Los aranceles son ya una realidad

A principios de esta semana, en uno de los programas televisivos donde se discuten los problemas del país,  participaron unos seis representantes de la clase patronal local. El tema central de discusión trataba sobre los aranceles que se propone poner en vigor el presidente de los Estados Unidos y la ausencia de una respuesta o discusión pública sobre los mismos por parte de los gobernantes del país. 

Entre los invitados, dos de los cuales se encontraban en el extranjero realizando negociaciones para sus empresas, había representantes de la industria de la  construcción, de las pequeñas y medianas empresas, de la actividad de venta de automóviles y no recuerdo qué otras. No había ningún economista y mucho menos un representante de la clase trabajadora. 

Sobre el desarrollo del tema no escuchamos nada nuevo, ni por parte del moderador, ni de los invitados. Se hizo un repaso de las expresiones del Señor Trump, de la polémica con sus vecinos, y de la incertidumbre que generaba el no saber sobre qué países y en qué medida se impondrían los nuevos aranceles. Muy poco, por no decir nada, aportaron los panelistas sobre el impacto que pudieran tener las medidas anunciadas sobre Puerto Rico.

Todos ellos expresaron su preocupación sobre el impacto que las medidas pudieran tener sobre sus empresas o su actividad económica, sobre la realidad económica del país, y el desarrollo de sus negocios. Solo hablaron generalidades del el impacto sobre la población en general. Llamó la atención las expresiones de uno de los panelistas sobre el efecto político que han tenido las amenazas del Presidente Trump en Canadá. Con alguna alarma señalaba que el pueblo canadiense se ha unido y para su sorpresa, la izquierda que antes estaba en desventaja,  se perfilaba como vencedera en las próximas elecciones.

Hasta ese momento el programa había transcurrido con las sosera que caracteriza este tipo de show. Sin embargo, el moderador, que llevó la batuta en denunciar el silencio gubernamental sobre el tema, preguntó a los invitados sobre alternativas que pudieran ofrecer sobre lo que ya estaba anunciado con hora, lugar y fecha. Esta pregunta logró despertar mi interés. 

Los representantes de la clase patronal no aportaron absolutamente nada significativo sobre medidas que pudiera adoptar el país para sacar adelante la economía local  o tan siquiera evitar la profundización de nuestra crisis permanente.  Escudados en la incertidumbre de no saber cómo se aplicarían los aranceles,  aquellos que se expresaron aprovecharon la coyuntura para reiterar su pedido de la eliminación del impuesto al inventario, la reducción a los impuestos de los autos, la reducción a los arbitrios de la gasolina y no recuerdo haber escuchado algo más.

En el momento de redactar esta nota ya Trump hizo su anuncio, la prensa de todos los países ha presentado un centenar de artículos sobre el impacto de las medidas en cada uno de éstos y las acciones que se tomarán para proteger sus intereses en lo que se ha dado en llamar la inevitable guerra comercial mundial y múltiples análisis económicos llenan las páginas de los periódicos. En nuestro país la discusión se centra en un rutinario caso de corrupción, esta vez en la empresa privada, el ofrecimiento de una Semana Santa libre para los empleados gubernamentales, con cargo a sus limitadas vacaciones,  y la invitación, al costo de $1,000 por persona, a otra fiesta más de la Gobernadora.

Sobre los aranceles, su impacto en Puerto Rico y las medidas para no perecer en la guerra comercial mundial, nada. Sin dudas, el pueblo trabajador tendrá que cavar sus propias trincheras.

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Author: Erasto Zayas Nuñez

Erasto Zayas Núñez nació en el pueblo de Santa Isabel, PR el 7 de septiembre de 1949. Realizó estudios en las escuelas públicas del país y los universitarios en la UPR Recinto de Río Piedras y la Universidad Católica de Ponce. Casado, tiene cinco hijos y es el feliz abuelo de cuatro nietos. Escribe cuentos, poesía y durante dos décadas publicó una columna de opinión en el semanario El Oriental. Ligado al movimiento obrero en su capacidad de comunicador por más de medio siglo, se desempeñó como administrador de la Unión General de Trabajadores. Es uno de los fundadores de la Casa de Estudios Sindicales e integrante de su Junta de Directores.