La fundación de la Liga Socialista Puertorriqueña (LSP) en 1964 marcó un punto de inflexión en la historia de la izquierda revolucionaria en Puerto Rico. En un país sometido a una reestructuración colonial profunda bajo la hegemonía del imperialismo estadounidense, en plena Guerra Fría, la LSP surgió como una respuesta consciente y radical a la bancarrota política del reformismo, del electoralismo y del nacionalismo. Su objetivo fue claro desde el inicio: unir de manera inseparable la lucha por la independencia nacional con la lucha por el socialismo, desde una perspectiva marxista.
Recuperar la historia de la LSP no es un ejercicio académico ni un acto de nostalgia militante. Es una necesidad política urgente para quienes entienden que el capitalismo colonial en Puerto Rico no puede ser administrado, reformado ni humanizado, sino destruido.
Colonialismo modernizado y contrarrevolución
La LSP nace en un momento histórico marcado por la consolidación del llamado Estado Libre Asociado, impuesto en 1952 como una operación ideológica para encubrir la continuidad del dominio colonial estadounidense. Bajo la retórica del desarrollo, la democracia y la modernización, el imperialismo reorganizó la economía puertorriqueña como un apéndice dependiente del capital estadounidense, combinando industrialización subordinada, represión política sistemática y desmovilización del movimiento obrero.
El Partido Popular Democrático, bajo la dirección de Luis Muñoz Marín, actuó como administrador de este proyecto colonial. Su papel fue doble: por un lado, contener el descontento social mediante reformas limitadas; por otro, aplastar políticamente al independentismo revolucionario y subordinar el movimiento sindical a los intereses del capital. La persecución de militantes, la criminalización de la lucha independentista y la domesticación de los sindicatos no fueron excesos, sino componentes esenciales del modelo colonial.
Frente a este escenario, el triunfo de la Revolución Cubana en 1959 tuvo un efecto electrizante. Cuba demostró, en la práctica, que el imperialismo estadounidense no era invencible y que la independencia real solo podía sostenerse sobre la expropiación de la burguesía y la construcción del socialismo. Para una nueva generación de militantes en Puerto Rico, esta experiencia confirmó una verdad fundamental: no hay liberación nacional sin ruptura revolucionaria.
Fundación de la Liga Socialista Puertorriqueña
Es en este contexto que, el 2 de enero de 1964, Juan Antonio Corretjer funda la Liga Socialista Puertorriqueña. La LSP no surge como una organización independentista más, sino como el producto de una ruptura política con el nacionalismo Ateneísta y con las ilusiones reformistas. Sus filas se nutrieron principalmente de militantes provenientes de la disuelta Acción Patriótica Unitaria (APU) y de sectores marxistas que habían llegado a una conclusión común: la independencia sin socialismo es una farsa, y el socialismo sin ruptura con el colonialismo es imposible.
A diferencia del nacionalismo tradicional, la LSP se definió sin ambigüedades como una organización marxista. Colocó la lucha de clases en el centro de su análisis y entendió el problema colonial de Puerto Rico como una expresión concreta de la dominación capitalista imperialista. La colonia no era un accidente ni un rezago histórico, sino una forma específica de explotación al servicio del capital estadounidense. En este punto, su análisis coincidía en aspectos fundamentales con el del Partido Comunista de Puerto Rico, fundado en 1934, aunque difería en orientación estratégica y práctica política.

Independencia y socialismo: una unidad inseparable
Uno de los aportes centrales de la LSP fue su defensa intransigente de la unidad dialéctica entre independencia y socialismo. Contra las corrientes que promovían una independencia “democrática”, “neutral” o compatible con el capitalismo, la Liga afirmó que la burguesía puertorriqueña —débil, dependiente y subordinada al capital imperialista— era estructuralmente incapaz de liderar una verdadera liberación nacional.
Solo la clase trabajadora, organizada de manera independiente y en alianza con los sectores oprimidos, podía encabezar un proyecto auténtico de liberación nacional. La independencia debía ser necesariamente antiimperialista y socialista; cualquier otro camino conduciría, inevitablemente, a nuevas formas de dependencia.
Este planteamiento inscribía la lucha puertorriqueña en el marco del ascenso de las luchas de liberación nacional en Asia, África y América Latina, y situaba a Puerto Rico como parte integral del combate internacional contra el imperialismo estadounidense.
Inserción en la lucha obrera y estudiantil
La LSP comprendió que sin una inserción real en la clase trabajadora no podía existir proyecto revolucionario alguno. Por ello, dedicó esfuerzos significativos a la educación política, a la organización de base y al trabajo con sectores obreros, en un contexto marcado por sindicatos burocratizados y subordinados al Estado colonial. Frente a esta realidad, la Liga impulsó una orientación clasista, combativa y abiertamente anticapitalista.

De igual forma, la LSP desempeñó un papel relevante en el movimiento estudiantil, particularmente en la Universidad de Puerto Rico, que durante los años sesenta se convirtió en un foco de radicalización política. Las luchas contra el ROTC, la militarización del campus y la presencia imperialista encontraron en la LSP una referencia ideológica y organizativa.
Represión, debates y límites
Como era de esperarse, el Estado colonial respondió con represión. La LSP fue objeto de vigilancia, infiltración y criminalización sistemática. En 1969, la totalidad de su Comité Central fue arrestada bajo cargos de “conspiración”, y en 1970 se atentó contra la vida de Corretjer y de su esposa, Consuelo. Estos hechos confirman que el Estado siempre ha entendido con claridad quiénes representan una amenaza real al orden colonial.
A la represión se sumaron debates estratégicos propios de la izquierda internacional. Aunque Corretjer asumió el marxismo, nunca rompió completamente con ciertos aspectos de su pasado nacionalista. Su insistencia en la huelga electoral como “cuestión de principios”, su ataque a La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo de Lenin —al que descalificó como un “manual para derechistas”— y su rechazo al sindicalismo, al que calificó de “anacronismo”, reflejan tensiones no resueltas. Estas posiciones limitaron la capacidad de la LSP para construir una estrategia acertada de organización de masas.
No obstante, sería equivocado reducir la historia de la LSP a sus errores. Su verdadero legado reside en haber planteado, sin concesiones, la necesidad de una estrategia socialista para la liberación nacional.

Conclusión
Más de sesenta años después, las condiciones que dieron origen a la LSP no han desaparecido: se han agravado. Puerto Rico continúa siendo una colonia, hoy gobernada mediante la deuda, la austeridad y la Junta de Control Fiscal. La clase trabajadora enfrenta precarización, migración forzada, pérdida de derechos laborales y el desmantelamiento de los servicios públicos.
En este contexto, las lecciones de la LSP conservan plena vigencia. Su rechazo a la ilusión de una “mejor administración” del colonialismo y su insistencia en unir independencia y socialismo siguen siendo una brújula política frente al reformismo y al independentismo desvinculado de las necesidades del pueblo trabajador.
La Liga Socialista Puertorriqueña representó un intento serio, honesto y combativo de dotar al movimiento independentista de una base marxista, clasista y antiimperialista. Su historia confirma una verdad que sigue siendo incómoda para muchos: no hay independencia sin socialismo, ni socialismo posible sin la destrucción del colonialismo y del capitalismo.
Hoy, cuando el régimen colonial muestra signos evidentes de agotamiento, retomar críticamente el legado de la LSP no implica repetir fórmulas del pasado, sino recuperar su claridad estratégica. La tarea sigue pendiente: construir una organización revolucionaria capaz de unificar a la clase trabajadora y a los sectores oprimidos en la lucha por un Puerto Rico socialista.
El anterior artículo es un resumen de una investigación en curso.














