Durante los próximos 10 meses, las elecciones presidenciales dominarán la vida política francesa. La campaña electoral estará muy polarizada, al igual que la propia sociedad. La crisis del capitalismo y el retroceso social constante han provocado una polarización política cada vez mayor, tanto hacia la derecha como hacia la izquierda. A la derecha, quien se beneficia de esto es el Rassemblement National (Agrupación Nacional). A la izquierda, está La Francia Insumisa.
La candidatura de Mélenchon contará con el apoyo de millones de jóvenes y trabajadores que quieren derrotar a la derecha y a la extrema derecha, pero también acabar con todas las políticas de austeridad. Cientos de miles de personas se involucrarán en la campaña de «La Francia Insumisa». Colocarán carteles, repartirán volantes, organizarán visitas puerta a puerta, reuniones públicas y mítines. Se esforzarán por convencer a su entorno, a sus compañeros de trabajo, a sus amigos y a su familia.
El Partido Comunista Revolucionario no se mantendrá al margen de este movimiento de masas.
Apoyaremos la candidatura de Jean-Luc Mélenchon —como lo hicimos en 2012, 2017 y 2022—. A lo largo de toda la campaña, defenderemos esta candidatura frente a las mentiras y calumnias que los grandes medios burgueses difundirán, día y noche, contra «La Francia Insumisa» y su candidato.
Defenderemos esta candidatura frente a todas las fuerzas políticas situadas a su derecha. La defenderemos frente al RN, frente a los 50 matices del macronismo —y frente a los partidarios de una supuesta «primaria de la izquierda», cuyo único objetivo es socavar la candidatura de Mélenchon. Participaremos en esta contienda electoral para derrotar a todos los candidatos del statu quo —todos los que quieren continuar y agravar las políticas de austeridad, la destrucción de nuestras conquistas sociales y el saqueo de los servicios públicos.
Sin embargo, el PCR es un partido marxista y comunista. Defenderemos nuestras ideas y nuestro programa comunista. No vamos a renunciar a nuestro programa revolucionario. Para acabar con todas las formas de miseria, explotación y opresión, hay que romper con el capitalismo. Hay que nacionalizar todos los grandes sectores de la economía y reorganizar la sociedad sobre la base de una planificación democrática de la producción. Le corresponde a la clase obrera llevar a cabo esta revolución y esta transformación radical de la sociedad. Solo la clase obrera está en condiciones de hacerlo. Ni una bombilla brilla, ni una rueda gira sin el permiso de los trabajadores. Es la clase obrera la que produce toda la riqueza. De ella dependen la economía, la administración y los servicios públicos. Por lo tanto, le corresponde a esta clase —a nuestra clase— tomar el poder y construir una sociedad socialista.

Ese es el eje central de nuestro programa revolucionario. Sin embargo, no es el eje central del programa de La Francia Insumisa. La FI es una organización reformista. Su programa contiene muchas medidas muy progresistas, que apoyamos porque van en la dirección correcta. Pero el programa de «La Francia Insumisa» se propone acabar con la miseria y el desempleo sin romper con el capitalismo, sin expropiar el conjunto de los grandes medios de producción. Creemos que eso es una ilusión reformista.
Para entenderlo, supongamos que Mélenchon gana las elecciones presidenciales —y que, a raíz de ello, cuenta con una mayoría en la Asamblea Nacional.
Es totalmente posible —y totalmente deseable—. Pero la burguesía ejercerá presiones colosales para que un gobierno de la FI renuncie a su programa: al aumento significativo del salario mínimo, a la contratación de cientos de miles de funcionarios, a la financiación masiva de los servicios públicos y a la tributación del capital. Los grandes empresarios amenazarán con cerrar sus empresas, congelar sus inversiones y trasladar la producción a otros países. Los tipos de interés de la deuda pública aumentarán. Estas presiones económicas serán respaldadas, difundidas y orquestadas por todos los grandes medios de comunicación. La burguesía también movilizará su aparato de Estado para sabotear —de mil y una maneras— las medidas progresistas del gobierno. No debemos hacernos ilusiones al respecto: la burguesía se opondrá con todas sus fuerzas a un gobierno de la Francia Insumisa.
Por supuesto, no se puede predecir con exactitud el ritmo y la intensidad de la ofensiva patronal contra un gobierno de la FI. Eso dependerá de la relación de fuerzas entre las clases. Las movilizaciones masivas —en apoyo al gobierno— podrían poner a la burguesía a la defensiva y ofrecer cierto margen de maniobra a la FI. Pero mientras la burguesía controle los grandes medios de producción, los bancos, el aparato estatal y el conjunto de los grandes medios de comunicación, nunca renunciará a defender su poder y sus privilegios. Ya sea de manera espontánea u orquestada, la burguesía utilizará todas las palancas de las que dispone para doblegar a un gobierno de la FI.
En este contexto, un gobierno de la FI solo tendrá dos posibilidades. O bien pasará a la ofensiva y romperá la presión de la gran burguesía al nacionalizar las principales palancas de la economía. O bien renunciará a su programa, tarde o temprano —como tantos otros gobiernos de izquierda en el pasado han renunciado a su programa bajo la presión de la burguesía.
Contrario a lo que afirman los dirigentes de la Francia Insumisa, no habrá una tercera vía, porque es imposible acabar con la miseria, la explotación y las opresiones sin romper con el capitalismo. En el contexto actual, ni siquiera será posible mejorar de manera seria y duradera las condiciones de vida de las masas sin romper con este sistema. En medio de una profunda crisis del capitalismo, la burguesía francesa exige una política de austeridad y de contrarreformas drásticas. ¡No tiene intención de permitir que Mélenchon aplique tranquilamente su programa durante cinco años!

Esto es lo que el Partido Comunista Revolucionario explicará, con datos y cifras que lo respalden, a lo largo de toda la campaña electoral. La conclusión que se deriva de ello es clara: sea cual sea el resultado de las elecciones presidenciales, la clase obrera necesitará un partido decidido a romper con el capitalismo y a emprender la transformación socialista de la sociedad. Esto es cierto tanto en Francia como en todos los países, y por eso el PCR es miembro de la Internacional Comunista Revolucionaria, que opera en todos los rincones del mundo.
Nuestro partido y nuestra Internacional están creciendo rápidamente, pero no somos —ni en Francia ni en otros lugares— una alternativa inmediata a las grandes organizaciones reformistas como la Francia Insumisa. Hay que construir esta alternativa —y hay que construirla ahora, al tiempo que participamos en la lucha por la victoria electoral de Mélenchon en mayo de 2027. ¡Por eso llamamos a todos quienes comprenden este enfoque a unirse a nosotros, a unirse al PCR y a defender con nosotros las ideas y el programa de la revolución socialista!










