No somos recursos: somos seres humanos

En la conversación pública sobre el sistema educativo, se repite una y otra vez el mismo término: “T1”. Así se refieren a los Asistentes de Servicios en muchos medios y hasta en los foros oficiales. La palabra suena técnica, casi fría, como si describiera una pieza dentro de una maquinaria. Pero detrás de esa etiqueta hay algo que rara vez se menciona: seres humanos.

Los Asistentes de Servicios no somos un código ni un número. Somos padres, madres, hijos e hijas que cada día entramos a las escuelas a trabajar con los estudiantes más vulnerables del sistema. Nuestro rol es sacrificado y profundamente humano: acompañamos en el aprendizaje, cuidamos de la higiene, velamos por la seguridad y el bienestar emocional de cada estudiante. Somos la mano extendida que sostiene al maestro y, muchas veces, la voz de aliento que el estudiante más necesita.

Sin embargo, mientras se habla de la “falta de recursos”, rara vez se habla de la falta de estabilidad laboral. Mientras se debate el impacto que tendría quedarnos sin asistentes, se ignora la realidad de quienes día a día sostenemos el sistema: salarios bajos, carga laboral que supera lo que se reconoce oficialmente, y una indiferencia institucional que ha llevado a muchos compañeros a renunciar porque simplemente no es sostenible vivir con estas condiciones.

Esa indiferencia es dolorosa. No es solo cuestión de dinero, es cuestión de empatía. Los medios y las autoridades hablan de la “herramienta” que se pierde, pero no del ser humano que se sacrifica. Hablan del “recurso” que falta, pero no de la dignidad que nos falta a quienes seguimos en pie, muchas veces a costa de nuestra salud física, emocional y económica.

Por eso es importante decirlo alto y claro:

Los Asistentes de Servicios no somos un “recurso” que se guarda o se reemplaza. Somos personas únicas, con nombre y rostro, que hemos decidido permanecer a pesar de la indiferencia porque creemos en la misión de educar y cuidar. Pero esa misión no debería ser sinónimo de olvido.

El Programa de Educación Especial no puede sostenerse sobre la deshumanización de quienes lo hacen posible. Necesitamos un cambio de mirada: dejar de hablar del “recurso” como si fuera un objeto y empezar a hablar de las personas, de su valor, de su derecho a un salario justo y a condiciones dignas.

Porque mientras el debate público se quede en números y clasificaciones, se seguirá ignorando la verdad más básica: sin Asistentes de Servicios, la educación especial fracasa. Y sin reconocer nuestra humanidad, la justicia laboral seguirá siendo una deuda pendiente.

Author: Jean Pierre Martínez Rodríguez

Profesional con más de 17 años de experiencia en el servicio a la población de educación especial, con un enfoque particular en el apoyo directo a estudiantes con autismo. Posee un bachillerato en Psicología y una maestría en Consejería Profesional, formación que ha aplicado a lo largo de su carrera para mejorar la calidad de vida y la educación de sus estudiantes. Actualmente, se desempeña como Asistente Grupal en la Escuela Elemental Especializada Margarita Rivera de Janer en Gurabo, donde trabaja de manera integral en el desarrollo académico, emocional y social de los estudiantes. Además, es un firme defensor de los derechos tanto de los estudiantes de educación especial como de los Asistentes de Servicios, luchando activamente por la justicia salarial y el reconocimiento profesional dentro del Departamento de Educación de Puerto Rico. A través de su trabajo y su activismo, Jean Pierre busca visibilizar el rol esencial de los Asistentes de Servicios y garantizar que tanto ellos como los estudiantes a los que sirven reciban el respeto y los recursos que merecen.