A las mujeres nos matan, nos torturan, nos cosifican y nos degradan. Nos dan peores trabajos, nos dan hambre, nos dan pobreza. En Argentina en 2024, 247 mujeres fueron asesinadas por el simple hecho de ser mujer. En lo que va del 2026 (1 ene – 28 feb), han habido 172 intentos de femicidios con 36 víctimas fatales.
Ser mujer en Argentina es ver amigas maltratadas, abusadas, en relaciones tóxicas, violentadas, tristes, confundidas. Es sentirse insegura saliendo de noche, que vas a tener que trabajar el doble para que te paguen lo mismo que a un hombre, que vas a ganar 27% menos que un hombre. Significa que te pregunten si querés hijos, que por qué no querés hijos, que cómo vas a trabajar con hijos, que cómo vas a tener hijos si no tenés trabajo.
Se nos dice que esto siempre será así porque siempre lo ha sido, pero la condición de la mujer no es porque Eva nació de la costilla de Adán.
Para luchar contra la opresión de la mujer, debemos entender cuáles son sus causas. Se suele escuchar, muchas veces en las universidades, que el marxismo ignora la lucha por la emancipación de la mujer. También se suele decir que la única solución que ofrece el marxismo es esperar hasta que ocurra una revolución, y que mientras tanto nos quedamos con los brazos cruzados, sufriendo y esperando. Se dice que los partidos comunistas son machistas, y que sus líderes han sido machistas.
No hay nada más lejos de la verdad. Los comunistas luchamos por cada una de las reivindicaciones de la mujer trabajadora. Queremos y peleamos en todo el mundo por la legalización del aborto, la adquisición de derechos, salarios justos y sin distinción de género. Creemos que nadie debería ser discriminado por razones de sexo, género, raza, o religión. Creemos que cada mujer debería poder elegir cómo vestirse y cómo vivir su vida, sin que ningún hombre ni nadie decida por ella. De hecho, la conmemoración del 8M la comenzamos los comunistas!
Pero la opresión de la mujer está entrelazada con la sociedad de clases y la lucha por la emancipación genuina de la mujer es la lucha de clases.
El método del marxismo, el materialismo dialéctico, nos permite entender la posición de la mujer a lo largo de la historia así como hoy, en la sociedad capitalista. Marx, en el Manifiesto Comunista, explica que al aumentar la capacidad industrial, aumenta también la necesidad de mano de obra, más barata. Es allí donde entran los niños y las mujeres al proletariado. Pero, también explica Marx, las mujeres proletarizadas “sobran”. Con esto se refiere a que la mujer se encuentra en condiciones de trabajar pero no siempre es integrada a la producción. Se vuelve una mano de obra extra para cuando, al expandirse el capital, sea necesario cubrir las nuevas necesidades. Esto es una condición intrínseca al capitalismo. Necesita de mano de obra extra para mantener la oferta de trabajadores alta y los salarios bajos, para mantener la posición de negociación desbalanceada.

A partir de la industrialización, lo que antes era el salario de un hombre patriarca para toda la familia, se convierte en salarios precarizados tanto para el hombre como para la mujer. Así, los capitalistas obtienen más fuerza de trabajo a cambio de salarios más bajos que hacen cada vez más difícil la subsistencia de los trabajadores.
“Cuanto menores son la habilidad y la fuerza que reclama el trabajo manual, es decir, cuanto mayor es el desarrollo adquirido por la moderna industria, también es mayor la proporción en que el trabajo de la mujer y el niño desplaza al del hombre. Socialmente, ya no rigen para la clase obrera esas diferencias de edad y de sexo. Son todos, hombres, mujeres y niños, meros instrumentos de trabajo, entre los cuales no hay más diferencia que la del coste.” (Marx y Engels, Manifiesto del Partido Comunista)
Esta condición es contradictoria. Por un lado, se desvaloriza el trabajo, y las condiciones del proletariado en las fábricas se vuelven terribles. Engels describe la situación de las trabajadoras como horrorosas, con deformación de sus caderas que producían abortos espontaneos. Pero, por otro lado, la incorporación de la mujer al trabajo asalariado la saca del aislamiento doméstico y la introduce en la vida social y política. Tener un salario le dio mayor peso en el seno familiar, al no estar la economía sustentada únicamente en el patriarca, y le permitió ampliar su independencia y su conciencia política.
Sin embargo, las tareas ligadas a la reproducción del proletariado, como el cuidado de los niños, la limpieza, la alimentación y el cuidado del hogar, no dejaron de ser encargadas a las mujeres. Se reconoce que son una necesidad social, que todas las personas deberían tener acceso a estas necesidades básicas. Pero, al capital le conviene reducir los costos y no hacerse cargo de esto. Es más barato individualizar la necesidad, relegar a la mujer, y hacer de esto la causa de salarios disminuídos que permitan más ganancia capitalista.
Engels, en su libro “El origen de la familia, la propiedad privada y el estado” explica que esto no ha sido siempre así. En el momento histórico llamado “salvajismo”, la mujer cumplía funciones ligadas a la reproducción como la lactancia, en la cual los niños debían permanecer cerca de ella. Pero esto no relegaba a la mujer de sus funciones sociales y de trabajo colectivo. Engels explica que existe un momento histórico específico a partir del cual la historia de la mujer cambia para siempre: la creación de la propiedad privada.
Con la aparición de la propiedad privada, surge la necesidad de asegurar la herencia. Para ello, se impone la familia patriarcal que debe garantizar la fidelidad de la mujer y la paternidad de un heredero. Es a partir de este momento en que la mujer comienza a ser relegada a una función, no de producción de valor, sino de reproducción y cuidado de un hogar privado.
Esto deja las cosas claras. La opresión de la mujer nace junto con la creación de un sistema de explotación del ser humano por el ser humano, donde un grupo de personas cada vez más reducido acumula más y más capital a partir del adueñamiento de los medios de producción. Por lo tanto, para una verdadera liberación de la mujer, debemos luchar por una revolución que termine con el sistema capitalista de producción, y que asiente las bases para una nueva forma de sociedad colectiva: el comunismo.
Esto, una vez más, no significa que dejamos de luchar por la mujer hoy. Luchamos por cada una de las reivindicaciones codo a codo con nuestras compañeras.
Para los comunistas, sin embargo, la verdadera emancipación de la mujer viene de arrancar el problema desde la raíz – abolir la sociedad de clases. También mantenemos una firme independencia de clase. El feminismo burgués busca dividir la clase trabajadora en base al género – pero ¿acaso las mujeres trabajadoras tienen más en común con las mujeres de la burguesía que con los hombres de su propia clase?
Las mujeres del establishment – Cristalina Georgieva, Hillary Clinton o Karina Milei – que apoyan la explotación de la clase trabajadora, que realmente se benefician de la opresión de la mujer trabajadora, las mujeres bélicas, sionistas que están matando mujeres y niñas con bombas en oriente medio o con hambre y violencia en sus propios países. .
Para los comunistas revolucionarios, desde los escritos de Marx hasta hoy, la opresión y emancipación de la mujer no son una cuestión secundaria. Pero no debe perder su perspectiva de clase o bien podría dividir a la clase en maneras que benefician a la clase dominante.
El movimiento feminista plantea que para combatir la opresión de la mujer es suficiente con un “capitalismo con perspectiva de género”. Esto es incorrecto, y hasta peligroso. El capitalismo pintado de azul o pintado de rosa, sigue siendo capitalismo. Puede adaptarse y conceder ciertas reformas, pero ya sabemos qué es lo que pasa con esto. Milei lo demuestra.

En el momento en que asume al poder un gobierno reaccionario, se pierden las reformas conquistadas con lucha y organización. Milei ha desfinanciado instrumentos públicos contra la violencia de género, ha puesto en tela de juicio derechos ganados como el derecho al aborto, la ley micaela y la ley de los 1000 días. Ahora continúa intentando empujar a la clase trabajadora con su ajuste, intentando volver atrás años de lucha con su contrarreforma laboral que impacta con mayor violencia sobre las mujeres trabajadoras.
Todos los derechos de los trabajadores han sido conquistados gracias a la lucha. Y es solo mediante métodos de lucha obrera que conseguiremos cambiar nuestras condiciones de vida.
Es por esto que está prohibido olvidar que la desigualdad de género y la explotación de clase tienen su raíz en el mismo horror: el capitalismo. Y, que, por lo tanto, su lucha es inseparable.
En palabras de Clara Zetkin, revolucionaria marxista alemana:
“Para que la mujer llegue a obtener la plena equiparación social con el hombre -de hecho y no sólo en los textos de leyes y sobre el papel- para que pueda conquistar como el hombre la libertad de movimiento y de acción para todo el género humano, existen dos condiciones indispensables: la abolición de la propiedad privada de los medios de producción y su sustitución por la propiedad social, y la inserción de la actividad de la mujer en la producción de bienes sociales dentro de un sistema en el que no existan ni la explotación ni la opresión”. (Directrices para el movimiento comunista femenino, Clara Zetkin y el Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista.)















