¿Es el marxismo «eurocéntrico»?

Eso es lo que dicen varios intelectuales: de derecha, de izquierda e incluso… algunos «marxistas». Respondamos a estos últimos y, sobre todo, a los llamados «marxistas decoloniales».

Un método universal

Al igual que Engels antes que él, Lenin destacaba que el marxismo «es el sucesor legítimo de lo mejor que la humanidad creó en el siglo XIX: la filosofía alemana, la economía política inglesa y el socialismo francés».

Las tres «fuentes» del marxismo son, pues, europeas; pero su método y su doctrina científica son universales, o sea, válidos en todos los continentes.

Por ejemplo, la filosofía marxista —el materialismo dialéctico— sostiene que nuestras ideas (nuestro pensamiento) reflejan el mundo objetivo y material (y no al revés). Esto es cierto tanto en Francia como en la India, Ghana, Perú y en cualquier otro lugar. Los teóricos «decoloniales» podrán buscar durante mucho tiempo, pero nunca encontrarán pueblos en los que las cosas sean de otra manera. En todos los países, «no es la conciencia de los hombres la que determina su ser; al contrario, es su ser social el que determina su conciencia», como escribió Marx.

La concepción marxista de la historia no es menos universal que sus fundamentos filosóficos. Marx demostró que, en toda sociedad en la que han surgido clases sociales, su lucha se basa en las relaciones sociales de producción, que, a su vez, dependen del nivel de desarrollo de las fuerzas productivas.

Marx agregaba: «En una determinada etapa de su desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes (…). De ser formas de desarrollo, estas relaciones se convierten en obstáculos. Entonces se abre una época de revolución social».

Esta ley general se ha cumplido —en diversas formas concretas— mucho más allá del continente europeo. Las dos grandes revoluciones chinas del siglo XX son ejemplos claros de ello, entre muchos otros.

Dogmatismo o marxismo

Algunos «marxistas decoloniales» les atribuyen a Marx y a Engels la idea de que todos los pueblos deben pasar por las mismas etapas que en Europa: esclavitud, feudalismo, capitalismo, socialismo. Es cierto que algunos «marxistas» dogmáticos defendieron este esquema rígido, pero no era en absoluto el caso de Marx y Engels. Ellos analizaban cada sociedad de manera concreta, partiendo de sus particularidades (y no de esquemas a priori). Por ejemplo, hacia el final de su vida, Marx estudió a fondo el desarrollo específico de las relaciones de producción en Rusia. Incluso contemplaba la posibilidad de que una revolución llevara a Rusia por el camino del socialismo antes de que el capitalismo se desarrollara plenamente allí.

Dicho esto, Marx y Engels insistían en la tendencia imparable del capitalismo a imponerse a escala mundial. Hoy en día es un hecho: las relaciones de producción capitalistas dominan el mundo entero. En todas partes (o casi), son las leyes fundamentales de la economía capitalista —tal como se exponen en El Capital— las que están en juego. En todas partes reinan la gran propiedad burguesa, la producción mercantil y la competencia por las ganancias. Y en todas partes, es una revolución socialista —y solo ella— la que puede sacar a los pueblos de la miseria, del desempleo y de la barbarie.

El reformismo «decolonial»

En el fondo, es precisamente esta conclusión revolucionaria la que rechazan muchos de los supuestos «marxistas decoloniales». Si le quitas a su razonamiento todos sus artificios académicos y literarios, se puede resumir así: «El programa revolucionario del marxismo sin duda sirve en Europa y, en general, en las potencias imperialistas. Pero en los países dominados por el imperialismo, donde la burguesía nacional, a su vez, está dominada por el gran capital extranjero, este programa no sirve. En esos países, necesitamos un marxismo “descolonizado”, un marxismo “local” y un programa que vaya con eso» que, en la pluma de estos “teóricos”, nunca deja de ser abiertamente reformista.

Como todas las demás formas de revisionismo, el «marxismo decolonial» es una corriente pequeñoburguesa: refleja la presión ideológica y los prejuicios de la pequeñoburguesía. En particular, refleja su falta de confianza en la capacidad de la clase obrera para tomar el poder y transformar la sociedad. Ese es el verdadero fondo de nuestro desacuerdo —irreconciliable— con esta corriente.

Nota editorial: Si te interesó este artículo, de seguro te interesará: Marxismo y decolonialidad: entre la revolución y el reformismo 

Author: Parti Communiste Révolutionnaire

Sección francesa de la Internacional Comunista Revolucionaria.