En el aniversario de la fundación de la Asociación Internacional de Trabajadores: la Primera Internacional

Nota editorial: Hoy 28 de septiembre se cumple el 161 aniversario de la fundación de la Asociación Internacional de Trabajadores, posteriormente conocida por Primera Internacional. En recuerdo de esta importante fecha para el movimiento obrero internacional, reproducimos a continuación parte de un artículo más extenso redactado por el camarada Alan Woods, dirigente de la Internacional Comunista Revolucionaria (ICR).


El 28 de septiembre de 1864, delegados de distintos países se reunieron en St Martin’s Hall de Londres. Era el intento más serio hasta la fecha de unir las capas más avanzadas de la clase obrera a escala internacional. La reunión fue convocada como un acto de solidaridad internacional en respuesta al alzamiento polaco de 1863.

La reunión decidió unánimemente la creación una Asociación Internacional de Trabajadores, más tarde conocida como la I Internacional. Su sede estaría en Londres, dirigida por un comité de 21, al que se le encargaría un borrador de programa y de estatutos. Esta tarea le fue dada a Karl Marx, que desde este momento jugaría un papel decisivo en la Internacional.

En retrospectiva, podemos decir que la tarea histórica de la I Internacional fue la de establecer los principios fundamentales, el programa, la estrategia y las tácticas del marxismo revolucionario a escala global. Sin embargo, la nueva Internacional no surgió completamente formada y armada, como Atenea de la cabeza de Zeus. En sus orígenes, no era una Internacional marxista, sino una organización extremadamente heterogénea compuesta de diversas tendencias.

Ahora bien, los fundadores del socialismo científico eran ajenos a esa clase de sectarismo que trata de encontrar la fórmula química para una organización pura de la clase obrera, algo que nunca ha existido y nunca existirá. Marx y Engels comprendían la importancia de trabajar en una arena amplia con raíces en las masas de la clase trabajadora. En este sentido, la participación de los sindicatos británicos era particularmente importante.

Desde un primer momento, Marx y Engels libraron una ardua lucha por la claridad ideológica dentro de la Internacional. Pero entendieron que para ganarse a las masas para las ideas del socialismo científico, era necesario llevar a cabo una paciente labor en el seno de las organizaciones proletarias históricamente determinadas y con profundas raíces en la clase. Por primera vez, la AIT les ofreció un marco común en el cual poner a prueba y someter a debate sus ideas fuera del ámbito de los pequeños círculos revolucionarios que existían previamente.

Desde un primer momento, Marx y Engels libraron una ardua lucha por la claridad ideológica dentro de la Internacional.

Al principio, Marx y Engels se enfrentaron a dificultades formidables. En la mayoría de los países, el movimiento obrero estaba dando sus primeros pasos. Estaba en su etapa formativa y frecuentemente influenciado por ideas liberales y democráticas burguesas. En casi todos los países, el movimiento obrero no había roto aún con los partidos burgueses.

En los días de Marx y Engels, la abrumadora mayoría de la población europea estaba compuesta por campesinos o pequeños artesanos, no por trabajadores asalariados. Sólo en Gran Bretaña la clase obrera representaba la mayoría de la población, pero los dirigentes sindicales británicos estaban bajo la influencia de los liberales. En Francia los proudhonistas se oponían a las huelgas, contraponiendo sus ideas utópicas de “mutualismo”. También se oponían a la participación obrera en las luchas políticas.

Al final, combinando la firmeza en los principios con una gran flexibilidad táctica, Marx y Engels fueron ganando a la mayoría. Bajo la batuta del Consejo General liderado por Marx y Engels, la Internacional sentó las bases para el desarrollo movimiento obrero en Europa, Gran Bretaña y América. Y echó hondas raíces en los principales países europeos.

Socialismo e Internacionalismo 

El socialismo es internacionalista, o no es nada. Ya en los albores de nuestro movimiento, en las páginas del Manifiesto Comunista, Marx y Engels escribieron la famosa frase: “Los trabajadores no tienen patria”. El internacionalismo de Marx y Engels no era un capricho, o fruto de consideraciones sentimentales. Emanaba del hecho de que el capitalismo se desarrolla como un sistema mundial – de las diferentes economías y mercados nacionales surge un conjunto único, indivisible e interdependiente – el mercado mundial.

Hoy, esta predicción de los fundadores del marxismo se ha visto brillantemente corroborada casi matemáticamente. La dominación aplastante del mercado mundial es uno de los hechos más decisivos de nuestro tiempo. Ni un solo país, sin importar su tamaño o poder, ni los EEUU, ni China, ni Rusia, puede evitar ser arrastrado por el mercado global.

No hay libro más moderno que el Manifiesto de Marx y Engels. Explica la división de la sociedad en clases, explica el fenómeno de la globalización, de las crisis mundiales de sobreproducción, la naturaleza del Estado y las fuerzas motrices del desarrollo histórico.

Sin embargo, incluso las ideas más correctas son estériles si no encuentran una expresión organizativa y práctica. Es por ello que los fundadores del socialismo científico lucharon toda su vida por la creación de una organización internacional de la clase trabajadora. Marx y Engels ya se habían involucrado en la Liga Comunista, que era, desde un principio, una organización internacional, si bien la creación de la AIT representaba un salto cualitativo.

La Internacional se desarrolló y creció en el período previo a la Comuna de París. No se mantuvo al margen de los problemas cotidianos del proletariado. Al contrario, estaba constantemente involucrada en las labores prácticas del movimiento obrero. La Internacional reivindicó la igualdad entre hombres y mujeres y luchó por la mejora de las condiciones de la mujer y de los jóvenes, que eran los que más sufrían la opresión del capitalismo. Al principio, la militancia de la AIT se componía fundamentalmente de hombres, pero en abril de 1865 se abrió la membresía a las mujeres y la Internacional desarrolló una serie de consignas para la mujer trabajadora.

Congreso de la AIT en 1866

La sede del Consejo General estaba en Londres y había varios sindicatos afiliados a él. Participó en numerosas huelgas y conflictos laborales. La Internacional luchó por acabar con la importación de esquiroles del extranjero y recolectar dinero para apoyar a los huelguistas y sus familias, que empezaron a darse cuenta de que la Internacional era la defensora del proletariado, y que combatía por sus intereses.

A pesar de estos éxitos, o más bien gracias a ellos, los dirigentes reformistas de los sindicatos se empezaron a alarmar por la creciente influencia de la Internacional en Gran Bretaña. Aceptaban su ayuda pero no sentían simpatía hacia sus ideas socialistas y revolucionarias. Aun así, la Internacional era popular en el movimiento obrero británico. La conferencia sindical de Sheffield aprobó una resolución agradeciendo a la Asociación Internacional de Trabajadores sus intentos de unificar a los proletarios de todos los países en una liga fraternal, y recomendó que los sindicatos presentes en la conferencia se afiliasen.

La lucha contra el sectarismo 

Marx y Engels tuvieron que luchar en dos frentes: por una parte, tenían que combatir las ideas reformistas de los dirigentes oportunistas de los sindicatos que estaban a favor de la colaboración de clases y de la conciliación con los liberales burgueses. Por otra parte, tuvieron que librar una batalla constante contra el ultraizquierdismo y las tendencias sectarias. Esta situación no ha cambiado mucho hoy. La corriente marxista se enfrenta exactamente a los mismos problemas y ha de luchar contra los mismos enemigos. Los nombres han cambiado pero el contenido es el mismo.

La historia de la I Internacional se caracterizó por encima de todo por la lucha entre dos tendencias incompatibles: por un lado el de sistemas utópicos y sectarios que inicialmente dominaron el movimiento obrero, y, por otro lado, el socialismo científico cuyo principal referente era Karl Marx.

En la I Internacional, aparte de los Owenistas británicos y los sindicalistas reformistas, estaban los proudhonistas y los blanquistas franceses, los seguidores italianos del nacionalista moderado Mazzini, los anarquistas rusos y otras tendencias. En una carta a Engels, Marx escribió: “Era muy difícil orientar la cuestión para que nuestro punto de vista apareciese de manera aceptable para la posición actual del movimiento obrero (…). Pasará tiempo hasta que un movimiento renacido nos permita mostrar la vieja audacia de nuestros discursos. Será necesario ser fortiter in re, suaviter in modo [suave en las formas y duros en el contenido].”

Tarjeta de membresía de la AIT.

Los anarquistas, tanto de la corriente proudhonista como de la bakuninista, se oponían a la participación de la clase obrera en la contienda política, aunque partiendo de premisas diferentes. Los proudhonistas aconsejaban a los trabajadores que alcanzasen su emancipación a través de medidas económicas a pequeña escala, especialmente organizando el crédito libre y el intercambio equitativo entre productores.

En el otro extremo estaban los bakuninistas que defendían “la propaganda por el hecho”, que en el fondo se reducía al terrorismo individual y a lanzar pequeñas insurrecciones, que, se suponían, debían sentar las bases para un alzamiento generalizado que lograría la revolución social de golpe. Mientras que Proudhon idealizaba el carácter pequeñoburgués de los pequeños propietarios y de los artesanos independientes, Bakunin dio expresión a la perspectiva del lumpenproletario y del campesino insurrecto.

Estas ideas falsas representaron un serio problema en un momento en el que las masas trabajadoras estaban empezando a despertarse. Recuperándose de esa derrota terrible que sufrieron tras la revolución de 1848, los obreros franceses instintivamente expresaron su revuelta contra la esclavitud económica en huelgas, mientras que políticamente estaban preparando la lucha para tumbar al régimen bonapartista. Pero los proudhonistas se oponían a las huelgas y ofrecían pequeños paliativos utópicos.

En vez de partir del movimiento real de la clase obrera y de elevar a las masas a un nivel superior, los sectarios buscaban imponer sobre éstas sus propias doctrinas particulares. Una batalla ideológica aguda y empedernida era necesaria para purgar a la Internacional del sectarismo y proveerla de una base ideológica firme. Marx tuvo que dedicar una enorme cantidad de tiempo y esfuerzos a la lucha contra el sectarismo en sus diversas formas.

La Comuna de París 

En su día, la burguesía temblaba ante la amenaza del comunismo liderado por la Internacional. Pero en el mundo se estaban preparando grandes acontecimientos que cortarían este desarrollo. Mientras se libraba una batalla ideológica en el seno de la Internacional, una situación dramática se desenvolvía en el continente europeo.

En julio de 1870 estalló la guerra entre la Francia bonapartista y la Alemania de Bismarck. La AIT adoptó una posición internacionalista sobre la guerra. El Consejo General publicó un manifiesto protestando contra la guerra y culpando de ésta tanto a Napoleón como al gobierno prusiano. Si bien señalaba que para Alemania la guerra tenía un carácter defensivo, el manifiesto advertía a los trabajadores alemanes que si permitían que se convirtiese en una guerra de conquista, los resultados serían desastrosos para el proletariado, tanto si acabase en victoria como en derrota.

La catastrófica derrota del ejército francés el 4 de septiembre de 1870 desató una cadena de acontecimientos que desembocaron en una insurrección por parte del proletariado y el establecimiento del primer Estado obrero de la historia: la Comuna de París. En palabras de Marx, los trabajadores de París “tomaron el cielo por asalto”. La Comuna no era un parlamento clásico, sino una corporación de trabajo con funciones tanto ejecutivas como legislativas. Los funcionarios, que hasta ese momento eran un instrumento en manos del gobierno y una herramienta práctica de la clase dominante, fueron reemplazados por un cuerpo representativo compuesto por personas elegidas por sufragio universal y sujetas a la revocación en todo momento.

Este no es el lugar para hacer un análisis detallado de la Comuna de París. Baste con decir que la debilidad de la Comuna era la debilidad de su dirección. La Comuna no tenía ni un programa definido ni una táctica clara de defensa y ataque. En la propia Comuna, los Internacionalistas estaban en minoría. Sólo 17 de los 92 miembros pertenecían a ella. En ausencia de una dirección consciente, la Comuna fue incapaz de ofrecer perspectivas amplias a los trabajadores y campesinos que podían haber terminado con el aislamiento de los trabajadores parisinos.

La Comuna no tenía ni un programa definido ni una táctica clara de defensa y ataque.

A pesar de sus grandes logros, la Comuna cometió errores. En concreto, Marx señaló la equivocación de no nacionalizar el Banco de Francia y de no avanzar sobre el centro de la contrarrevolución en Versalles. La clase obrera pagó un alto precio por estos errores. El gobierno de Versalles tuvo tiempo para organizar un ejército contrarrevolucionario que marchó sobre París y aplastó la Comuna con brutalidad extrema.

Habiendo ahogado en sangre la Comuna, la prensa burguesa organizó una campaña de calumnias contra ésta. Marx defendió la Comuna vehementemente. En nombre del Consejo General escribió un manifiesto que pasaría a conocerse como La guerra civil en Francia, en el que explicaba el significado histórico real de esta gran revolución proletaria. La Comuna era una forma de gobierno político de la clase trabajadora, una dictadura ejercida por la clase oprimida sobre la clase opresora. Era un régimen de transición que defendía la completa transformación económica de la sociedad. A esto se refería Marx cuando hablaba de la dictadura del proletariado.

El colapso de la Internacional 

La derrota de la Comuna de París representó un golpe mortal para la AIT. La orgía de reacción que vino después le hizo imposible operar en Francia, y en todas partes la Internacional fue perseguida. Pero la verdadera razón de sus dificultades tenía que ver con el auge económico del capitalismo a escala global que sucedió tras la derrota de la Comuna. Esto tuvo a su vez un efecto negativo sobre la Internacional.

En estas condiciones, las presiones del capitalismo sobre el movimiento obrero dieron lugar a peleas y faccionalismos. Alimentándose de la atmósfera general de desilusión y desesperanza, las maquinaciones de Bakunin y sus seguidores se intensificaron. Por estas razones, Marx y Engels propusieron primero mover la sede de la Internacional a Nueva York, y al final decidieron que sería mejor disolver la Internacional, al menos por el momento. La vida de la AIT terminó oficialmente en 1876.

La AIT tuvo éxito sentando las bases teóricas de una Internacional revolucionaria genuina. Pero nunca fue una verdadera Internacional obrera de masas. En realidad, fue una anticipación del futuro. 

Author: Alan Woods

Teórico y autor británico de tendencia trotskista. Es uno de los dirigentes de la Internacional Comunista Revolucionaria (antes Corriente Marxista Internacional) y editor de la revista digital "In Defence on Marxism". Es autor de varios libros, los más recientes de los cuales se titulan "The History of Philosophy: A Marxist Perspective" (2021) y "Class Struggle in the Roman Republic" (2023)