El cabildo de la COB y el nuevo capítulo de la lucha obrera en Bolivia

El 1 de mayo, el Día del Trabajador, la Central Obrera Boliviana (COB) organizó un cabildo nacional en el cual convocó a todos los sectores obreros del país para hacer frente al nuevo periodo de crisis capitalista al que se enfrenta Bolivia. Este cabildo no es un evento accidental; es resultado de los diferentes movimientos sociales de estos últimos meses y nace como respuesta a los ataques a las condiciones de vida de diferentes sectores de obreros y campesinos bolivianos.

Estos movimientos y luchas no surgieron de la nada, ya se habían visto con la proclamación de varios decretos supremos a finales del año pasado, los cuales fueron combatidos por la COB. Pero, con el paso del tiempo, la gestión de Paz demuestra cada vez más su incompetencia y su carácter de clase. Tenemos las marchas del magisterio urbano en el país en contra de la eliminación de ítems y en pos de un incremento salarial, la ineptitud demostrada por el Gobierno en el suministro de la gasolina, con el problema nacional de que la gasolina importada, después del alza del subsidio, es ahora una gasolina basura que daña los motores de los automóviles y que llevó a muchos de estos a quedar inutilizables y condenados al taller técnico.

Y como uno de los problemas recientes, tenemos la Ley 1720, que es un ataque directo a los pequeños productores campesinos con la excusa de dar acceso a créditos, pero que en realidad beneficiaría a los grandes agroindustriales, desembocando en la acumulación de tierras por parte de estos capitalistas. Una gran marcha en contra de esta ley se organizó y partió del oriente del país, en Beni y Pando, en la cual participan pequeños productores campesinos que son afectados directamente y piden su abrogación. A cada avance de esta marcha se sumaron más personas en los campos de Bolivia. Aunque el Gobierno trató de negociar, no lo logró; lo único que aceptaban los compañeros marchistas era la abrogación inmediata de esta ley, que representa una amenaza tan aguda.

Todas estas acciones del Gobierno son resultado del capitalismo decadente que existe en Bolivia, que después de salir de un período de reformismo del MAS, erigido sobre una base económica de reservas internacionales que ahora son inexistentes, no puede mantener una vida digna para los bolivianos.

Es en este contexto que justamente coincide con el primero de mayo, el Día del Trabajador, que nace el cabildo convocado por la COB, un evento que no sucedió de igual forma en los años pasados. En los últimos años, el Día del Trabajador en Bolivia no significó un día de lucha del proletariado, sino un día feriado que aprovechar y una obligación de ir a marchar, y ya. Pero este año resultó diferente, porque la lucha ahora es, más que nunca antes, una necesidad para las y los trabajadores. Por lo tanto, con base en el papel histórico de la COB, la dirigencia convocó un cabildo nacional en la ciudad de El Alto. Este tendría que agrupar y concentrar a los diferentes sectores, y exigir una solución a los problemas que más aquejan y sufren los trabajadores de Bolivia.

Sobre las resoluciones

Se determinaron 14 resoluciones, que exigen y demandan que las condiciones de vida de las masas no sean empeoradas. Algunas de estas resoluciones sostienen que la crisis capitalista tiene que recaer en la clase capitalista de Bolivia. Y que se debe proteger las conquistas obtenidas en la historia de lucha obrera, que se ven cada vez más amenazadas por el nuevo gobierno.

Primeramente se pide un respeto a la constitución política del estado. La nueva constitución es vista como una gran conquista de los obreros y campesinos, resultado de las luchas sociales en el 2009.

Dentro de las resoluciones están las que se enfrentan al capitalismo imperialista, como la tercera, la cual plantea la defensa de las empresas nacionales y la prohibición de cualquier tipo de privatización. Esta es una clara respuesta a la amenaza de la privatización de empresas que fueron cuestionadas debido al periodo de inestabilidad económica, y reflejan un profundo sentido de soberanía nacional. Está claro que se deben defender estas empresas, pero es necesario que se haga con una perspectiva política clara. Si se protegen estas empresas, se tiene que consecuentemente asegurar su funcionamiento correcto. Esto solo es posible poniendo a las empresas públicas bajo el control democrático de los trabajadores. La COB debería adoptar esta consigna e impulsar el control obrero en todas las áreas de la economía.

También se realizaron ataques directos a la burguesía nacional con las resoluciones cuarta y novena. En estas se establece que las ganancias de divisas extranjeras de los capitalistas lleguen y se queden en Bolivia. Divisas que en los últimos años parecieron inexistentes en el país, pero que realmente solo existían en las manos de la burguesía nacional que nunca tuvo la intención de dejarlas en el país. Nuevamente, esto refleja un saludable instinto de clase, sin embargo, es necesario ir más allá: estos parásitos capitalistas no tienen motivo alguno para repatriar sus divisas, es necesario quitarles su mal ganada riqueza y ponerla al servicio del pueblo.

El tema de la tierra y de las propiedades indígenas campesinas tampoco fue ignorado. Se hizo una sentencia directa por la abrogación de la Ley 1720 en la décima resolución, además, demandando tierras para los pequeños productores que realmente alimentan en Bolivia. De forma consecuente, en la onceava resolución se pide inversión en las mismas comunidades indígenas campesinas para el desarrollo productivo del país.

Estas resoluciones no encapsulan todo el contenido de los discursos y quejas expresadas en el cabildo, también en el público se oyeron gritos y peticiones que, al final, reflejan el pensar de las masas y dan evidencia de las acciones políticas que debe tomar la dirigencia de la COB.

En primer lugar, se expresó el descontento y las críticas con respecto al tema de los salarios de los miembros del Estado, como los senadores, diputados y ministros; salarios que son muy altos comparados con el salario mínimo establecido recientemente. Ante esta petición, la respuesta del dirigente de la COB, Mario Argollo, resonó con la opinión de las masas: que se ejecute una reducción salarial a los miembros del Estado. Esto evidencia, cada vez más, el descontento hacia la élite burocrática del Estado que, en una situación de crisis económica, se ve desconectada de la base popular.

Múltiples veces en el cabildo se oyeron gritos de: «¡Que renuncie! ¡Que renuncie! ¡Que renuncie, carajo!». Esta expresión popular de los obreros no es exclusiva de ellos, sino que es el reflejo de una buena parte de las masas castigadas por la crisis. Esta reivindicación, aunque sea un gran paso adelante en la lucha obrera campesina, implica una pregunta mucho más complicada: si Rodrigo Paz renuncia, ¿qué viene después? La respuesta directa es Edman Lara, el vicepresidente. Pero, así como Paz se ve incapaz de solucionar los problemas de los trabajadores, también se verá incapaz Edman Lara. Porque el problema radical de fondo con la crisis que vive Bolivia es, en última instancia, el sistema capitalista y la posición que Bolivia tiene en este.

Bolivia, que históricamente entró en el capitalismo de forma tardía, se vio obligada a desempeñar el papel del último eslabón de la cadena capitalista mundial; obligada a vender solamente las materias primas de la rica naturaleza que tiene, sin procesarlas para producir bienes más valiosos y, por lo tanto, sin haber desarrollado nunca una industria competente en más de 200 años de existencia. Es este papel que desempeña Bolivia el que no permite que se mejore la vida de los trabajadores del país. Por lo mismo, cualquier gobierno que trabaje dentro del sistema capitalista se verá condenado a la incapacidad que vive hoy el gobierno de Paz. No importa si se logra la renuncia de Paz, y después la renuncia de Lara, y luego la de quienquiera que venga. Para solucionar estos problemas se tiene que terminar, de una vez y para siempre, con el capitalismo. Pero esta es una tarea que requiere de una organización revolucionaria de las masas, armadas con un programa político revolucionario. Esta organización, por el momento, aún no existe.

Finalmente, la reivindicación de la renuncia del presidente no fue añadida en las resoluciones finales, aunque el curso de la lucha misma la ha convertido en la reivindicación principal, con el pliego petitorio del cabildo cayendo en segundo plano (para lamentaciones de los dirigentes sindicales). La central obrera no planteó ni denunció las limitaciones del sistema capitalista. Si bien la dirigencia realizó denuncias de los ataques y convocó a movilizaciones obreras para lograr reivindicaciones, no tiene claro un programa político para que las movilizaciones cumplan con su objetivo, debido a una falta de organización bajo un propósito conjunto, claro y directo.

Pero no es que la COB carezca de un programa revolucionario que sirva para guiar a los obreros en esta ocasión; históricamente, el movimiento obrero dio vida a programas revolucionarios que marcan hasta hoy a Bolivia y postulan una solución adecuada a través de la revolución proletaria. Programas como las Tesis de Pulacayo, escritas y redactadas en 1946 por Guillermo Lora en el congreso de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia, en un contexto de crisis similar al que vivimos ahora.

Sobre los paros y los movimientos posteriores

Para cumplir con las resoluciones se anunció un paro nacional y diferentes movilizaciones por parte de las organizaciones obreras. El cómo se desarrollan estas movilizaciones y paros es fundamental para entender cómo está estructurado el movimiento obrero y campesino actualmente.

El movimiento actual está caracterizado por la concentración de movilizaciones en La Paz, la sede de Gobierno, en la cual usualmente se concentran los movimientos masivos. En el resto del país, las movilizaciones suelen ser menores. Un claro ejemplo de este fenómeno es lo que sucedió el primero de mayo, habiendo convocado al cabildo, algunas Centrales Obreras Departamentales (CODes) no convocaron a las marchas habituales en las demás ciudades. Desprovisto de cualquier apoyo en las demás ciudades, el movimiento sólo radicó en La Paz. Fenómeno que también se expresó en el paro convocado para el día 5 de mayo, el cual sucedió de forma masiva en La Paz y en el resto del país se vio extremadamente limitado.  

Los escasos movimientos en el resto del país evidencian una desarticulación en la COB y una falta de una perspectiva política clara por parte de su dirigencia. Una perspectiva que dé claridad en las formas de lucha y del por qué se moviliza a las masas, tener en claro cuál es el objetivo a cumplir y cómo cumplirlo. Pero, lamentablemente, en los últimos años la lucha movilizada se vio limitada a ser solo una moneda de cambio para los dirigentes, que solo acumulan y convocan a las masas para lograr torcerle el brazo al gobierno para sentarse a la mesa con ellos, a negociar qué limosnas están dispuestos a dar para que los dirigentes salgan y digan que se logró el cometido. 

En la otra mano, el movimiento campesino se encuentra en una peor situación que el obrero, la fragmentación de este movimiento se hace evidente con la marcha y la lucha por la abrogación de la ley 1720. Habiendo llegado exitosamente a la ciudad de La Paz los marchistas procedieron a movilizarse en la ciudad para pedir la abrogación de la ley. Movimientos que se enfrentaron a una traición por parte de algunos de sus dirigentes, habiendo anunciado un acuerdo con el gobierno, un acuerdo que no conseguía el objetivo final de abrogar la ley.

Ante esta traición, las bases denunciaron y condenaron totalmente este acuerdo rastrero, desconociendo a este dirigente y quitándole toda legitimidad, categorizándolo como un traidor y vendido. Este suceso sirvió para fortalecer y aclarar que cualquier acuerdo al que se llegase no se hacía con los dirigentes tras bambalinas sino que se hacía con las bases del movimiento, que no habían marchado cientos de kilómetros para que no los tomen en cuenta. 

Finalmente, el día 10 de mayo se logró un avance en la abrogación de la Ley 1720, la Cámara de Diputados aprobó la abrogación, que ahora pasa hacia la Cámara de Senadores. Este paso fue logrado gracias a la lucha movilizada de los indígenas, campesinos y obreros, que no dudaron en seguir la lucha hasta lograr su objetivo. Una demostración del verdadero poder de las masas cuando están movilizadas. 

Pero esta victoria no es el final de la lucha ni para el movimiento campesino ni para el movimiento obrero en general, el estado burgués seguirá lanzando ataques a los trabajadores del país y los trabajadores habrán de responder con valentía. Es necesario que ante esta situación las bases sociales exijan la máxima solidez y claridad a sus dirigencias, que sin duda serán puestas a prueba en el período que viene. 

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Author: Cristhian Rojas

Militante del Núcleo Comunista Revolucionario (NCR), grupo de la Internacional Comunista Revolucionaria (ICR) en Bolivia.