Los obreros sin voz: genealogía de una mirada tradicional en la historiografía puertorriqueña

Antes de que la “nueva historia puertorriqueña” desplazara el foco hacia la vida social y las experiencias cotidianas, el movimiento obrero había sido narrado desde una distancia cómoda: la del Estado, los partidos y los líderes que hablaban en nombre de otros. En esos relatos, el obrero no aparece como sujeto histórico, sino como categoría administrativa, problema moral o pieza funcional dentro de un orden político que lo excede.

Esa mirada —forjada en el siglo XIX y consolidada en el XX— no solo moldeó la historiografía, sino que dejó una huella persistente en la manera en que se enseña y se imagina la historia en Puerto Rico. Reconocer esa tradición es indispensable para entender cómo se configuró el discurso que, durante décadas, definió al trabajador desde afuera y cómo ese legado continúa influyendo en nuestras narrativas públicas.

Entre los autores que anticipan —aunque desde marcos tradicionales— el interés por las clases trabajadoras, destacan Salvador Brau y Bolívar Pagán. Ambos escriben desde contextos políticos distintos, pero comparten un gesto común: construyen al obrero desde afuera, desde la mirada del intelectual o del político que interpreta, clasifica y ordena. Esa distancia entre representación y experiencia se hace evidente cuando observamos cómo los primeros historiadores abordaron la clase trabajadora.

Salvador Brau: el jornalero como categoría moral y social

Salvador Brau, figura clave del siglo XIX, se acerca a las clases jornaleras desde una sensibilidad liberal decimonónica que combina observación empírica con un tono de reforma moral. En Las clases jornaleras de Puerto Rico, identifica al jornalero como el antecedente directo de la clase obrera y utiliza el Bando de Policía y Buen Gobierno de 1837 para explicar cómo el Estado definió y reguló a quienes “careciendo de propiedad alguna” debían colocarse al servicio de otro mediante salario.

Su metodología, heredera del positivismo, privilegia la descripción minuciosa y la recopilación documental. Sin embargo, esa precisión convive con una empatía paternalista que revela los límites de su mirada. Brau observa al jornalero con compasión, pero también desde la convicción de que su lugar en la sociedad responde a un orden natural que debe corregirse, no cuestionarse. Su obra inaugura un discurso que influirá en estudios posteriores: el obrero como problema social antes que como actor histórico.

Salvador Brau (1842–1912), historiador y ensayista puertorriqueño. Su obra sobre las clases jornaleras marcó un punto de partida en la historiografía del trabajo.

Bolívar Pagán: el obrero subordinado al relato político

A mediados del siglo XX, Bolívar Pagán retoma el tema desde la historia política. Militante del Partido Socialista, organiza su Historia de los partidos políticos puertorriqueños (1898–1961) como una crónica de plataformas, discursos y convenciones. Su objetivo declarado es reconstruir, con “objetividad”, la evolución de las ideas políticas en Puerto Rico.

Esa insistencia en la objetividad, sin embargo, revela sus tensiones internas. La obra se centra en líderes, partidos y decisiones institucionales, dejando en segundo plano las condiciones sociales y económicas que moldearon la vida de los trabajadores. El obrero aparece mencionado —por ejemplo, en la fundación del Partido Comunista Puertorriqueño—, pero siempre como extensión de un proyecto político mayor. Pagán aporta una valiosa documentación primaria, pero su marco interpretativo reproduce la lógica tradicional: la historia se mueve desde arriba, guiada por dirigentes y estructuras partidistas.

En apariencia, resulta contradictorio que un dirigente socialista como Pagán —alguien que conoció de cerca las huelgas, los conflictos laborales y la organización obrera— reproduzca una mirada tradicional de la historia. Pero esa paradoja se aclara cuando observamos cómo está construida su obra más importante, Historia de los partidos políticos puertorriqueños. Aunque Pagán militó en un partido obrero, su libro organiza el pasado desde la perspectiva de los líderes, las convenciones, las plataformas y las decisiones institucionales. El trabajador aparece, pero casi siempre como figura secundaria dentro de un relato dominado por dirigentes y estructuras partidistas.

Esa elección narrativa responde a varias fuerzas históricas. Pagán se formó en un momento en que la historia “seria” se escribía desde arriba: próceres, partidos, leyes, grandes debates parlamentarios. Ese era el canon que otorgaba legitimidad pública, y apartarse de él podía verse como falta de rigor. Incluso intelectuales vinculados a luchas sociales tendían a reproducir ese modelo porque era el que definía qué contaba como historia y qué no.

Bolívar Pagán (1897–1961), periodista, político e historiador. Su obra sobre los partidos políticos refleja la mirada tradicional centrada en líderes y estructuras.

A esto se suma que Pagán escribía desde un proyecto político concreto: demostrar que el Partido Socialista era una fuerza moderna, disciplinada y capaz de gobernar. Para lograrlo, necesitaba presentar su historia como una trayectoria ordenada, racional y respetable. Esa intención lo llevó a privilegiar la narrativa institucional por encima de la experiencia obrera. Su obra busca legitimar al partido más que explorar la vida cotidiana de los trabajadores que lo sostenían.

El clima ideológico del siglo XX también pesaba. En plena Guerra Fría, una historia centrada en huelgas, disturbios, cultura obrera o prácticas radicales podía interpretarse como demasiado subversiva. La historia política tradicional ofrecía un terreno más seguro para un intelectual socialista que aspiraba a reconocimiento público.

Por eso, más que una contradicción personal, Pagán encarna una tensión propia de su tiempo: se podía luchar por los trabajadores en la práctica, pero seguir escribiendo la historia desde los marcos heredados del siglo XIX. Su obra muestra cómo incluso quienes participaron en luchas obreras podían reproducir una narrativa donde el obrero no es sujeto histórico, sino pieza dentro de un relato mayor. Esa tensión explica por qué la Historia de los partidos políticos es tan valiosa como documento político, pero limitada como historia social: refleja el peso de una tradición historiográfica que aún no había sido cuestionada por completo. 

La nueva historia puertorriqueña

Aunque distantes en tiempo y enfoque, Brau y Pagán comparten un punto ciego: ambos describen al trabajador desde la mirada del intelectual, del político o del administrador. El obrero es categoría, evidencia o problema; rara vez sujeto con voz propia. Esta tradición historiográfica, heredera del positivismo y del procerato, privilegia fechas, decretos, líderes y estructuras, dejando fuera la experiencia cotidiana del trabajo, la conflictividad social y la agencia colectiva.

Precisamente contra ese legado reaccionará la nueva historia puertorriqueña, que desplaza el foco hacia la vida social, las luchas obreras, las desigualdades y los procesos económicos. Pero para comprender ese giro, es necesario reconocer primero el peso de la tradición que lo precede y cómo esa tradición moldeó —y limitó— la manera en que se pensó al obrero en Puerto Rico.

A partir de la década de 1970, este cambio se nutrió de debates internacionales que cuestionaban la rigidez del marxismo ortodoxo y la centralidad exclusiva de las estructuras económicas. Autores como E. P. Thompson y Eric Hobsbawm influyeron decisivamente en Puerto Rico al demostrar que la clase trabajadora no podía entenderse solo como producto de un “modo de producción”, sino como una formación histórica compleja donde cultura, religión, prácticas cotidianas y experiencias compartidas moldean la conciencia colectiva. La “historia desde abajo” abrió así un espacio para estudiar disturbios, rituales, canciones, huelgas y formas de sociabilidad obrera como expresiones de agencia, no como simples efectos de condiciones materiales.

En Puerto Rico, esta renovación permitió desplazar la mirada más allá de sindicatos, partidos y líderes, incorporando temas como cultura obrera, vida cotidiana, migración, género y solidaridad en la huelga. Historiadores como Ángel Quintero Rivera, Gervasio L. García, Juan José Baldrich, Arturo Bird Carmona y Juan Ángel Silén ayudaron a desmontar la imagen rígida y uniforme del “obrero” que había dominado la historiografía anterior. Sin embargo, incluso dentro de esta renovación persistieron vacíos: la experiencia de las mujeres obreras, por ejemplo, solo comenzó a recibir atención en los años ochenta, muchas veces impulsada por historiadoras feministas que cuestionaron la tendencia a representar la clase como un sujeto homogéneo y masculino.

Lo más inquietante es que, a pesar de los avances historiográficos, las escuelas y universidades en Puerto Rico continúan reproduciendo en gran medida esa mirada tradicional: una historia narrada desde arriba, centrada en próceres masculinos, en gestas políticas y en un orden paternalista que deja poco espacio para las voces subalternas. Aunque en algunas universidades públicas —como el Recinto de Río Piedras de la UPR— sí se enseñan de manera sistemática las concepciones de la nueva historia y se discuten sus aportes, estos enfoques no han logrado transformar por completo la enseñanza general del país. La mayoría de los currículos escolares y muchos cursos introductorios universitarios siguen organizando el pasado desde la narrativa tradicional, centrada en próceres, fechas y gestas políticas. Esa brecha entre lo que se investiga en la academia y lo que se enseña en las aulas explica por qué la mirada heredada del siglo XIX continúa moldeando el imaginario histórico de Puerto Rico.

Esa persistencia revela que la disputa por cómo narramos el pasado no es solo académica: es también una disputa por el presente y por las posibilidades de imaginar un país donde las voces históricamente silenciadas ocupen el centro del relato.

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Author: Christian Vélez Pagán

Historiador egresado del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, donde completó su doctorado en Historia de Puerto Rico. Su investigación se centra en el movimiento obrero y las transformaciones sociales de la historia contemporánea puertorriqueña. Su trabajo busca rescatar las voces del pueblo trabajador y aportar a una comprensión más profunda de las dinámicas históricas que configuran el presente puertorriqueño.