A partir de hoy, 1 de agosto, busca tu ejemplar del segundo número de RUMBO ALTERNO en su edición impresa. Los artículos de este segundo número son los siguientes:
«La ofensiva contra la UPR y la lucha por la educación pública»: este artículo aborda la deuda provocada por el capitalismo colonial y su efecto sobre la universidad del Estado. Contesta la pregunta: ¿Qué alternativas planteamos los comunistas revolucionarios?
«Chanchullo para darle otro golpe a la negociación colectiva en el gobierno»: este artículo analiza el intento de la Junta de Control Fiscal de anular la negociación colectiva en el sector público y reemplazarla por un reglamento patronal.
«Frente a la inscripción militar obligatoria: resistencia y lucha»: este artículo analiza la disposición legal que permitirá, desde el 1 de diciembre de 2026, la inscripción automática en el Servicio Militar, al cumplir los 18 años. ¿Qué podemos hacer?
«Diez años de la Junta de Control Fiscal: la austeridad al servicio del capital financiero»: Este artículo ofrece un apretado resumen del impacto de la Junta de Control Fiscal en la privatización, los derechos laborales, las pensiones y la Universidad de Puerto Rico. Evalúa los límites del reformismo y propone alternativas comunistas.
En momentos de confusión ideológica y política, como los que vivimos en Puerto Rico y a nivel mundial, resulta indispensable fortalecer nuestros instrumentos teóricos para analizar correctamente la coyuntura y desarrollar las acciones políticas que correspondan a ella.
Podrás conseguir tu copia mañana en nuestro “watch party” de la primera sesión de la Escuela Mundial de Comunismo 2026 y, posteriormente, a través de nuestras mesas de libros y con cualquier camarada de nuestro colectivo.
¡Compra y lee RUMBO ALTERNO, periódico de la Internacional Comunista Revolucionaria en Puerto Rico!
Publicamos a continuación el editorial del periódico:
Editorial
Al cumplirse diez años de la imposición de la Junta de Control Fiscal en Puerto Rico, resulta necesario reflexionar sobre el estado de nuestra lucha contra este instrumento del imperialismo.
En primer lugar, debemos reconocer que las manifestaciones y protestas contra la Junta son cada vez más escasas y menos concurridas. De actividades que reunían a decenas de miles de personas, hemos llegado al punto en que algunos cientos de manifestantes parecen suficientes.
Cerrar los ojos ante esta realidad no es buena política. Necesitamos una evaluación seria y autocrítica que nos permita identificar las causas de este retroceso y, a partir de ellas, avanzar. Como suele ocurrir en estas circunstancias, aparecen dos interpretaciones. La primera descarga toda la responsabilidad sobre el pueblo: se afirma que este —supuestamente— no es consciente de lo que representa la Junta o que “no entiende” la importancia de combatirla. La segunda comienza por mirar hacia adentro y examinar, con espíritu crítico, por qué nuestras convocatorias movilizan cada vez a menos personas. Como comunistas revolucionarios, nos identificamos con esta segunda perspectiva. Necesitamos una dosis mucho mayor de autocrítica, seria y sincera, para descubrir nuestros errores y superarlos. Todo lo demás no es más que un ejercicio de autoengaño.
En segundo lugar, la lucha contra la austeridad impuesta por la Junta ha permanecido, en gran medida, divorciada de la lucha contra el capitalismo. Se habla de la Junta colonial, de la Junta imperial e incluso de la Junta dictatorial, pero rara vez se la identifica como lo que realmente es: una agencia de cobro del capital financiero. Nuestro enemigo principal no es la Junta en sí misma, sino el sistema capitalista que la creó, la sostiene y le da su razón de ser. Sólo desde esa perspectiva podemos comprender que todas las medidas de austeridad impulsadas por la Junta ya habían comenzado antes de su llegada. La privatización, la contrarreforma laboral, los ataques a las pensiones y la reducción del presupuesto de la Universidad de Puerto Rico anteceden a la propia Junta.
Esta resistencia a identificar al capitalismo como el verdadero enemigo también se manifiesta, en paralelo, en la lucha por la independencia de Puerto Rico. Muchas organizaciones e individuos denuncian al gobierno de Estados Unidos, pero sólo una minoría logra señalar la explotación capitalista como el fundamento material de nuestro estatus colonial.
Tenemos que llamar las cosas por su nombre. Sólo la lucha contra el capitalismo abrirá el camino tanto a la expulsión de la Junta de Control Fiscal como a la liberación nacional. Mientras persista el temor a señalar al capitalismo como la fuente de la explotación que sufre nuestro pueblo trabajador, menor será nuestra credibilidad ante sus ojos y más lejos estaremos de alcanzar nuestros objetivos.
En una época en la que distintos imperialismos —grandes y pequeños— se disputan el reparto del mundo, la lucha contra el capitalismo constituye la verdadera línea divisoria entre las posiciones revolucionarias y las reformistas. Poco importa cuán “radicales” parezcan los discursos o los métodos de lucha empleados: si no combatimos el capitalismo, en última instancia sólo aspiramos a administrar la explotación bajo nuevos amos. Y eso tiene un nombre: reformismo.
Así pues, parafraseando las palabras de don Pedro Albizu Campos, ha llegado el momento de la suprema definición: o capitalistas o anticapitalistas. No hay términos medios. No hay tercera vía. A esa lucha convocamos a todas y todos.













