La obediencia ciega, la disciplina revolucionaria y la juventud

Los obreros de todo el mundo se encuentran en una encrucijada. Después de una serie de triunfos de la reacción imperialista, principalmente del fascismo, el proletariado tendrá que pasar por años de duras prue­bas y de luchas difíciles. Sólo se podrá asegurar la con­tinuidad del movimiento revolucionario con la condi­ción de que surjan nuevos batallones de combatientes de la joven generación, probados y plenamente conven­cidos.

La socialdemocracia, con su huida ante Hitler, de­mostró de manera concluyente que sólo es capaz de for­mar lacayos, no combatientes. Nada puede enseñar este partido a los obreros jóvenes. Sólo la escuela de Marx y Lenin les muestra el camino para atravesar victoriosamente el infierno imperialista y fascista hacia una sociedad socialista.

Aunque llamamos a los obreros a agruparse en tor­no a la bandera de la Comintern, creemos que es nues­tra obligación decir con toda claridad que su revisión de los principios del comunismo y la degeneración burocrática de su régimen son un obstáculo enorme para que su influencia se difunda entre los obreros jóvenes y dificultan la correcta educación revolucionaria de los mismos.

La revisión de los principios encuentra su peor ex­presión en la teoría del “socialismo en un solo país”, que socava el internacionalismo proletario y sirve para encubrir en las filas obreras toda clase de tendencias pequeñoburguesas, reaccionarias, utópicas y naciona­listas.

En una serie de documentos programáticos basados en la experiencia de los últimos diez años, la Oposición de Izquierda Internacional (bolchevique leninista) de­nunció las distorsiones fatales que el centrismo buro­crático introdujo en la teoría y la práctica del comunis­mo. Es necesario que esta Conferencia de la Juventud eleve una protesta vigorosa contra el régimen burocrá­tico incluido en el partido, que ahoga la vida interna de la vanguardia comunista y cierra toda posibilidad de desarrollo independiente de la juventud.

La obediencia ciega es una virtud útil al soldado de un ejército capitalista, no al combatiente proletario. La disciplina revolucionaría tiene sus raíces en el pensa­miento y en la voluntad colectivos. Un partidario del comunismo científico no cree en las palabras; juzga todo a la luz de la razón y de la experiencia. La juventud no puede aceptar el marxismo por mandato; debe asi­milarlo por sí misma, mediante un esfuerzo indepen­diente del pensamiento. Precisamente por eso debe tener no sólo la oportunidad de educarse sino también la de equivocarse, para poderse elevar, a través de sus propios errores, a una concepción comunista. La disci­plina burocrática y artificial se hizo polvo en un momen­to de peligro. La disciplina revolucionaria no excluye, exige, el derecho a la comprobación y a la crítica. sólo por esta vía se podrá crear un ejército revolucionario indestructible.

El obrero joven necesita que el partido lo dirija, pero la dirección no puede ejercerse por decreto. Cuando, a cada paso, se utiliza la coerción en lugar de la persua­sión, la organización pierde su aliento vital y, con ello, a la gente.

Debemos repudiar y acabar implacablemente con la represión, la calumnia y los métodos físicos en la pugna entre los distintos grupos y fracciones del movi­miento obrero. Estos métodos viles no tienen nada que ver con el arsenal de la educación comunista. La buro­cracia stalinista los introdujo en el movimiento obrero y durante los últimos diez años envenenaron la atmósfe­ra de la vanguardia proletaria, sobre todo entre la ju­ventud, y aislaron a las organizaciones de las amplias masas trabajadoras.

Debemos liberar el programa revolucionario y el régimen interno de todo vestigio del stalinismo y llevar nuevamente a la Comintern a la senda de Marx y Lenin.

10 de abril de 1933

Author: León Trotski

Lev Davídovich Bronstein (27 de octubre / 8 de noviembre de 1879 - 21 de agosto de 1940), mejor conocido como León Trotski, fue un político y revolucionario comunista de origen ruso. Junto a Vladimir Lenin, fue uno de los organizadores de la Revolución de Octubre en Rusia. Como Presidente del Soviet Militar Revolucionario, organizó el Ejército Rojo, encargado de la defensa de la revolución rusa. Luego de la muerte de Lenin, organizó la Oposición de Izquierda para enfrentarse a las políticas de Josef Stalin, lo cual provocó su exilio de la Unión Soviética. En 1938 fundó la Cuarta Internacional y fue asesinado en México por un agente de Stalin en 1940.