Brasil: El reformismo en el banquillo de los acusados en las elecciones de 2026

El siguiente artículo se publicó como editorial en la nueva edición impresa de Brasil Comunista, periódico de la ICR-Brasil, sección brasileña de la Internacional Comunista Revolucionaria (ICR).


Las elecciones presidenciales de este año pueden parecer, en algunos aspectos, una repetición de las de 2022, debido a que vuelve a darse la polarización entre Lula y Bolsonaro, ahora su hijo. Si bien es cierto que hay similitudes, también hay muchas diferencias que hay que entender bien para que los comunistas podamos posicionarnos correctamente. Durante prácticamente todo el mandato actual de Lula, hemos sido la oposición de izquierda y hemos combatido contra sus medidas cuando presentaban un ataque a la clase trabajadora. Eso, sin embargo, no nos lleva a la conclusión precipitada de que haya un signo de igualdad entre Lula y Flávio Bolsonaro y de que ahora podamos lavarnos las manos.

Esta forma de analizar la situación política brasileña se basa en un silogismo que interpreta la realidad como A (Bolsonaro gobernó para la burguesía) + B (Lula gobernó para la burguesía) = C (Lula es políticamente igual que Bolsonaro). Podemos estar de acuerdo con estas premisas; pero no con esta conclusión. Empecemos por analizar los grandes cambios que se han producido desde 2022 hasta ahora.

El desgaste del bolsonarismo y el balance del tercer mandato de Lula

El bolsonarismo viene de un profundo proceso de desgaste desencadenado por el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2023. Su retórica y demagogia antisistema quedaron al descubierto ante amplios sectores que creían en ellas. Mientras tanto, la reacción liderada por el Tribunal Supremo Federal (STF) criminalizó a los sectores más radicalizados y a varias figuras destacadas, empezando por el propio expresidente, que lleva en prisión desde agosto de 2025.

En ese tiempo, Lula siguió con lo esencial de la política fiscal de Bolsonaro, expresada en el Marco Fiscal, que aplicó Fernando Haddad al frente del Ministerio de Hacienda. Esta política condicionó el conjunto de las actividades del Palacio del Planalto. El tercer mandato de Lula resultó ser un reformismo sin reformas, marcado por recortes y privatizaciones. Las pocas concesiones que hubo fueron de carácter limitado, incompleto y contradictorio, como la exención del impuesto sobre la renta y la Propuesta de Enmienda a la Constitución (PEC) para acabar con la escala 6×1 (aún pendiente de aprobación).

Fue un periodo en el que la mayoría de las luchas de los trabajadores se vieron bloqueadas y derrotadas. Empezando por la lucha que movilizó a miles de jóvenes por todo el país contra la reforma de la Nueva Enseñanza Secundaria. El Gobierno sofocó el movimiento y, al final, mantuvo la reforma con algunas modificaciones. Hubo pocos casos en los que el Gobierno se vio obligado a dar marcha atrás, como en el caso de la privatización de los ríos Tapajós y Madeira tras la heroica lucha protagonizada por los pueblos indígenas.

La lucha interimperialista y la influencia de EE. UU. en América Latina

A mitad del mandato de Lula, Trump volvió a ocupar la Casa Blanca y dio inicio a una nueva fase de la lucha interimperialista. Después de China, Brasil se situó entre los principales objetivos de las agresiones estadounidenses, con algunos de los aranceles más elevados que se impusieron. La nueva guerra de EE. UU. e Israel contra Irán trajo aún más inestabilidad a una economía capitalista ya de por sí débil. Los planes de Trump empezaron a involucrar aún más a Brasil debido a la riqueza del país en tierras raras, pero no solo por eso. Trump defiende los intereses de las grandes tecnológicas estadounidenses, presiona para restringir la actividad comercial y financiera de China y combate alternativas bancarias como el PIX (sistema público de pago instantáneo y de transferencias electrónicas en tiempo real creado y gestionado por el Banco Central de Brasil).

La escalada de la lucha interimperialista se plasmó en la recuperación de la Doctrina Monroe como referencia para la orientación de EE. UU. respecto a Latinoamérica. Trump entiende lo que llaman el «Hemisfério Ocidental» como su zona de influencia natural. De esta orientación surgió la operación que detuvo a Nicolás Maduro y convirtió a Venezuela en una nueva colonia. Forma parte de ella la actual y atroz campaña de asedio y estrangulamiento del pueblo cubano.

Esta nueva orientación de EE. UU. también se ha traducido en el intento de influir en los procesos electorales de América Latina a favor de aquellos más alineados con EE. UU. y dispuestos a combatir las inversiones chinas. Esto se ha manifestado de diversas formas. Es importante señalar que Trump ha tenido éxito en este propósito.

Nayib Bukele ha logrado mantener un amplio apoyo popular en El Salvador. José Raúl Mulino colaboró con EE. UU. para situar tropas estadounidenses en territorio panameño y expulsar a China del canal. Milei se ha afianzado en Argentina. Abelardo de la Espriella superó al candidato de Gustavo Petro en Colombia. Noboa tomó las riendas en Ecuador. La familia Fujimori volvió al gobierno en Perú. Chile vivió el ascenso de Kast. Bolivia se encendió con el gobierno de Paz. Peña dejó que las tropas estadounidenses se movieran libremente por Paraguay.

Sometimiento y soberanía nacional

En el caso de Brasil, los aranceles se usaron como herramienta de chantaje para intentar liberar a Jair Bolsonaro. Además, el Gobierno estadounidense calificó al Comando Vermelho y al Primer Comando de la Capital como organizaciones narcoterroristas, partiendo del mismo instrumento de presión que se usó contra Maduro. Ahora recurre a una nueva ronda de aranceles para acusar a Brasil de deslealtad comercial, de incumplir acuerdos y de no ser de fiar.

En el caso de Brasil, los aranceles de Trump se usaron como herramienta de chantaje para intentar liberar a Jair Bolsonaro.

Lula intenta presentarse en esta situación como el gran defensor de la soberanía nacional, en contraposición a un Flávio que sería el «traidor a la patria». Si bien se puede caracterizar a Flávio como tal, Lula está muy lejos de luchar por una soberanía real. La política exterior de un gobierno siempre es la continuación de su política interior.

Lula ha intentado aplicar a nivel internacional la misma política de colaboración con los capitalistas que lleva a cabo dentro de Brasil. Por eso, ha ido en busca de capital extranjero para que invierta en Brasil, sobre todo el chino y el de la Unión Europea. Así, intentó reconciliarse con Trump diciendo que «hubo química», permitió la venta de empresas de refinado de tierras raras y dijo que todo el mundo era bienvenido a explotar Brasil. La supuesta soberanía de la que habla Lula es el derecho del Estado a organizar algún tipo de gestión y competencia entre los distintos imperialismos que explotan nuestro país.

La resistencia electoral de la derecha y la crisis del reformismo

En este contexto de ola de victorias electorales de la derecha en América Latina, el bolsonarismo ha conseguido resurgir y volver a mostrar su fuerza. Esto ocurrió, en primer lugar, porque la reacción ante el intento de golpe de Estado se delegó al Tribunal Supremo Federal (STF). Mientras tanto, el Gobierno de Lula, los partidos de izquierda que forman su base (PT, PCdoB y PSOL) y los líderes sindicales clamaron por la «defensa de la democracia» y por el respeto al llamado «Estado democrático de derecho».

Un bolsonarismo debilitado intentó recuperar terreno rescatando un proyecto de 2022, pensado inicialmente para las protestas de bloqueo de carreteras tras las elecciones, con el fin de amnistiar a los condenados por el intento de golpe de Estado. Ya en 2023, los bolsonaristas impulsaron la actual Ley de Dosimetría, en vigor desde mayo de este año, a pesar del veto de Lula. Esta ley permite una serie de revisiones favorables a los condenados en relación con las penas impuestas por los hechos del 8 de enero de 2023.

Aunque no ha conseguido liberar a su líder, el bolsonarismo sigue reuniendo una fuerza considerable, que se refleja en la resistencia de Flávio en las encuestas. Cabe preguntarse: ¿qué tipo de fuerza es esta? El acto de presentación de la candidatura de «Zero Um» en Copacabana dio una clara señal: un acto con poca afluencia, con unos 9.000 participantes, seguido de una asistencia similar en Belo Horizonte. Lejos de ser un movimiento fascista y militante, como no se cansan de afirmar algunos sectores de la izquierda, la fuerza de Flávio en las encuestas refleja, en realidad, un cuestionamiento electoral al gobierno actual.

En este sentido, la victoria de Flávio debe considerarse una amenaza real. Las masas han pasado por un mandato de Lula que les ha dejado un reformismo sin reformas y una vida que se percibe, y de hecho es, peor que antes. El intento de gestionar el capitalismo ha llevado a Lula a tener bajos índices de aprobación y altos índices de rechazo en las encuestas. Por eso, podemos decir que el mayor adversario de Lula en estas elecciones es el propio Lula.

La victoria de Flávio debe considerarse una amenaza real. Imagen: IDOM

La resistencia de Flávio, a pesar de la avalancha de denuncias y revelaciones en su contra, pone de manifiesto que un sector de las masas quiere expresar su veredicto no sobre Flávio, sino sobre Lula. En toda América Latina, las masas están castigando en las urnas a los reformistas en los que creyeron y por los que apostaron. La ola de victorias electorales de la derecha está poniendo fin a otro ciclo del reformismo en América Latina. Lula corre un grave riesgo de sufrir también el mismo castigo en estas elecciones por entregar más capitalismo y frustrar las expectativas de las masas.

El drama de nuestra época es que las masas están castigando a los reformistas votando a demagogos de extrema derecha, como Flávio. Los reformistas no entienden esta situación, ya que ven el avance del fascismo como la antítesis del mundo de Alicia en el País de las Maravillas que les ha dado Lula. En realidad, lo que las masas están rechazando son los propios reformistas, tanto en Brasil como en América Latina.

Perspectivas para la lucha de clases

Por mucho que el clan Bolsonaro pueda tener aspiraciones de tipo fascista, un gobierno de Flávio no sería un gobierno fascista en Brasil. No hay ningún movimiento fascista de masas que respalde esa perspectiva. Sería un gobierno llamado a aplicar a su manera el programa de la burguesía en un momento de escalada de la lucha interimperialista, de presión para que Brasil se alinee servilmente con EE. UU., de mayor endeudamiento del Estado y de turbulencias en el comercio global. Al contrario de lo que dice la tesis del fascismo, que prevé el aplastamiento de las organizaciones de la clase trabajadora, ese gobierno sería el preludio de un período intenso y violento de lucha de clases en Brasil.

El gobierno de Flávio pondría aún más al descubierto el verdadero carácter de la «democracia» burguesa y del Estado brasileño, que, como bien explicó Lenin, no es más que una de las formas de la dictadura del capital. Pero un nuevo gobierno de Lula se basaría en las mismas contradicciones que el de Flávio y se vería obligado a aplicar un programa aún más hostil contra los trabajadores y la pequeña burguesía. Basta con ver lo que se avecina con el mantenimiento del nuevo techo de gasto, en lo que respecta a los mínimos en sanidad y educación. El reformismo, para tener una base de apoyo sólida, necesita cierto margen de concesión por parte de los capitalistas.

El gran problema al que se enfrentan Lula y los reformistas es que la burguesía está dispuesta a ceder cada vez menos y exige cada vez más. Incluso las migajas del pasado parecen ahora insoportables para la clase dominante. Las masas probarán suerte con los demagogos de la extrema derecha, pero pronto chocarán con ellos y se darán cuenta de que no son capaces de cumplir lo que prometieron. Por eso, el péndulo tenderá a inclinarse aun más hacia la izquierda en el próximo periodo.

La época de apogeo de los reformistas está llegando a su fin, porque el capitalismo está entrando en un nuevo periodo de crisis, guerras y revoluciones. Ahora mismo, tenemos que ayudar a los sectores más avanzados de la clase trabajadora a derrotar a Flávio, su enemigo más peligroso, votando de forma crítica a Lula. Pero hace falta una alternativa comunista que responda a las necesidades de los trabajadores en esta nueva situación y que pueda liderar sus futuras luchas hasta la victoria.

Author: ICR-Brasil

Sección de la Internacional Comunista Revolucionaria en Brasil.