El viernes 16 y el sábado 17 vimos cómo el movimiento juvenil también entró en escena en nuestro país. Miles de estudiantes tomaron las plazas en toda Italia, a menudo tras establecer piquetes espontáneos en sus escuelas, algo que no se veía desde hacía mucho tiempo. Tras las manifestaciones, se desató una ola de ocupaciones de escuelas y, en las próximas semanas, habrá nuevas jornadas de movilización general, que empezarán con la huelga del 30 de octubre.
El viernes 16 hubo marchas estudiantiles por todo el país, desde las principales ciudades —donde vimos plazas llenas de varios miles de jóvenes— hasta los pueblos más pequeños. No solo fue significativa la participación, sino también una dinámica generalizada de organización espontánea en las escuelas, donde a menudo se improvisaron piquetes como no se veía desde hacía mucho tiempo. En muchos casos hubo pequeñas marchas que partieron de las escuelas hacia las plazas donde se celebraron las manifestaciones oficiales.
Al día siguiente, el sábado 17, en algunas ciudades se llevaron a cabo manifestaciones «contra el aumento de los precios». La convocatoria fue muy confusa; circuló por grupos de WhatsApp y TikTok, sin que quedara claro quién la organizaba. Las consignas eran contra el mal estado de las escuelas, el aumento de los precios y de la gasolina y los recortes en salud. Se mencionaba la idea de hacer lo mismo que en Francia; no es casualidad que fuera el mismo día de la movilización general francesa.
En algunos casos, hubo intentos de manipulación por parte de elementos de derecha para su propio beneficio. Al final, lo decisivo fue que estas manifestaciones, donde se llevaron a cabo, se convirtieron en una continuación de las protestas del día anterior. En Milán, la marcha llegó a reunir a 5.000 personas en las calles del centro. El vínculo con las luchas internacionales también vino de los jóvenes albaneses que animaban a la marcha agitando su bandera. Los pocos elementos de derecha fueron expulsados de la marcha, que fue creciendo poco a poco y radicalizando sus consignas. Al final, un grupo de estos jóvenes, a menudo muy jóvenes, se enfrentó a la policía; los enfrentamientos se prolongaron hasta bien entrada la noche por las calles del centro. No se trataba de activistas, sino de jóvenes que expresaban su enojo, a menudo inmigrantes de segunda generación, con un claro espíritu de imitar al movimiento francés.
Después de las manifestaciones, el lunes 19 comenzó una ola de ocupaciones de escuelas y, en las próximas semanas, habrá nuevas jornadas de movilización general. La primera será la huelga general ya convocada por el sindicato USB [Unión Sindical de Base] para el 30 de octubre 1. No parece probable que se repita entre los trabajadores lo que vimos el pasado 22 de septiembre, cuando se declararon en huelga por Palestina, aprovechando la convocatoria de este sindicato y dando lugar a marchas masivas. Hoy la clase trabajadora está bajo mucha presión, pero los puntos de ruptura son, por ahora, aislados. Pero es seguro que la huelga servirá de catalizador para convocar manifestaciones estudiantiles con una participación muy amplia.
Aunque muchos estudiantes ya participaron en las manifestaciones del año pasado por Palestina, este año el protagonismo de la nueva generación es el punto central. Los jóvenes ya no aguantan más y se están movilizando, buscando poco a poco formas y métodos para hacerlo. Es el mismo proceso que vemos en Francia, donde la protesta contra las condiciones de las escuelas se ha transformado en una revuelta masiva contra todo el sistema, que también arrastra a los trabajadores al enfrentamiento. Pero la ola de protestas es más amplia: España, Albania, Portugal, Gran Bretaña, Irlanda, Brasil, Argentina… Ni siquiera hay espacio para enumerar los grandes movimientos que estallan en todo el mundo. Nunca, como hoy, el enfrentamiento por el futuro de la sociedad es de carácter internacional.
Violento es el sistema contra el que luchamos
Y, sin embargo, para el gobierno, para los periódicos e incluso para el Partido Demócrata, lo único que importa es que el sábado en Milán se rompieron algunos escaparates. Desde hace días sufrimos una campaña repugnante que pinta a chicos menores de edad, incluso de 12 años, como criminales peligrosos. Quienes se creen intelectuales escriben artículos largos sobre la necesidad de entender un «malestar generacional», tan misterioso como inquietante. ¿Pero qué tiene eso de difícil de entender? En este país, el 5 % más rico tiene más riqueza que el 90 % más pobre. Las escuelas están destrozadas y se caen a pedazos, y lo único que hace el gobierno son campañas racistas contra los estudiantes extranjeros.
¿Hubo violencia la semana pasada? Sí, 20 personas murieron en el trabajo, como cada semana; 1.5 millones de familias se fueron a dormir en condiciones de precariedad de vivienda; 5.8 millones de personas se despertaron con problemas de salud por los que renunciaron a buscar tratamiento porque las listas de espera son demasiado largas y no tienen dinero para una consulta privada; en Gaza, los bombardeos israelíes mataron a otros 7 palestinos, entre ellos 2 niños. Perdón si no nos quita el sueño ver los escaparates de Foot Locker (facturación en 2025: 354 millones de euros), de Decathlon (facturación en 2025: 16,8 mil millones de euros) o de las tiendas de los ricos en la calle Montenapoleone, donde un bolso cuesta 500 o 1000 euros.
La verdadera violencia es la del sistema capitalista, que condena a miles de millones de personas en todo el mundo a la pobreza, a la guerra, a la destrucción ambiental y priva a la juventud de un futuro.

¡Claro que en el pasado se han realizado manifestaciones para exigir cambios en estas políticas! El año pasado, en Italia, millones de personas, entre ellas muchos de los jóvenes que salieron a la calle el viernes y el sábado, se manifestaron pacíficamente para exigir el fin del genocidio en Gaza. ¿La respuesta? Los ignoraron y luego los reprimieron. Así que alguien simplemente llegó a la conclusión de que había que encontrar otra forma de hacerse oír. ¿Acaso se les puede culpar?
El gobierno tiene miedo
El gobierno defiende los intereses de la clase dominante y la única respuesta que ha dado es la represión. Dos días después de los enfrentamientos, aprobó un decreto-ley que establece un nuevo delito de «participación violenta en una manifestación», con penas de 2 a 5 años de cárcel y una multa de 20 000 euros (el salario promedio anual de un trabajador asalariado); detención preventiva no solo durante las manifestaciones; responsabilidad penal de los menores sin atenuantes por su edad. Además, mandó otros 500 soldados a Milán. En su delirio de seguridad, quería que el ejército persiguiera y arrestara directamente a los jóvenes. Nos encantaría ver una décima parte de ese celo al abordar los problemas sociales.
Estas medidas demuestran que el gobierno está al servicio de una clase dominante que no quiere renunciar a nada de su opulencia y que, ante los jóvenes que piden una vida mejor, envía a la policía. Una lección útil sobre cómo funciona esta sociedad. Pero también serán medidas inútiles. Seguro que causarán daño y sufrimiento a muchos jóvenes, pero la historia nos enseña que un problema social no puede contenerse con medidas policiales. En Francia, Macron lo intentó (ahora incluso ha impuesto un toque de queda en ciertas zonas de París) y las protestas se han intensificado cada vez más. El gobierno habla fuerte porque tiene miedo; siente que, si la juventud se pone en marcha, no podrá detenerla.
Además, la campaña de criminalización no ha tenido un gran efecto. La derecha organizó una manifestación en el centro de Milán el lunes 20, con una pancarta que decía «Devolvámoslos todos a sus países», pero la participación fue ridícula —unas pocas decenas de personas— y hasta fue criticada por varios transeúntes.
El gobierno hace bien en sentirse en aprietos ante la posibilidad de una explosión de la lucha de masas.
El problema, si acaso, es que quienes podrían encargarse de darle una forma organizada al movimiento, involucrando también a los trabajadores, hacen todo lo contrario. La CGIL, el principal sindicato de este país, lanzó el miércoles 21 un llamamiento escandaloso a la «cohesión social». Nos preguntamos: ¿cohesión entre quiénes? ¿Entre quiénes lanzan las bombas y quiénes mueren bajo ellas? ¿Entre el patrón que explota y el trabajador explotado? ¿Quién desaloja y quién es expulsado de su casa?

El resultado fue una manifestación junto al PD y al alcalde Sala, preocupado únicamente de que el centro de la ciudad siga siendo un bonito escaparate para atraer a los especuladores de los que se ha hecho garante en Milán desde la Expo de 2015 en adelante, y cuya única crítica al gobierno ha sido no haber enviado suficiente policía a Milán.
¡Y eso que hablan de cohesión social! Lo que habría que hacer es romper la cohesión social apostando por la lucha de masas, la única forma de lucha capaz de incidir en la conciencia de miles de jóvenes furiosos que buscan su liberación mediante acciones individuales.
¿Qué camino debe seguir el movimiento?
El PCR estuvo presente en las plazas de toda Italia el viernes y el sábado; apoya y seguirá apoyando al movimiento con sus militantes, tanto dentro como fuera de las escuelas, incluidos los lugares de trabajo.
En esta etapa, proponemos algunas tareas prioritarias. La primera, que ya está en marcha, consiste en generalizar la lucha, aumentar el número de escuelas movilizadas y lograr la mayor participación posible en ellas. El carácter masivo del movimiento es su principal fortaleza. Las manifestaciones del 30 de octubre deben servir para este propósito, y hay que organizar asambleas para promoverlas, además de realizar piquetes por la mañana frente a las escuelas.
En las escuelas movilizadas hay que promover tantos debates políticos como sea posible. En las próximas semanas organizaremos asambleas sobre el movimiento estudiantil en Francia, la lucha por la vivienda en España, el modelo del 68 francés, cómo combatir a la derecha, la liberación de la mujer y qué significa una revolución hoy en día.
En segundo lugar, mediante una discusión democrática, hay que darles una forma organizada a las luchas. La base de la discusión sobre los métodos de lucha debe ser: ¿cuál es el más efectivo? En este sentido, es necesario que la justa rabia que se ve en las calles no se disperse hacia objetivos al azar o secundarios, sino que se organice y se concentre.
Por tanto, no debemos dividir los frentes, sino unirlos. Hagamos un llamado al movimiento obrero para que se una a la lucha, no de manera simbólica, sino siguiendo el modelo de la huelga general del pasado 3 de octubre y sin detenerse ahí. Entendamos cómo se puede, de verdad, desafiar a la clase dominante y ganar.
La crisis climática, el racismo, las escuelas, la salud, el trabajo y la pobreza son solo diferentes caras de la crisis del sistema. Para resolver cualquiera de estos problemas, hay que quitarle a la clase dominante el control de la economía y el poder y ponerlos en manos de los jóvenes y los trabajadores, para que se utilicen en beneficio de las necesidades colectivas. Hoy en día, luchar por un futuro significa luchar por el comunismo.
Esta conciencia está cada vez más presente, tanto en las plazas italianas como en las francesas. Pero la conciencia abstracta y dispersa no basta. Es urgente construir un partido revolucionario basado en ideas claras, formación política, acción militante y métodos democráticos y eficaces. Hacemos un llamado a quienes comparten esta urgencia para que la compartan con nosotros.
- Para el próximo viernes 30 de octubre, el sindicato USB ha convocado una huelga general nacional en Italia. Esta movilización de 24 horas cuenta además con el respaldo de otras organizaciones del sindicalismo de base (como CIB-Unicobas y USI-CIT). El sindicato articula su convocatoria bajo el lema del “bloqueo total”, exigiendo un control de precios de los bienes de primera necesidad, así como un aumento urgente de salarios y pensiones. También exigen la paralización del gasto en rearme militar y el cese de las políticas de apoyo militar a los conflictos de Israel y Ucrania. ↩︎
















