La mayor huelga de enfermería en la historia de la ciudad de Nueva York está en marcha

El 12 de enero de 2026, 15,000 enfermeras del sector privado abandonaron sus puestos de trabajo, iniciando la mayor huelga del sector de la salud que haya visto jamás la ciudad de Nueva York.

Organizadas por la Asociación de Enfermeras del Estado de Nueva York (New York State Nurses Association, NYSNA), las enfermeras exigieron lo que debería ser una base ya establecida: dotaciones seguras de personal, salarios justos, cubierta médica completa y pensiones, beneficios para las enfermeras jubiladas de 60 a 65 años y lugares de trabajo más seguros. Ocho de cada diez enfermeras experimentan violencia en el lugar de trabajo, así como altos niveles de agotamiento, y enfrentan represalias de la gerencia cuando se quejan. La huelga pone al descubierto un sistema de salud diseñado para maximizar las ganancias a costa tanto de los pacientes como de las trabajadoras y los trabajadores.

La administración hospitalaria ha rechazado todas y cada una de las demandas de las enfermeras. Su contraoferta de una suma simbólica anual de 4,500 dólares por enfermera —375 dólares al mes— representa solo una fracción del aumento vertiginoso de los costos de salud. Mientras tanto, los hospitales están gastando más de 100 millones de dólares en “enfermeras sustitutas temporales”.

Kenneth Raske, presidente de la Greater New York Hospital Association, el principal grupo de cabildeo del sector hospitalario en Albany, dijo a The New York Times: “Las demandas del sindicato son tan escandalosas que no hay forma de que [los propietarios de los hospitales] puedan concederlas”. Sin embargo, en estos mismos sistemas, los privilegios de viaje de seis cifras y las decenas de millones en remuneración ejecutiva contrastan de forma flagrante con las afirmaciones de que las demandas de las enfermeras son “inasequibles”. Las enfermeras solo pueden soñar con comer en los caros restaurantes en los que personas como Raske cenan con regularidad.

Los hospitales no son más que grandes empresas capitalistas, íntimamente vinculadas a las industrias inmobiliaria, bancaria, aseguradora, farmacéutica y al complejo médico-industrial. Las cifras revelan las verdaderas prioridades: NewYork-Presbyterian informó más de 10.6 mil millones de dólares en ingresos, 10.1 mil millones en gastos, 22 mil millones en activos y 64.5 millones en remuneración ejecutiva, incluido su director ejecutivo Steven Corwin con 23.3 millones de dólares, además de viajes en primera clase y vuelos chárter para el personal de alto nivel.

Mount Sinai informó 4.65 mil millones de dólares en ingresos, 4.54 mil millones en gastos, 5.9 mil millones en activos y más de 10 millones en remuneración ejecutiva, mientras que Montefiore reportó 5 mil millones de dólares tanto en ingresos como en gastos, con 4.6 mil millones en activos. Esta es la escandalosa realidad de la atención médica bajo el capitalismo: la riqueza se concentra en la cúspide y las y los trabajadores están sobrecargados, mientras los pacientes sufren.

Esta es la escandalosa realidad de la atención médica bajo el capitalismo. Imagen: NYSNA Facebook

Las enfermeras tanto de hospitales privados como públicos están representadas por NYSNA, pero sus contratos en cada hospital están estructurados para vencer en momentos distintos. Esto beneficia a los patronos, ya que les permite ofrecer concesiones diferentes a las enfermeras de cada hospital y reduce el riesgo de que todos los hospitales se vayan a huelga al mismo tiempo.

Actualmente, los hospitales en huelga están esquivando las líneas de piquete enviando a sus pacientes a hospitales no afectados. Esto debilita la huelga al hacer que enfermeras dentro de la misma organización, en la práctica, crucen las líneas de piquete unas de otras. Esta es una táctica clásica de dividir para vencer que los patronos han utilizado durante mucho tiempo, al menos desde la huelga general de Nueva Orleans de 1892.

Como era previsible, los ejecutivos hospitalarios han recurrido a los medios para difamar y atacar a las trabajadoras en huelga. Joe Solmonese, vicepresidente sénior de comunicaciones estratégicas de Montefiore, calificó las demandas de NYSNA como “imprudentes e irresponsables”. Un representante de New York-Presbyterian declaró que “mientras NYSNA ha dicho a las enfermeras que se alejen del cuido del paciente, nosotros seguimos enfocados en nuestros pacientes y en su atención”.

Pero son los capitalistas quienes no se preocupan ni por sus pacientes ni por sus enfermeras. El 8 de enero, un paciente que había sido admitido en el Hospital NYP–Brooklyn Methodist para la evaluación de síntomas de un derrame cerebral se encontraba en estado de angustia y se estaba autolesionando. Estados mentales como la agitación y la confusión son síntomas comunes de eventos neurológicos, y la familia dijo al New York Daily News que el paciente no tenía antecedentes de enfermedad mental. Cuando el personal del hospital y la seguridad no pudieron desescalar la situación, se llamó al Departamento de Policía de Nueva York (NYPD). Estos respondieron disparando y matando al paciente, quien se había atrincherado en su habitación con otro paciente.

Este trágico suceso podría haberse evitado si la administración hubiera atendido las constantes quejas de las enfermeras sobre la seguridad en el lugar de trabajo y la insuficiencia de personal. Como dijo una enfermera de cuidados intensivos: “Es una locura. Todo el sistema está roto. Los sistemas hospitalarios están rotos. Solo se preocupan por sus bolsillos y por sus accionistas”.

Otra ironía trágica es que la administración está amenazando con recortar los beneficios de salud de NYSNA. Las enfermeras brindan atención médica a todo el mundo, pero los patronos no creen que éstas merezcan una cobertura de alta calidad. La única forma en que las y los trabajadores pueden proteger sus salarios y beneficios es negándole su fuerza de trabajo a los patronos. Recortar los beneficios de salud no deja a las enfermeras otra opción que levantar una línea de piquete. Si alguien debe ser señalado por actuar de manera “imprudente e irresponsable” con los pacientes, es la administración.

El objetivo de una huelga es paralizar la producción de bienes y servicios. Si la actividad continúa alrededor de la huelga, esta es ineficaz. Lo primero que puede hacerse para fortalecer la huelga es incorporar a todas las enfermeras de NYSNA a la lucha. “¡Una lesión a una es una lesión a todas!” solía ser el grito de guerra del movimiento obrero, y debe volver a serlo.

El objetivo de una huelga es paralizar la producción de bienes y servicios. Imagen: NYSNA Facebook

La reaccionaria Ley Taft-Hartley, aprobada en 1947 como respuesta a la enorme ola de huelgas de 1945–46, prohíbe las “huelgas de solidaridad”, una de las herramientas más eficaces de la lucha de la clase trabajadora. Esta ley debe ser desafiada si el movimiento obrero quiere volver a ser fuerte. Pero no debe quedarse ahí. La gobernadora Kathy Hochul firmó una orden ejecutiva para permitir que los grandes ejecutivos del sector salud contraten rompehuelgas de todo el país que no están licenciados en Nueva York para cruzar las líneas de piquete.

La dirección sindical no debe permitir que los rompehuelgas entren a los hospitales. Deben formar piquetes firmes frente a las entradas y apelar políticamente a las enfermeras no sindicalizadas. Deben explicar que están luchando por salarios más altos, atención médica y otros beneficios, y mejores condiciones de seguridad, y que si las enfermeras no sindicalizadas se unieran a los piquetes, ¡podrían conquistar todas estas reivindicaciones de manera colectiva!

Las enfermeras también podrían apelar al movimiento obrero en general para obtener apoyo. Deberían comenzar con otros trabajadores hospitalarios. Deben formular demandas a nivel de toda la industria, con trabajadores de sindicatos como SEIU Local 1199 exigiendo mejoras a sus contratos actuales. Las y los trabajadores no deben aceptar “las reglas” hechas por los patronos para su propio beneficio.

Otros trabajadores también podrían sumarse al esfuerzo. Los sindicatos de la construcción realizan mucho trabajo en los hospitales. Si se niegan a trabajar en esos lugares y, en cambio, se unen a los piquetes hasta que se cumpla cada demanda, esto ejercerá una enorme presión sobre los patronos para que cedan. Un llamado al Sindicato de Trabajadores del Transporte podría paralizar efectivamente la ciudad al detener los subterráneos y los autobuses. Así es como puede construirse un movimiento obrero poderoso que infunda temor en los corazones de las élites de la ciudad de Nueva York. Si los trabajadores pueden paralizar las operaciones cotidianas de los servicios esenciales, ¿quién dirige realmente la ciudad?

La huelga también debería conectarse con el movimiento contra ICE, que está aterrorizando a trabajadores indocumentados y a ciudadanos estadounidenses en todo el país. El reciente asesinato de Renee Good en Minneapolis ha provocado grandes protestas en muchas ciudades. Solo la clase trabajadora puede detener a ICE con su poder de paralizar la sociedad. Si estos movimientos pueden vincularse y continuar creciendo, no hay fuerza en la Tierra que pueda detenerlos.

Artículo publicado originalmente en inglés en la página web de Revolutionary Communists of America (RCA).

Author: Kathleen Lynn

Enfermera unionada afiliada a la Asociación de Enfermeras del Estado de Nueva York (New York State Nurses Association, NYSNA).