Ante la normalización del desastre

Repaso con interés las noticias del día en los diferentes medios. Miro, sin asombrarme, la actitud pasiva con la cual escuchamos sin inmutarnos que no habrá agua por los próximos días, que con la luz viene pasando lo mismo, que educación pierde recursos millonarios, que los alimentos están cada día más caros y que si usted hace negocios con el gobierno no podrá cobrar a tiempo porque la nueva plataforma electrónica es más complicada que el programa para identificar el genoma humano. Los integrantes de cualquier sociedad que no haya sido anestesiada por las argucias del terror colonialista estaría hace rato en la calle reclamando enérgicamente la salida del gobierno y un cambio radical en la forma de gobernarnos. Nosotros, al presente, simplemente hemos normalizado el desastre de todos los días.

     Y uno puede entender que el ciudadano común, ese que apenas le sobra espacio en la vida cotidiana para respirar, no tenga de otra que buscar un segundo trabajo, tomar tiempo para buscar servicios esenciales del gobierno, atender las urgencias del hogar y soñar -si acaso logra dormir- con un mejor futuro para los hijos.

     Lo que uno no es capaz de entender y asimilar es que los dirigentes del país, esos que se pelean por aparecer en las noticias, por decirnos que hay que contar con ellos, por ofrecernos lo que no necesitamos y hablarnos de estatus que se sostienen girando en círculos sobre la nada, no tengan voz ni acción alguna que organice y eduque al pueblo para tener una participación activa hoy -no en ese remoto día de las elecciones- en movilizaciones masivas que rompan el nudo que la incapacidad y el oportunismo de los gobernantes han puesto como yugo en el cuello de cada uno de nosotros.

     Es tiempo de romper la radiola y proclamar que aquí bailamos todos o no hay fiesta. Es tiempo de expresar que no tenemos que seguir enredándonos en polémicas enanas sobre quién es responsable de qué. Unos con nuestro silencio, otros con la pasividad, muchos con el terror sembrado, los buscones con su jaibería y los nobles y buenos con su martirilogio somos responsables de la ya insostenible realidad que estamos viviendo.

     Es tiempo de organizar y preparar la salida a la calle. Es hora de llenar las avenidas de puertorriqueños y puertorriqueñas dignas que no vamos a tolerar un día más de que se nos robe la vida- casi lo único que nos va quedando- para mantener artificialmente a un país que se reparten los grandes intereses económicos foráneos y los que de forma oportunista esperan serviles al pie de la mesa de la administración colonial las migajas que les dejan caer.

     Es momento de trabajar de verdad por un cambio real y verdadero. Un cambio que nazca desde el pueblo y para el pueblo. Ese cambio solo puede acontecer desde cada calle, cada comunidad, cada barrio y cada uno de nuestros pueblos. 

     Así es que, con sentido de urgencia, desnormalicemos el desastre social-político-moral que nos frena y emprendamos las acciones necesarias para concretizar la victoria imprescindible. 

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Author: Erasto Zayas Nuñez

Erasto Zayas Núñez nació en el pueblo de Santa Isabel, PR el 7 de septiembre de 1949. Realizó estudios en las escuelas públicas del país y los universitarios en la UPR Recinto de Río Piedras y la Universidad Católica de Ponce. Casado, tiene cinco hijos y es el feliz abuelo de cuatro nietos. Escribe cuentos, poesía y durante dos décadas publicó una columna de opinión en el semanario El Oriental. Ligado al movimiento obrero en su capacidad de comunicador por más de medio siglo, se desempeñó como administrador de la Unión General de Trabajadores. Es uno de los fundadores de la Casa de Estudios Sindicales e integrante de su Junta de Directores.