En memoria de Jim Brookshaw (1941-2026): un homenaje personal de Alan Woods

Retrato de Jim Brookshaw.

La noticia de la muerte del camarada Jim Brookshaw fue un golpe muy duro para todos los que lo conocíamos y queríamos.

Jim falleció el 6 de octubre en una cama de hospital, con su hijo Ben a su lado. Durante el último período de su vida, había estado padeciendo una grave enfermedad que fue minando su salud y que finalmente le quitó la vida.

Para mí, personalmente, la noticia de su muerte fue especialmente dolorosa, ya que Jim y yo habíamos sido amigos cercanos y compañeros durante muchos años —medio siglo, de hecho—.

Paradójicamente, los primeros años de nuestra relación difícilmente podrían describirse como amistosos. De hecho, nos vimos inmersos en un conflicto político bastante agudo, como explicaré.

Pero antes, hay que decir unas palabras sobre los primeros años de vida de Jim.

Los primeros años

Jim era de Sussex, una zona predominantemente agrícola que siempre había votado por los conservadores en todas las elecciones generales hasta 1964, cuando se eligió al primer diputado del Partido Laborista por Kemptown, en Brighton.

Había varias zonas, como Crawley y East Grinstead, con una fuerte presencia de la clase trabajadora. Pero el pueblito donde nació Jim no era una de ellas.

Warnham es un pueblito pequeño y pintoresco en el distrito de Horsham, en West Sussex. Difícilmente un semillero de la lucha de clases.

Sin embargo, incluso en las zonas más remotas y conservadoras, el espíritu de la lucha de clases sigue vivo y los trabajadores y los jóvenes pueden desarrollar ideas muy radicales, precisamente al rebelarse contra el predominio del atraso rural y el conservadurismo.

Después de la Segunda Guerra Mundial, su papá, Fred Brookshaw, trabajaba en Warnham Brickworks, un lugar muy duro y desagradable para trabajar. Su mamá, Maud, era de Durham, de una familia de mineros. Este fue el contexto de clase en el que nació Jim en 1941, el mayor de siete hermanos.

Tenía una hermana, Margaret, que lamentablemente falleció este año. Luego estaban Mary, David, Patricia, Jeffrey y Sally.

Con una familia tan grande y salarios tan bajos, debe de haber sido una lucha constante por sobrevivir. Sin embargo, las pocas veces que Jim habló de su infancia, siempre fueron recuerdos felices de una familia muy cálida y cariñosa.

Esos recuerdos lo acompañaron durante toda su vida. Fueron el semillero del que surgió un sentido muy fuerte de identidad de clase, algo que él y yo siempre tuvimos en común y que fue un vínculo muy fuerte entre nosotros.

Fue ese poderoso espíritu de conciencia de clase lo que llevó a Jim, inevitablemente, al bando del socialismo y el comunismo desde muy joven.

Al terminar la escuela, quería alistarse en la Marina, pero su papá no se lo permitió, insistiendo en que debía aprender un oficio. Así que se formó como plomero, algo que nunca le gustó, aunque se le daban muy bien todo tipo de trabajos manuales.

Al irse de casa, encontró trabajo en la industria y se involucró activamente en el sindicalismo. En busca de una forma radical de expresar su conciencia de clase instintiva, primero se unió a los Jóvenes Socialistas (YS), la organización juvenil del Partido Laborista.

Escuela Mundial de la Tendencia Marxista Internacional de 2009. Jim está en el centro de la fila de atrás, con su pareja Hazel a su izquierda.

En ese entonces, los YS eran un campo de batalla para grupos sectarios rivales, como los Socialistas Internacionales (ahora el SWP) y la Liga Laborista Socialista, o SLL como se la conocía comúnmente, la organización ultraizquierdista de Gerry Healy.

Desilusionado con el ambiente estéril del sectarismo, este joven trabajador dejó las YS con disgusto y, finalmente, se unió al Partido Comunista (CPGB) y a la Liga Juvenil Comunista (YCL), donde pronto ascendió a un puesto de liderazgo.

Primer encuentro, primeros choques

Conocí a Jim cuando yo era estudiante en la Universidad de Sussex y él era una figura destacada en la YCL local de Brighton.

Después de mudarme del sur de Gales a Sussex en el otoño de 1963, logré formar un grupo en la universidad, que pronto se volvió muy influyente.

Ni qué decir tiene que éramos partidarios convencidos de las ideas de León Trotski. Jim, por el contrario, podía describirse con bastante precisión como un estalinista igualmente convencido de la línea más dura que existe.

Así que, pronto, se trazaron las líneas de batalla entre dos corrientes políticas mutuamente antagónicas.

El conflicto se agudizó mucho cuando un grupo de jóvenes (cuyos líderes eran de Southampton) creó un grupo de base del Partido Comunista en la Universidad de Sussex. Pero se mostraron completamente incapaces de refutar los argumentos de los marxistas revolucionarios. Los derrotamos políticamente en cada oportunidad, y se desmoralizaron cada vez más.

Al darse cuenta del peligro, el Partido Comunista de Brighton les ordenó que no tuvieran ningún contacto con nosotros —una orden que siguieron con ciega lealtad, llegando incluso a negarse a decirnos «buenos días».

Pero había un problema. Participaban en la Sociedad Socialista de la Universidad, que nuestra tendencia controlaba por completo. Esto significaba que tenían que defender las ideas del Partido Comunista (que ya se había vuelto totalmente reformista, como lo demostraba su documento de política, El camino británico hacia el socialismo).

Un punto de inflexión decisivo fue cuando lograron que invitaran al secretario general del PCGB, John Gollan, a hablar en la Sociedad Socialista de la Universidad de Sussex.

Los militantes comunistas de la universidad se quedaron en silencio, observando con horror cómo el camarada líder del partido era sistemáticamente destrozado por la fuerza de nuestros argumentos. Al final, Gollan, incapaz de responder políticamente, perdió por completo los estribos y se fue en un arrebato de rabia y frustración.

Este triste espectáculo acabó por destrozar cualquier ilusión que los camaradas tuvieran en la dirección del PCGB.

No nos dijeron nada, pero luego nos enteramos de que en el campamento de verano de la Liga Juvenil Comunista (YCL) estaban pegando carteles de Trotski en su tienda de campaña.

Finalmente, un día, para nuestra gran sorpresa, se rindieron y se unieron a nosotros en bloque.

Caza de brujas

Los dirigentes locales del Partido Comunista reaccionaron de inmediato cerrando el grupo de base universitaria del partido y ordenando a todos sus militantes que se unieran a la Liga Juvenil Comunista en Brighton.

Eso nos vino muy bien. Los compañeros hicieron un trabajo muy eficaz en la YCL y se ganaron a todo el grupo de base, excepto al presidente y a uno o dos más.

El secretario del grupo de base no era otro que Jim Brookshaw, quien reaccionó al típico estilo estalinista, expulsando prácticamente a todo el grupo de base.

Como Jim era en ese momento el presidente nacional de la YCL, fue una derrota de lo más humillante. ¡Y me hizo personalmente responsable de eso!

Jim Brookshaw

Ya había intentado convencerlo antes. Fui a su casa y discutimos acaloradamente mientras comíamos un plato de frijoles con pan tostado. Pero ni él pudo convencerme a mí ni yo a él. Así que se trazaron las líneas de batalla. Pero, a pesar de lo intensa que fue la lucha, nunca sentí animosidad hacia Jim, algo que él reconoció más tarde con gratitud.

Más adelante, descubrí con sorpresa que Jim veía lo ocurrido como una especie de «golpe». No sé en qué se basaba esa acusación, pero, según él, nuestros compañeros se comportaron muy mal.

No sé hasta qué punto eso era cierto o si solo era el reflejo del comprensible resentimiento de Jim por haber perdido el control de su grupo de base.

Algunos de nuestros compañeros se mostraban a veces un poco frívolos e inmaduros en su conducta, una tendencia que siempre tratamos de corregir.

Pero el hecho es que ellos sí tenían mayoría en el grupo de base, mientras que Jim solo contaba con el apoyo de su esposa, Marion, y creo que de una persona más.

El propio Jim admitió que su conducta a veces era un poco «violenta e intimidatoria». Los compañeros venían a verme con bastante frecuencia, quejándose amargamente de su comportamiento agresivo. Pero yo les respondía: «Jim es un trabajador y es leal a su partido. Debemos aceptar ese hecho e intentar convencerlo políticamente».

A decir verdad, nunca creí que eso fuera posible. Pero me equivoqué.

Cómo nos unimos

Cuando me fui de Sussex, perdí todo contacto con Jim Brookshaw durante un par de años. Pero me enteré de que ahora trabajaba a tiempo completo para la YCL.

Entonces, un día me sorprendió ver a Jim en las noticias de la BBC. En ese momento, había un gran conflicto entre Gran Bretaña y Rodesia (ahora Zimbabue). Los racistas blancos que estaban en el poder habían emitido una declaración unilateral de independencia y habían izado su bandera sobre el edificio de la embajada en Londres.

En las pantallas de televisión se veían imágenes borrosas de un joven trepando por la fachada de la Rhodesia House, en Trafalgar Square, y tirando la bandera desde lo alto. Era un edificio muy alto y era algo muy arriesgado de hacer.

Más tarde, Jim, con su honestidad característica, dijo riendo que, a mitad de camino, se lo pensó dos veces:

«Me estaba cagando de miedo. Llegué a la azotea de los almacenes de la administración pública. Se podía caminar desde la azotea de ese edificio hasta la Rhodesia House».

El mástil estaba en la esquina y tenía cuerdas alrededor. Pero, ya que había llegado tan lejos, pensó que era mejor terminar el trabajo.

«Así que me deslicé por el techo hasta llegar a una amplia canaleta. Me acerqué al mástil, lo tiré hacia abajo, lo corté y lo lancé, como sugería el Morning Star, a la calle. Al parecer, cayó a los pies de algún policía».

Este acto demostró que era una persona muy valiente y decidida. Lo anoté mentalmente y no volví a pensar en ello.

Una carta misteriosa

Un par de años después, cuando trabajaba a tiempo completo para el Militant en el sur de Gales, estaba de visita en nuestro centro de Londres cuando un compañero me dijo: «Alan, hay una carta para ti».

La noticia me sorprendió. ¿Una carta para mí, enviada al centro de Londres? ¿De quién podría ser?

Abrí la carta y, sinceramente, me quedé asombrado al ver que el remitente no era otro que Jim Brookshaw.

En su carta, Jim anunció de forma inesperada que había roto con el estalinismo y que quería hablar conmigo. No perdí tiempo y me fui directo a su departamento en el sur de Londres (creo que era en Charlton).

Me quedé ahí dos días enteros, durante los cuales tuve intensas conversaciones con Jim y su esposa sobre prácticamente todos los aspectos del movimiento obrero internacional desde la Primera Internacional en adelante.

Cómo Jim rompió con el estalinismo

En los años que habían pasado desde que perdí contacto con él, había llovido mucho.

El mundo se había visto sacudido por grandes acontecimientos, en particular por la Revolución Húngara de 1956, que sacudió hasta sus cimientos a todos los partidos comunistas del mundo.

Muchos miles de cuadros comunistas con experiencia abandonaron el partido, indignados por los sucesos de Budapest. Pero Jim no estaba entre ellos. Estoy seguro de que tuvo serias dudas al respecto. Pero se mantuvo firme en su lealtad al partido.

Cuando digo que estoy seguro de que tuvo dudas, me baso en lo que él mismo me contó a lo largo de los años sobre su experiencia personal.

Video de Labour4Clause4 incluido en el artículo original.

Jim ya había ascendido a un puesto bastante destacado en la Liga Juvenil Comunista (YCL) y, como miembro de tiempo completo de confianza, lo enviaron a numerosas delegaciones a los estados de Europa del Este liderados por la Unión Soviética. Recuerdo que realizó visitas oficiales a Checoslovaquia y a Alemania Oriental, pero no recuerdo que haya mencionado haber visitado Moscú.

Hay dos incidentes que me contó y que se me quedaron grabados. En una ocasión, lo invitaron, junto con otros delegados internacionales, a un banquete oficial, en el que cada mesa estaba decorada con la bandera nacional del país de procedencia de los delegados.

Al acercarse a la mesa de la delegación británica, Jim se sorprendió e indignó al ver la bandera Union Jack colocada en un lugar destacado de la mesa. De inmediato llamó al representante oficial para quejarse.

La explicación que le dieron fue que a cada delegación se le había asignado su propia bandera nacional y que el Comité del Partido había decidido que esa decisión debía cumplirse.

Indignado por esta prepotencia burocrática, Jim armó un escándalo como nunca antes habían visto los funcionarios del Partido:

«No me importa quién haya tomado la decisión. Dile al Comité que me niego a sentarme a la mesa en presencia de ese asqueroso trapo reaccionario».

Al final, tuvieron que retirar el objeto ofensivo, pero esta pequeña lección te dejó claro que el internacionalismo de los llamados partidos comunistas era más aparente que real.

Esta lección se confirmó en la práctica unos años más tarde, cuando los tanques soviéticos entraron en Praga en 1968 para aplastar el intento del líder del PC, Alexander Dubček, de reformar el gobierno y el Estado.

Esto tuvo un impacto aún mayor en Jim que los acontecimientos anteriores en Hungría en 1956, y lo llevó a reflexionar seriamente sobre la verdadera naturaleza del estalinismo, que hasta entonces había defendido con firmeza.

¿Qué hay en el menú, camarada?

En esos banquetes oficiales, a Jim le molestaba cada vez más la escandalosa avaricia de los supuestos cuadros «comunistas», cuya principal preocupación parecía ser darse un festín y emborracharse a costa del Estado obrero que, por casualidad, visitaban.

Mencionó un incidente que creo que ocurrió en Alemania Oriental, donde estaba almorzando en una fábrica. A los delegados internacionales les sirvieron un plato muy rico de carne de la mejor calidad. Sin embargo, a Jim (que era muy observador y nada tonto) le llamó la atención algo raro.

Todos los trabajadores entraban al comedor con platos de sopa en sus bandejas. ¡Ni rastro de carne a la vista!

Llamó al funcionario del Partido de la fábrica y le pidió que le explicara esa aparente discrepancia. Este último le señaló de inmediato que, en realidad, no había un solo menú, sino dos: uno (con carne) más caro y otro (con sopa) más barato.

Y, obviamente, los trabajadores preferían este último al primero. Jim podría haberse conformado con esa explicación. Pero, para su sorpresa, cinco minutos después, todos los trabajadores entraron con carne de la mejor calidad en sus bandejas. ¡Problema resuelto!

Dudas crecientes

Estas y otras experiencias fueron aumentando poco a poco las dudas de Jim. Sin embargo, no les contó estas dudas a sus colegas por miedo a su reacción.

En cambio, empezó a ir a la Biblioteca Conmemorativa de Marx en Clerkenwell Green, Londres, donde comenzó a leer todo lo de Trotski que había disponible allí.

No sabría decir si los bibliotecarios (que imagino que serían militantes veteranos del PC) sospechaban de este repentino interés por Trotski por parte de un militante a tiempo completo del Partido. Pero él empezó a leer otras obras, en particular, Lenin y Trotski: lo que realmente defendían, lo que le causó una gran impresión, y más tarde, La revolución traicionada, de Trotski.

Al leer este material «subversivo», se confirmó la sospecha de Jim: un abismo radical separaba al estalinismo del auténtico bolchevismo-leninismo. Su transición del estalinismo al trotskismo ya había alcanzado un punto sin retorno.

Escuché con más interés que nunca todo lo que Jim tenía que decir. Me impresionó su evidente honestidad. Sin embargo, la transformación de un exburócrata estalinista —el hombre que había llevado a cabo una feroz caza de brujas contra nuestros compañeros de la YCL de Brighton— al trotskismo me parecía tan improbable que necesitaba que me confirmaran mi opinión.

En aquellos días no había celulares, así que para llamar al centro tuve que salir de la casa de Jim y hacerlo desde una cabina pública.

Le pedí a Ted Grant que viniera de inmediato al departamento de Jim y escuché lo que tenía que decir.

Ted aceptó de inmediato y quedó convencido —al igual que yo— de la sinceridad absoluta tanto de Jim como de su esposa, Marion, quien, al parecer, tomó la iniciativa de animarlo a contactarme.

El resto, como dicen, ya es historia.

¿Por qué se unió a nosotros?

Sin embargo, hay algo que aclarar. ¿Por qué se unió a nosotros? Al fin y al cabo, había muchas organizaciones que decían defender el trotskismo, y la nuestra no era, ni mucho menos, la más grande. Entonces, ¿por qué nos eligió a nosotros?

Él mismo nos dio la respuesta. Dijo lo siguiente:

«Cuando rompí con el estalinismo, consideré todas las opciones disponibles. Pensé en el grupo International Socialist (ahora el SWP), pero lo descarté por su carácter claramente pequeñoburgués».

«A los partidarios de Healy los descarté por completo debido a su sectarismo extremo y sus tácticas de matones, de las que había sido testigo de primera mano en la YS».

Entonces pensé en ustedes, camaradas, y me di cuenta de que los había tratado muy mal, pero que ustedes siempre me trataron como a un camarada».

Siempre he recordado esas palabras, que tienen un valor tremendo para mí.

Jim Brookshaw en el congreso fundacional del Partido Comunista Revolucionario en 2024.

Pero lo más importante es que contienen una lección valiosa para todos nuestros compañeros al lidiar con personas como Jim Brookshaw en el futuro.

Claro, hay algunas personas que nunca cambian, cuyas mentes están cerradas y a las que nunca se podrá convencer. No hay nadie más ciego que aquel que no quiere ver, como dicen.

Pero, por lo general, esto no es del todo cierto. He tenido varias experiencias con personas que creía que eran estalinistas empedernidos y que, aparentemente, nunca se dejarían convencer. Pero, gracias a argumentos pacientes y a una discusión camaraderil, la experiencia me demostró lo contrario.

Convencer a Jim Brookshaw fue precisamente uno de esos casos.

Un nuevo papel

Una vez que Jim tomó una decisión, se dedicó con entusiasmo a su nuevo papel como militante de nuestra organización.

Él y su esposa, Marion, se dedicaron activamente a fortalecer nuestro grupo de base en el sur de Londres, que antes se había quedado rezagado frente al del norte.

En cuanto al Partido Comunista, Ted y yo al principio pensamos pedirle que siguiera trabajando en el partido, pero pronto llegamos a la conclusión de que sería un error.

El propio Jim no estaba de acuerdo, pues consideraba que ya no quedaba nadie en su círculo a quien pudiera convencer. Pronto se habría convertido en un hombre señalado, aislado y marginado.

Siguió desempeñando un papel muy activo como activista sindical en el sindicato de impresores, sobre todo durante la importante huelga de los trabajadores de la imprenta en el famoso conflicto de Wapping.

Pronto se ganó una merecida reputación como camarada destacado en la organización Militant, hasta llegar a formar parte del Comité Central.

Jim, una persona extremadamente simpática y sociable, era una figura popular en la organización. Era famoso por su sentido del humor pícaro, que aprovechaba al máximo cuando le pedían que hiciera la colecta en la Conferencia Nacional.

Recuerdo muy bien cómo empezaba uno de esos llamamientos. Subía a la tarima a paso firme, se enfrentaba al público y sacaba un revólver de juguete que blandía en el aire, mientras gritaba: «¡Cierren todas las puertas!»

Pero, a pesar de todos los éxitos de Militant, había muchas cosas que no andaban bien en esa organización.

Las tensiones en la cúpula terminaron estallando en una escisión abierta en la dirección cuando Peter Taaffe y su pandilla se enfrentaron a Ted Grant y a mí.

No recuerdo qué papel desempeñó Jim en esa disputa. Creo que estaba muy ocupado con las huelgas y otros conflictos.

Además, al igual que la gran mayoría de la militancia, no tenía ni idea de los problemas en la dirección, por lo que la escisión lo tomó —a él y a muchos otros— por sorpresa.

Pero no tardaron mucho en darse cuenta de lo que estaba pasando, tanto Jim como su nueva pareja, Hazel.

Les disgustó especialmente la campaña difamatoria y calumniosa que los taaffeístas lanzaron contra Ted Grant y contra mí.

Un nuevo comienzo

Jim y Hazel se unieron a la nueva organización que tuvimos que reconstruir a partir de los escombros que dejó la escisión de los taaffeístas.

Observaron con entusiasmo cómo nuestra nueva organización se ha desarrollado y crecido en los últimos años. Les entusiasmó especialmente el lanzamiento del Partido Comunista Revolucionario.

Muchos compañeros los habrán visto en reuniones y escuelas internacionales, a las que asistían regularmente, hasta que la enfermedad de Jim lo hizo imposible.

Presentación de Historia de la filosofía en Bookhaus, Bristol, en 2021. Jim y Hazel aparecen en primera fila junto a Ana.

En el último período de su vida, Jim desempeñó un papel muy activo, junto con su pareja Hazel, en la construcción del grupo de base de nuestra organización en Bristol, que fue dirigido con gran habilidad por Kevin y su pareja Jane. Kevin tuvo la amabilidad de enviarnos una foto muy bonita de una reunión en Bookhaus, en Bristol, en otoño de 2021, en la que presenté la nueva edición de mi Historia de la filosofía.

Pasamos la noche en la casa de Kevin y Jane (¡quienes durmieron en el piso!). Kevin me recordó que Jim y yo «¡Nos dimos un buen trago de mi mejor whisky como dos osos viejos!», lo que demuestra que los verdaderos comunistas pueden disfrutar de los placeres de la vida tanto como cualquier otra persona, siguiendo fielmente el lema favorito de Marx: «No considero ajeno a mí nada humano».

¡Supongo que eso incluye una botella ocasional de buen whisky!

Posdata

Hace poco leí una entrevista que alguien le hizo a Jim durante la última etapa de su vida, cuando ya empezaba a presentar los primeros síntomas de demencia.

La entrevista es muy interesante y contiene muchos pequeños detalles que Jim recordaba, aunque las lagunas en su memoria e incluso ciertos elementos que se han confundido con el paso del tiempo están claramente presentes. Publicaremos la entrevista en marxist.com.

Jim Brookshaw era un hombre grande en todos los sentidos. Eso lo sentían instintivamente todos los que se cruzaban con él.

Ahora, el gran Jim Brookshaw ya no está con nosotros.

El Partido ha perdido a un camarada excepcional. Yo he perdido a un amigo muy querido. Y la humanidad ha perdido a un gran ser humano. El mundo de hoy es un lugar más pobre y más triste.

Pero todos somos más ricos y felices por haber conocido y querido a este gran hombre. Y su recuerdo seguirá vivo en nuestros corazones y mentes.

Por mi parte, siempre recordaré con el mayor placer y gratitud los muchos años que compartimos como camaradas y amigos.

A Hazel, Ben, Hannah y a toda la familia y los amigos de Jim les envío mi más cálida solidaridad, mis condolencias y mi cariño.

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Author: Alan Woods

Teórico y autor británico de tendencia trotskista. Es uno de los dirigentes de la Internacional Comunista Revolucionaria (antes Corriente Marxista Internacional) y editor de la revista digital "In Defence on Marxism". Es autor de varios libros, los más recientes de los cuales se titulan "The History of Philosophy: A Marxist Perspective" (2021) y "Class Struggle in the Roman Republic" (2023)