Durante generaciones, el Seguro Social ha sido el pilar de la jubilación en Estados Unidos. Ese pilar se está desplomando.
Las estimaciones recientes predicen que el fondo fiduciario de jubilación del Seguro Social estará en quiebra para 2032. En ese momento, los beneficios se reducirían automáticamente en un 24 %, lo que equivale a una reducción promedio de 500 dólares al mes. 68 millones de estadounidenses perderían de inmediato este apoyo económico crucial.
Las razones estructurales inmediatas de esta situación no son difíciles de entender. El Seguro Social se concibió como un sistema de «pago por uso», en el que los trabajadores de hoy financian a los jubilados de ayer. El programa fue una concesión tras las intensas luchas de clase de principios de la década de 1930. Cuando el programa comenzó hace 90 años, había 42 trabajadores activos por cada jubilado, lo que permitió que el fondo fiduciario acumulara una reserva considerable. Esa reserva se ha desplomado a medida que los baby boomers se jubilan en masa.
Una población que envejece, con tasas de natalidad en descenso y menos trabajadores incorporándose al mercado laboral, solo agravará esta contradicción. De 1970 a 2010, había un jubilado por cada nuevo trabajador. Hoy en día, hay tres jubilados por cada trabajador que se incorpora al mercado laboral.
La caída histórica de 1.4 millones de inmigrantes el año pasado empeora aún más la situación. Los trabajadores indocumentados contribuyen al fondo mediante impuestos sobre sus ingresos, a pesar de no tener la posibilidad de jubilarse con beneficios. La cifra estimada de sus contribuciones en 2022 fue de $25.7 mil millones de dólares.
Como resultado, los trabajadores están más estresados que nunca por la jubilación. Una encuesta del Instituto de Investigación de Beneficios Laborales reveló que casi cuatro de cada diez trabajadores no esperan jubilarse hasta los 70 años o más, o tal vez nunca. «Trabajar hasta caer muertos» parece menos una ansiedad distópica y más bien una cruda realidad.
Tres de cada cuatro trabajadores planean seguir trabajando durante sus «años dorados». El 72 % de los estadounidenses de 55 años o más tiene deudas, incluyendo balances hipotecarios promedio de 72 000 dólares y deudas de tarjetas de crédito y médicas que promedian 9 000 dólares. La carga financiera está obligando a muchos estadounidenses mayores a posponer su jubilación o a volver a trabajar tras jubilarse. Una encuesta de AARP reveló que casi la mitad de los jubilados que volvieron al mercado laboral lo hicieron para cubrir los gastos de vivir y pagar sus deudas.
Además de estos factores estresantes, las empresas han hecho su parte al convertir los planes de pensiones de prestaciones en planes 401(k). Esto traslada tanto la obligación financiera como el riesgo de inversión del patrono al trabajador. El dinero que se gana tras toda una vida de trabajo lo recogen las firmas de inversión, lo lanzan al mercado bursátil especulativo y lo vinculan a las fluctuaciones impredecibles de un sistema propenso a las crisis económicas. Cuando los mercados se desploman, no son Fidelity, Vanguard ni Charles Schwab quienes pierden su jubilación.

¿Tiene la clase dominante alguna opción?
Las soluciones que proponen los capitalistas incluyen aumentar el impuesto que pagan los trabajadores sobre sus salarios, elevar la edad de jubilación o reducir los beneficios mensuales. Hay una razón por la que tocar el Seguro Social se percibe como un suicidio político. Estas tres medidas de austeridad equivalen a un ataque frontal contra las condiciones de vida de la clase trabajadora y provocarían una lucha de clases más intensa.
Francia nos dio un adelanto de lo que ocurre cuando los gobiernos imponen requisitos de edad más altos para acceder a los beneficios. En 2023, el presidente Macron intentó subir la edad de jubilación de 62 a 64 años. Lo que siguió fue la mayor ola de huelgas que Francia había visto en décadas.
De los 38 países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), se espera que 19 aumenten la edad de jubilación. Lejos de ser una anomalía en Francia o en EE. UU., la crisis de las jubilaciones es una característica del capitalismo en su decadencia senil.
El mismo año en que se prevé que la Seguridad Social se declare insolvente, se espera que la industria global del cuidado de personas mayores alcance un valor de 2,7 billones de dólares.
Los trabajadores mayores han pasado toda una vida trabajando duro para generar ganancias para los capitalistas. Merecen vivir sus últimos años en paz y tranquilidad. Sin embargo, la misma clase que hizo su fortuna a costa de estos trabajadores ahora está desmantelando los programas sociales que permitirían siquiera una jubilación modesta.
Así como las luchas masivas de la década de 1930 obligaron a la clase dominante a hacer concesiones como el Seguro Social, solo una lucha militante y masiva hoy obligará a los multimillonarios a pagar para que los trabajadores tengamos una jubilación digna y cómoda.













