Según Eliezer Yudkowsky y Nate Soares, la Inteligencia Artificial (IA) nos va a matar a todos. Los anuncios de su libro, If Anyone Builds It, Everyone Dies, (Si alguien lo construye todos morimos) están por todo el sistema de metro de Nueva York, gritando en mayúsculas: “Ojalá estuviéramos exagerando”.
Los autores dicen que si se crea una IA súper inteligente, “tendrá preferencias raras, extrañas y misteriosas que perseguirá hasta llegar al punto de la extinción humana”. No ofrecen ninguna explicación sobre cuáles podrían ser esas “preferencias”.
Su argumento se basa en hipótesis y en el temor al futuro incierto de la tecnología. Admiten que se basa en un conocimiento limitado de cómo funciona realmente la IA. Sin embargo, a veces aluden al verdadero problema: el afán de lucro.
Las empresas y las naciones por crearla IA “más inteligente”, sin importar las consecuencias. Según lo que han visto de las empresas de alta tecnología hasta ahora, la mayoría de la gente es escéptica sobre esta tecnología. Pew Research informó que el 43 % de los adultos estadounidenses piensan que la IA les perjudicará personalmente.
La solución de los autores es convencer a las naciones de que prohíban un mayor desarrollo de la IA, una propuesta utópica. Llegan incluso a recomendar ataques aéreos como medio para detener la tecnología, si las naciones no cumplen con los estándares internacionales que defienden.
Más allá de la confusión sobre lo que podría suceder y cómo solucionarlo, los autores parecen pasar por alto lo que tenemos justo frente a nosotros. El problema no es que algún día la IA pueda dañar a la gente, el capitalismo ya está usando la IA para matar a los habitantes de Gaza, reemplazar empleos y vigilar a los trabajadores. Es otra industria que contamina el aire y contribuye al cambio climático.
No tenemos que preocuparnos por una IA hipotética asesina. El asesino está presente aquí y ahora: es el capitalismo.
Pero no estamos condenados a vivir en una distopía capitalista. Al derrocar al capitalismo, derribaremos un futuro aterrador. Podríamos reorientar la IA para facilitarnos nuestras vidas con un plan racional que no esté basado en las ganancias, sino en satisfacer las necesidades humanas. Para hacer eso, la clase trabajadora necesita tomar el control democrático de los medios de producción.
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