¡Hay que dejar de comer!

La frase que sirve de título a esta nota no se la escuché ni a mi médico,  ni a la dietista. Es el mantra que repite mi suegra cada vez que deposita un artículo en el carrito de compras en el supermercado. Es muy probable que usted, como yo,  también lo haya pensado, sobretodo cuando pasa por la nevera de las carnes, aunque no hay ninguna sección en el supermercado donde usted no tenga que mirar tres o cuatro veces el precio del artículo para decidir si lo compra o lo deja para una próxima ocasión.

Al aumento extraordinario que han experimentado los precios de los alimentos se suman dos nuevas inconveniencias  de los supermercados. No conformes con que usted se tenga que despachar su propia compra, comprar las bolsas, empacarla y llevarla hasta su auto, ahora también pretenden que usted se cobre la misma en el área de cajas registradoras sin operadora (or).  No se si a usted le parezca tan ridículo como a mi, pero no dejan de ser sorprendentes las filas en esta área de los supermercados. 

Para remate de este novel atropello, ahora hay una campaña en la televisión local para que usted, luego de llevar la compra a su auto, devuelva el carrito a la entrada del supermercado y no al depósito que está en el estacionamiento. No tardarán en colocar dentro del carrito un cubo con agua, jabón y un trapo para que también le removamos el sucio y la mugre. Realmente solo falta que, los sábados y domingos, hagamos labor voluntaria descargando los furgones en el almacén y luego  colocando los productos en las góndolas. 

El resultado neto de estas medidas es la reducción del número de empleados y el aumento del margen de ganancias de los empresarios de la industria de alimentos. En los supermercados, como en la mayoría de las empresas, la tecnología está al servicio del capital y no necesariamente en beneficio del consumidor o el trabajador.

Sin duda algún vocero empresarial nos dirá que “los precios no están más altos gracias a las innovaciones adoptadas” con lo que queda demostrado  la desigual relación comercial entre el supermercado y el consumidor. Si quieres precios más bajos tienes que lograrlo convirtiéndote en el sustituto de los empleados y asumiendo sus tareas.

No faltará quien  argumente  que usted puede hacer su compra por teléfono  y disfrutar de la conveniencia de sólo tener que ir a recogerla o solicitar su entrega en el hogar. Este es el sueño ideal del empresariado alimentario. Para ellos será lo mejor  que, desde un almacén general, puedan operar el mismo bajo el modelo de explotación obrera establecido por Amazon, sin necesidad de multiples locales comerciales y los gastos que esto conlleva. La adopción del mismo en nada nos garantiza una reducción significativa en en el costo de la canasta básica. 

Mientras, del lado del consumidor, este  seguirá asumiendo el alto costo de los alimentos, la compra de su  teléfono, el pago de la renta mensual del mismo, el pago de  internet y hasta la propina para subsidiar el bajo salario del personal de entregas. Además, enfrentando  todos los inconvenientes o pérdidas por alimentos despachados incorrectamente o en mal estado. 

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Author: Erasto Zayas Nuñez

Erasto Zayas Núñez nació en el pueblo de Santa Isabel, PR el 7 de septiembre de 1949. Realizó estudios en las escuelas públicas del país y los universitarios en la UPR Recinto de Río Piedras y la Universidad Católica de Ponce. Casado, tiene cinco hijos y es el feliz abuelo de cuatro nietos. Escribe cuentos, poesía y durante dos décadas publicó una columna de opinión en el semanario El Oriental. Ligado al movimiento obrero en su capacidad de comunicador por más de medio siglo, se desempeñó como administrador de la Unión General de Trabajadores. Es uno de los fundadores de la Casa de Estudios Sindicales e integrante de su Junta de Directores.