Democracia crítica: dialogando sobre democracia participativa

El planteamiento de Democracia Participativa Crítica está íntimamente ligado a los conceptos de Política, en mayúscula, al de poder y al de pensamiento crítico. En él se discuten los tres conceptos que componen su título: democracia, participación y calidad de la participación, o sea, el aspecto crítico. Se discuten desde una perspectiva social y pedagógica en búsqueda de caminos hacia una sociedad no capitalista, no colonial y no patriarcal. Es un planteamiento democrático que parte de una racionalidad de fines1 que persigue, entre otras cosas: el desarrollo de ciudadanos y ciudadanas libres de fetichismos, de ideas discriminatorias, no dependientes de ataduras económicas, libres de ideas preconcebidas por la cultura y las tradiciones, en los que desaparece la existencia del OTRO2. Que pretende romper con el concepto hegemónico del poder como administración del estado y ejercicio de la violencia. Es rescatar la Política como acción socializadora y generadora de poder popular, poder colectivo necesario para forjar la autoestima del colonizado y de todos los discriminados, marginados y explotados. Busca afianzar la identidad social del ser humano. Sea esta étnica, nacional, comunitaria o de clase.

En Puerto Rico la llamada democracia está ausente de los poderes soberanos de nuestro pueblo y solo es un medio para elegir a los administradores de la colonia. En el imaginario del pueblo la democracia existente le sirve para resolver sus problemas existenciales. Los poderes soberanos como nación, que le han sido expoliados, no les parecen necesarios para su vida como individuos. Así, la Democracia Participativa Crítica reclama y se sustenta en que es fundamental, para que responda a los intereses de nuestro pueblo, que se rescaten los poderes soberanos mediante la conquista de la independencia. 

Dicho eso, además del carácter colonial de nuestra llamada democracia, están dos aspectos fundamentales de los procesos democráticos que es necesario discutir: los procesos participativos y la calidad de la participación. El primero tiene que ver con cómo se ve la Política y el poder. El segundo tiene que ver con cómo se toman las decisiones al participar, desde la perspectiva subjetiva y del análisis que guía la acción.

La Política ha sido entendida como una lucha, una competencia, por lograr la administración y el poder. A su vez, el poder se ha entendido como el arte de gobernar y la capacidad de ejercer la violencia. Y gobernar como la administración del gobierno. Ante la corrupción, las mentiras de los representantes electos, el no cumplimiento de los programas que se utilizaron para venderse como los que deben ser administradores, el pueblo se frustra y abandona la participación política, tanto en los procesos electorales como el activarse en los partidos y movimientos político.

Por doquier se escucha: “Todos los políticos y los partidos son iguales”; “los resultados siempre son los mismos, prometen, pero no cumplen”; “no vale la pena participar, mejor me quedo tranquilo en casa”; “la política es sucia”, son frases que se convierten en mantras de frustración, desesperanza y cansancio ante la corrupción y las mentiras de quienes gobiernan.

La Política es mucho más que la participación electoral y la selección de administradores. Tomo prestada la interesante definición de Política de Hannah Arendt3: la capacidad humana para trabajar conjuntamente por intereses comunes. Es el arte de conjugar nuestras diferencias, la pluralidad humana, en metas y fines comunes. La Política, comprendida como acción conjunta para fines sociales, es forjadora de identidad social, de poder colectivo y cumple una función pedagógica.

La participación Política se da en múltiples instancias y a diferentes niveles. Cuando participamos en los trabajos de organización y toma de decisiones en sindicatos, partidos, luchas comunitarias, defensa del ambiente y hasta en reuniones familiares, tomamos decisiones tanto de participar activamente como de opinar. Todas son instancias en las que fines personales y colectivos nos motivan a participar, enfrentar opiniones diferentes, apoyar y oponernos a proyectos y, en última instancia, llegar a acuerdos consensuados o por decisión mayoritaria. 

Ese proceso de participación es a su vez un proceso educativo, vivimos, practicamos la democracia. En él opinamos, pero también escuchamos, nos topamos con ideas diferentes, con proyectos variados. Tenemos que analizar para decidir. Tenemos que ser tolerantes para escuchar. Tenemos que balancear entre los intereses propios y los del colectivo.

En Puerto Rico tenemos varios ejemplos exitosos del desarrollo de poder por el trabajo conjunto, de socializar nacionalmente reclamos incluso de determinados sectores. Como ejemplo podemos mencionar detener la explotación minera y el plan 2020 en la década de 1980, la excarcelación de los presos nacionalistas, la lucha contra el servicio militar obligatorio, sacar los cuarteles del ROTC del recinto de Río Piedras de la UPR, rescatar el Bosque del Pueblo como reserva forestal protegida en Adjuntas, el rescate de playas y detener algunos intentos de privatizarlas, la lucha de Vieques por la salida de la marina, sacar un gobernador inepto en el verano de 2019 y otros comunitarios y ambientales. No son todos y en algunas luchas no hemos visto todavía el éxito. Quedan como luchas que todavía tienen que seguirse dando, la privatización de servicios y recursos públicos. Actualmente están dándose la lucha contra el desarrollo de Esencia en Cabo Rojo y la construcción del paseo ciclista en Rincón. Muchas de las luchas logradas requieren seguir alerta y mantener la participación en su defensa porque la burguesía y el imperio contraatacan para revertir los logros.

Cuando comprendemos la Política como constructora de poder social, más allá de la inmediatez, tenemos que preguntarnos, ¿si no participamos en la política, quien ocupa nuestro vacío? ¿Qué perdemos? El vacío será ocupado por los representantes de la burguesía y el imperio. Habremos perdido la posibilidad del desarrollo del poder popular. Le habremos entregado nuestro destino a representantes profesionales, políticos de la derecha, técnicos y burócratas, que administrarán en contra de los intereses nuestros. Se habrá excluido del planteamiento marxista de que el ser humano hace su historia, a los obreros, las mujeres, la comunidad LGBTQ, los afrodescendientes, los migrantes y todos aquellos que sufren las consecuencias de la destrucción ambiental y del actual sistema capitalista-colonial-patriarcal. Harán la historia los enemigos del pueblo.

En muchos países, buscando corregir lo que llaman deficiencias de la democracia representativa, se han implementado múltiples procesos de participación: mecanismos de fiscalización y rendición de cuentas, legislación ciudadana, revocación de representantes electos, participación de candidatos independientes, coaliciones, doble vueltas electorales, referéndums sobre propuestas de leyes de impacto nacional, y México acaba de tener votación para elección de jueces y fiscales. Estas y otras medidas que discuto en mi libro4 (Cintrón, 2008) se han tomado, pero manteniendo la representatividad y dentro del marco gubernamental, que en última instancia controla su implementación. Entre los ejemplos que podríamos citar de cómo se han manipulado y controlado esos mecanismos recordemos el referéndum donde salió triunfante la unicameralidad y que los partidos gobernantes, PNP y PPD, nunca lo implementaron porque les perjudicaba. También podemos mencionar la manipulación de la ley electoral para prohibir las alianzas, el manejo de los votos adelantados y ausentes, el uso de los aparatos del estado para obstaculizar la candidatura de Mariana Nogales Molinelli y los referéndums amañados como los dos últimos buscando mostrar apoyo a la estadidad. 

Con la Democracia Participativa Crítica entiendo que la representatividad hay que eliminarla o por lo menos minimizarla y que las medidas mencionadas pueden ser útiles y ser mecanismos para que la participación se vaya haciendo cada vez más directa, más comunitaria, pero en la medida que descansen en la representatividad, sean controladas por el gobierno y no provean para la participación directa, no es mucho lo que se logra. Pero, sobre todo, mientras los participantes piensen hegemónicamente los resultados seguirán siendo el triunfo de la corrupción, la segregación y la explotación de seres humanos por otros seres humanos. Los políticos tradicionales, los tecnócratas y los burócratas, habrán traicionado la representación otorgada y establecerán sus propios intereses de clase y de individuos.

Con la Democracia Participativa Crítica el énfasis no está en lo procesal, sino en la calidad de la participación. Y es crítica la participación cuando se analizan las leyes, los programas de los partidos, los proyectos económicos y los perfiles de los candidatos, aplicando el pensamiento crítico dialéctico. 

Aquí es necesario distinguir entre el pensamiento crítico formal y el que yo en mi libro denomino pensamiento crítico crítico (PCC) y que para evitar cacofonía llamaré en adelante pensamiento crítico dialéctico, (PCD). Dialéctico partiendo de la dialéctica materialista y de la teoría crítica. El pensamiento crítico formal enfatiza en aspectos lógicos formales y procedimientos. Parte de creer que la objetividad y la neutralidad absolutas son posibles y deben alcanzarse. Pretende que los sentimientos, las ideas, los intereses particulares, las emociones, la política, la ideología y la cultura, se bloqueen en el análisis.

El pensamiento crítico dialéctico, de lo contrario, inicia reconociendo que se posee una visión de mudo de la que se parte y que constituye una racionalidad de fines, que la objetividad total ni la neutralidad existen. Implica:

  • cuestionar las premisas
  • cuestionar lo obvio
  • buscar las alternativas
  • cuestionarse qué intereses beneficia y a quién perjudica
  • qué mensaje trasmite
  • cómo se relaciona con el poder

Cuando decimos que debe partir de una racionalidad de fines, decimos que la neutralidad no existe, que no hay objetividad absoluta en ningún análisis de aspectos sociales y humanos. Que siempre el acercamiento a un análisis social llega con ideas, sentimientos, preocupaciones, prejuicios, intereses y desde una posición relacionada con el poder, o somos explotadores o explotados, dominantes o dominados, participantes o marginados, patrono u obrero, colonizadores o colonizados, machistas o feministas, individualistas o sociales, racista o racializado, heterosexual o de la comunidad LGBTQ. Independientemente de que también somos de un partido o de otro y asumimos un programa y una ideología. En los análisis no buscamos objetividad, pero sí es importante estar consciente de nuestras perspectivas y no engañarnos a nosotros mismos con falsas neutralidades. Esto no niega la posibilidad de llegar a acuerdos y consensos, siempre buscando el bien común.

Para el pensamiento crítico dialéctico, los fines que deben guiar el análisis deben ser descolonizadores y liberadores del pueblo trabajador, de los discriminados y los marginados. Fines que deben ser: la independencia de Puerto Rico, la construcción de una sociedad no capitalista no colonial y no patriarcal. Que busque el bienestar social y la protección de nuestro ecosistema, fortalezca la libertad y la creatividad. Que reconozca positivamente la diversidad. Que ayude a romper con el colonialismo, el patriarcado y el capitalismo y que represente una visión contrahegemónica del ser humano y de la sociedad. Así, el análisis mediante el pensamiento crítico dialéctico buscará cómo se manifiestan los intereses de clase, la relación con el poder, conmigo como individuo, conmigo como ser social. Buscar los intereses de mi comunidad y los de mi pueblo como nación. Esos deben ser los fines del análisis, pero para lograrlo es necesario transformar la mentalidad del ser humano para que, como dijo Freire, transforme su mundo. 

La transformación es un proceso pedagógico más allá de la escuela, que incluye a la Política, es una lucha ideológica constante en todos los niveles donde la jerarquía, la explotación, el discrimen y el poder de un ser humano sobre otro, existan. Es decir, no es solamente el poder de clases ejercido mediante el estado, es también el que se ejerce en las empresas, las organizaciones públicas y privadas -incluyendo los partidos-, las comunidades, las escuelas y la familia. Es una lucha constante por romper con la hegemonía, es decir, romper el consenso de la sociedad civil que emana de la cultura, el pasado, las costumbres, las tradiciones, la religión, el racismo, la misoginia, la existencia del OTRO, en mayúscula. 

Esa transformación de la consciencia necesita que se promuevan varios factores que emanan de hacerse preguntas provocadoras:

  • Información— no solo datos, se debe tener acceso a cuáles fueron las fuentes, cuáles son los argumentos, cuál es la data que sustenta el planteamiento, cuál es su historia, qué pretende cambiar o modificar, por qué se quiere hacer, cuáles han sido las alternativas rechazadas y por qué. Esa transparencia ante cualquier medida o proyecto es muy fácil de lograr con las actuales tecnologías digitales.
  • Se necesita motivo para luchar, futuro que perseguir, utopía— La izquierda tiene que ofrecer una alternativa al sistema político y socioeconómico, tiene que retar la hegemonía. Si la gente no tiene un fin que perseguir no tendrá un motivo de lucha. Los trabajadores se van a la huelga porque tienen el aliciente de lograr mejores condiciones de trabajo mediante un convenio colectivo. Comunidades del oeste luchan contra el proyecto Esencia porque les va la vida de su ecosistema en ello. Pero ¿cuál es la utopía que ofrece la izquierda si en el proceso electoral descarta la lucha por la independencia y el socialismo y asume como fin político la administración colonial?
  • Se requiere esperanza en que los cambios son posibles, en que otro Puerto Rico es posible— se debe combatir la no participación en política, ver a todos los políticos y los partidos como iguales, en que no se puede hacer nada ante la corrupción. La visión sobre la Política hay que cambiarla y entenderla en los términos sociales y de poder popular que aquí se ha planteado, destacando los éxitos y creando esperanza. 
  • Asimilar la historicidad del ser humano y de la sociedad— nada es eterno, todo cambia y, además de las fuerzas externas que interactúan para mantener o cambiar el estatus quo, están las intrínsecas al ser humano que lo hace capaz de construir su historia.
  • Comprender la complejidad humana y su diversidad— Nuestras decisiones siempre serán un balance, algunas veces justo y otras no, unas veces dando mayor peso a unos aspectos que a otros, pero siempre será el resultado de una lucha entre todas las dimensiones de nuestro ser como individuos, como ser social, como seres espirituales-psicológicos, sexuales e históricos5. Esa dimensión social hay que fortalecerla. Varios mantras ancestrales tienen vigencia hoy en día: de los originales de Indoamérica nos viene: “yo soy mi comunidad” y “Tú eres yo y yo soy tú”, en maya IN LAK’ ECH A LAK’ EN; y del África nos llegan las del UBUNTU: “yo soy porque tú eres”; “una persona es persona a través de los demás”; “mi humanidad está unida a la tuya, profundamente conectada a ella”. Se asume la diversidad y lo social y desaparece el OTRO. Es el imperio de la tolerancia, la empatía y la conciencia social.

Si efectivamente la transformación ideológica, como factor pedagógico se da, es posible aplicar el pensamiento crítico dialéctico: no dar nada por sentado, dudar de las premisas, contrastar alternativas, siempre guiados por la racionalidad de fines planteada anteriormente.

Esos hombres, mujeres y elles transformados, que participen en los procesos democráticos serán seres libres, con conciencia de sí y para sí como seres sociales, sin trabas económicas, fetichistas, religiosas y culturales. Que participarán en la creación de poder popular.  Que ante el sector que protesta en la calle y le cierra el tránsito no se quejará, sino que será empático y mostrará solidaridad.

La participación de esos seres transformados logrará también lideratos horizontales y no caudillistas. Los partidos dejarán de ser vanguardistas, cerrados y monolíticos, en cuyo seno existirá la lucha ideológica, se reconocerá la disidencia, se le respetará y se le proveerán los recursos para impulsar sus planeamientos. La participación Política en partidos, reuniones vecinales, organizaciones sectoriales, en organizaciones sin fines de lucro, en luchas ambientales, etc., pero todas bajo una práctica democrática, es parte del proceso educativo hacia una consciencia social y una democracia participativa crítica.

La izquierda debe romper con el mito burgués e imperialista de que hay que hablar en arroz y habichuela y no comprender que el mundo es complejo. Eduardo Lalo nos dice que hay que hablar en cebolla, ir separando sus capas para desvelar la complejidad. Porque, simplificar el mundo no es otra cosa que afianzar en el pueblo los valores y creencias imperantes. Debemos buscar que los procesos Políticos sean procesos educativos, plantear lo chocante y problemático, utilizar la terminología adecuada y explicarla. Hablar en arroz y habichuela significa una subestimación del pueblo trabajador. Es pensar que ellos no pueden alcanzar nuestra formación académica, que somos más inteligentes, la vanguardia capaz de comprender la complejidad. La simplificación lleva a la superficialidad y a comprender los procesos sociales con mentalidad binaria y positivista de causas y efectos únicos. Esa visión también se experimentó en el marxismo de principios del siglo XX. Este subestimó la interacción entre estructura y superestructura, no dio el peso adecuado a la espiritualidad, vio la formación política como adoctrinamiento, no dio libertad a la creatividad, no reconoció la diversidad humana y su complejidad, desarrolló una relación de dependencia y jerarquía entre partido y movimientos de masa y no reconoció los intereses propios de los diferentes sectores sociales.

Los sectores independentistas y de izquierda también han sufrido de esos males. Por mucho tiempo parecía irreconciliable abogar por la independencia y luchar por el socialismo. Los sectores de tendencia nacionalista predicaban la independencia como una etapa necesaria que debía alcanzarse antes de tratar de definir el tipo de sistema económico. Así la lucha se daba entre los partidos según definían el estatus político. Una forma de simplificar la lucha política.

Otros sectores han enfatizado en la lucha por el socialismo y aunque reconocen la necesidad de la independencia en su discurso, la relegan a un segundo plano. Llegando incluso a simplificar la lucha a un sujeto revolucionario, la clase obrera, minimizando otros sectores sociales. 

Pero no son los únicos. Entre los ambientalistas, los movimientos feministas, antirracistas y por los derechos de la comunidad LGBTQ y de los migrantes, compañeros de la izquierda participantes en esos grupos en lugar de mantener una lucha ideológica en la que se traiga la relación de cada reclamo con la lucha antisistema, destacando la relación que debe existir entre todas ellas y la necesidad de la independencia y el socialismo, mantienen silencio e incluso algunos ni identifican su ideología.

Es cierto que varios sectores de la izquierda han abandonado esa paradoja entre el discurso independentista y el socialista. Pero también es cierto que el partido que se reconocía como el portaestandarte del independentismo, el PIP, ahora “ni chicha ni limona’”. Y hace alianza con un partido que vuelve con la consigna muñocista de que el estatus no está en issue, el Movimiento Victoria Ciudadana (MVC).

Todos esos enfoques, en el fondo, subestiman al pueblo. Evitan trabajar con la complejidad. Se creen la vanguardia que tiene el conocimiento para guiar las luchas y determinar su contenido y no promueven un proceso educativo transformador. En los sindicatos podemos ver líderes independentistas y socialistas que ocultan sus ideologías por advenir a posiciones de liderato y con temor de ser rechazados por su matrícula. La única capacitación que se gestiona para la matrícula es sobre las leyes laborales y el convenio colectivo, pero no se fomentan los consejos obreros de formación Política ideológica y participación democrática. Algunos partidos de izquierda, a lo sumo, organizan capítulos partidistas para empujar sus líneas sectarias.

La izquierda tiene que asumir la lucha por la democracia como eje fundamental de su lucha por otro Puerto Rico posible. Fomentando la participación Política y asumiendo el discurso que une la lucha por la independencia, el socialismo y todas las reivindicaciones actuales por la que luchan los diferentes sectores.

Por la independencia y el socialismo: ¡Viva Puerto Rico libre!

¡Qué vivan las luchas del pueblo!

NOTAS:

  1. Distinguimos entre un proceso pedagógico basado en una racionalidad técnica o instrumental de uno basado en fines. En el primero la educación está dirigida a la eficiencia, el control, la obtención de datos, de información y de procedimientos, presupone “neutralidad” ideológica de parte del educador. En la segunda se reconoce que la “neutralidad” ideológica absoluta no existe y se busca un proceso de aprendizaje donde predomine la búsqueda de fines, que en nuestro caso persiguen la justicia social, el bien común, la paz y la formación del carácter del ser social, entre otros. Para abundar véase: Habermas, Jürgen. (2002). Ciencia y técnica como “ideología” (4ta Ed.). Madrid: Editorial Tecnos, Anaya S.A.: Disponible en https://www.archivochile.com/Ideas_Autores/habermasj/esc_frank_haberm0002.pdf  y Marcuse, Herbert. (1993). El hombre unidimensional: Ensayo sobre la ideología de la sociedad industrial avanzada. Barcelona: Editorial Planeta-De Agostini, S. A.: Disponible en https://monoskop.org/images/9/92/Marcuse_Herbert_El_hombre_unidimensional.pdf 
    ↩︎
  2. En este trabajo el OTRO, en mayúscula, representa la subjetividad capitalista que nos ha penetrado destacando las diferencias naturales y sociales de la diversidad humana, invisibilizando la complementariedad y lo común en lo diverso. No vemos con quien convivimos en la sociedad como congénere, conciudadano, prójimo, con quien soy uno, quien me constituye a la vez que lo constituyo, con quien interactúo en y para formar sociedad, interacción sin la cual no soy ser social, como lee este mantra: “yo soy tú, tú eres yo”. En Pedagogía del oprimido, Paulo Freire lo expresa así: “No existe el unos sin el otro, mas ambos en permanente interacción”, coincidiendo con los conceptos de relacionalidad de la cosmovisión indoamericana y el Ubuntu de la africana.
    El OTRO se manifiesta en dos dimensiones: el eurocéntrico aplicado a los otros pueblos, ellos y los africanos, los asiáticos y los indoamericanos, que hoy se refleja en el rechazo a los migrantes y los cantos por la supremacía blanca y nacional; y la dimensión individual capitalista.  En este trabajo el OTRO está comprendido en la dimensión individual como parte de la visión de mundo hegemónica: aquel individuo distinto a mí, con intereses diferentes, que es competencia para mi bienestar, mi éxito, mi felicidad, mi goce. El ser social, democrático y crítico tiene que desterrar ese OTRO de su mentalidad, este es uno de los fines de una pedagogía crítica, de un pensamiento crítico dialéctico.
    ↩︎
  3. Arendt, H. (1997). ¿Qué es política? Barcelona: Paidós. Disponible en https://elartedepreguntar.wordpress.com/wp-content/uploads/2009/06/arendt-hannah-que-es-la-politica1.pdf  Puede escucharse un vídeo de Arendt sobre el tema en: https://www.youtube.com/watch?v=8TsE8Ix9CRI 
    ↩︎
  4. Federico Cintrón Fiallo. (2008). Democracia participativa crítica; descolonización y socialismo del siglo XXI. San Juan: editorial ALARMA.
    ↩︎
  5. Para abundar sobre estas dimensiones y la complejidad del ser humano recomiendo leer sobre el concepto de ser humano bio-cultural de Morín: Morín, Edgar. (1997). La unidualidad del hombre. Gazeta de Antropología, 1997, 13, 01. https://www.ugr.es/~pwlac/G13_01Edgar_Morin.html  
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Nota editorial: Este artículo recoge la ponencia presentada por el autor durante un conservatorio realizado el pasado domingo 13 de julio de 2025 en la Casa Museo Filiberto Ojeda Ríos.

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Author: Federico Cintrón Fiallo

Escritor, poeta, profesor jubilado, exdirigente sindical y militante de "la nueva lucha” de independencia de Puerto Rico. Durante la década del 1960 fue miembro del Movimiento Pro Independencia (MPI), se negó al Servicio Militar Obligatorio (SMO) y fungió como delegado de la Federación Universitaria Pro Independencia (FUPI) ante la Union Internacional de Estudiantes (UIE) con sede en Praga donde ocupó la vicepresidencia del buró anticolonial. Para la década del 1970 organizó en el Gremio Puertorriqueño de Trabajadores y fue Secretario Ejecutivo del Movimiento Obrero Unido (MOU). En 1984 fue sentenciado por un Tribunal Federal a dos años de cárcel por negarse a colaborar con un Gran Jurado que investigaba organizaciones clandestinas puertorriqueñas. En 1976 fue miembro fundador y portavoz del Frente Revolucionario Anti Electoral (FRAE), luego Frente Revolucionario Antiimperialista (FRAI).