacrificar el contexto medioambiental en el altar de la ganancia.  Por lo tanto, Dussel lo califica al capital como  “demonio”, pues es la sistematización de la maldad-opresión.

3. Sobre un posible Partido de Trabajadores

3.1. Conciencia de clase.  Los hallazgos de esta investigación implican un significativo apoyo de los trabajadores a propuestas socialistas: en mayo de 2009 el conjunto de trabajadores diestros, trabajadores no-diestros y desempleados apoyó “partidos” socialistas en un 44% y en diciembre de 2009 ese conjunto apoyó la alternativa socioeconómica socialista en un 45%.  Pero el apoyo de la clase trabajadora a propuestas keynesianas fue un poco mayor y  aumentó en mayor grado: de 47% en mayo a 50% en diciembre.  El rechazo a proposiciones neoliberales es claro y ascendente: el ya bajo 9% de apoyo al neoliberalismo por parte de los trabajadores en mayo se redujo a un 5% en diciembre.

3.2. Organización política.  Por lo visto, los trabajadores están claramente a la izquierda de los proyectos del gobierno actual; pero carecen de la organización política que les permita convertir sus posturas en realidad.  Un partido de clase pudiera ser instrumento para este objetivo.  Sin embargo, ese partido tendría que dilucidar la especificidad de su programa económico. Sabemos que la alternativa socialista encarna los intereses de clase de los trabajadores y que el keynesianismo es en última instancia una reforma del capitalismo; pero también vemos que la alternativa keynesiana tiene un poco más de auge en esa clase social.  Esto es un asunto que los trabajadores tendrían que decidir si se organizaran políticamente en un partido: reformar o erradicar al capitalismo.

3.3. Obstáculos.  Debemos reconocer una serie de obstáculos que le surgirían a un partido de trabajadores.  Así quienes emprendan este proyecto podrán diseñar estrategias para superarlos.  En este momento podemos ver las siguientes obstrucciones.

(1) Sindicalismo débil.  Los sindicatos son el principal centro de fogueo en lucha de clases de los trabajadores; pero el sindicalismo no es fuerte.  Actualmente pocos trabajadores están sindicalizados: unos 80,000 de 725,000, lo que representa solo el 11% de los trabajadores.  También notamos que el sindicalismo está fragmentado en dos grandes tendencias, las que tienden al sectarismo: la reformista-moderada está en Todo Puerto Rico por Puerto Rico y la más radical está en el Frente Amplio de Solidaridad y Lucha.  Además, muchos sindicatos están burocratizados y gozan de poca democracia de base.

(2) El macartismo ideológico.  Aunque el macartismo es producto de la guerra fría, sigue significativamente presente.  La persistencia de autoritarismos en ciertos modelos socialistas existentes es manejada por la prensa burguesa para satanizar esa alternativa.  Esta amplificación de problemas reales de esos sistemas genera un rechazo de los trabajadores.  Este rechazo de los trabajadores a su proyecto de emancipación de clase no es producto solo de la manipulación ideológica burgesa; es parcialmente certero, pues demuestra una crítica a la falta de democracia y al despotismo burocrático.  Sin embargo, la experiencia de opresión que viven los trabajadores en la crisis capitalista y su experiencia de lucha contra la clase burguesa van mermando gradualmente la capacidad de la burguesía de demonizar los contenidos del proyecto socialista.

(3) Las otras organizaciones políticas.  Un partido de trabajadores enfrentaría el sabotaje de los dos partidos principales, pues son partidos pro-capitalistas.  También encontraría oposición dentro del independentismo, que le acusaría de no criticar la colonia, y de organizaciones socialistas, que le reprocharán no ser revolucionario.

(4) La cuestión institucional y organizativa.  Habría que revisar las limitaciones institucionales electorales y organizativas como la cantidad de endosos y de personas requeridas para las tareas y de presupuesto necesario para este proceso.  Conseguir 100,000 endosos puede requerir gran cantidad de personas.

(5) Cotidianeidad y género.  Es imprescindible estudiar el proceso cotidiano de las trabajadoras.  Las mujeres son un gran segmento de la clase trabajadora, y típicamente tienen la doble carga de la jornada laboral y las tareas domésticas.  Esta agobiante estructura diaria puede ser un problema a la hora de la activación política.

(6) Androcentrismo.  El androcentrismo también puede representar un problema en la conformación del liderato de ese posible partido y, en consecuencia, de su capacidad de arraigo.  El sindicalismo y el socialismo, de donde brotaría parte significativa del liderato de un partido de trabajadores, son predominantemente masculinos.  Este masculinismo acarrea estilos de comunicación y de trabajo que excluyen a las compañeras; también significa el desconocimiento de los problemas concretos de las mujeres, por lo que puede tener efectos negativos en la confección de un programa político.

(7) Moral, sexualidad y género.  La cuestión de la moral sexual puede ser especialmente problemática, pues hay un predominio de concepciones tradicionales (anti-feministas, misóginas, homofóbicas…); esto apunta a que un partido de trabajadores tendría mayor éxito cuantitativo si adoptara concepciones morales tradicionales.  Pero esa concepción del género y la sexualidad es contraria a los intereses de las mujeres.  Si se organizara un partido de trabajadores, este tendría que decidir en algún momento entre asumir una moral tradicional-conservadora, o una moral libertaria, o posturas moderadas ante los asuntos de género y sexualidad, o no entrar en cuestiones de género y sexualidad.

(8) Ejército de reserva.  En Puerto Rico el ejército de reserva es gigantesco: durante las últimas décadas la tasa de participación laboral ha rondado el 45%; actualmente está en 43%.  Haciendo caso omiso a la economía subterránea, lo anterior significa que, de unos 2,900,000 adultos, alrededor de 1.6 millones de personas están fuera del proceso productivo y que la tasa de desempleo real es de 57%.  Esos 1.6 millones más que duplican las 727,000 personas que estimamos que componen la clase trabajadora; en términos porcentuales, los trabajadores son solo el 25% de los adultos[1] y el ejército de reserva consiste del 57% de la población adulta.  Dado lo anterior, un partido de trabajadores sería un partido del segundo sector social más grande.  Entonces, la búsqueda de éxito electoral de ese partido requeriría desarrollar alianzas con ese gran sector excluido de los procesos laborales, lo que en concreto apunta hacia proponer el fortalecimiento de la asistencia social.  Sin embargo, también debemos tener en cuenta los efectos de descomposición social que resultan de que el ejército de reserva sea un segmento tan grande de la población: la generalización de la violencia, las altas tasas de criminalidad, narcotráfico, alcoholismo, drogadicción, prostitución y la psicopatología.  Dada esa relación entre alto nivel de desempleo real y descomposición social, el programa de un posible partido de trabajadores debería incluir la creación de empleos como una de sus prioridades.  La creación y el desarrollo de empresas que sean propiedad colectiva de sus trabajadores puede ser una alternativa a explorar.


[1] La clase trabajadora representa el 25% de los adultos (727,000 / 2,900,000 = .25).

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Encuesta mayo 2009
Encuesta diciembre 2009

Author: Ramón Rosario Luna

Ramón Rosario Luna es profesor de sociología en el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico. Investiga sobre música, epistemología de la ciencia, ecología social, economía política contemporánea y subjetividad política.