Saludos, compañeros y compañeras. Debo comenzar agradeciendo a la Coordinadora del Cerro de los Mártires por la invitación que me hicieran y reconociendo la labor que por décadas llevan a cabo manteniendo viva la memoria de quienes nos precedieron en la lucha y ofrendaron sus vidas. También quiero mencionar lo acertado de la dedicatoria a la compañera María de Lourdes Santiago, por su voz valiente en la Legislatura y en la calle, a favor de la Independencia, así como de tantas otras causas de justicia para nuestra gente y nuestro ambiente.
Yo sé que esto ya se ha dicho, pero el 25 de julio es una fecha infame en nuestra historia. La invasión en 1898, la farsa del ELA en 1952, con la cual se pretendió disfrazar nuestra condición colonial, y los asesinatos que en este lugar se perpetraron en 1978, que son una muestra de la larga historia de represión contra nuestro pueblo. No hay forma de pasar por alto, un día como hoy, la indignidad de nuestra condición colonial. Por eso es importante esta tarea de recordación y de transmisión de la memoria histórica a las generaciones más jóvenes.
Hoy nos convoca una doble memoria. Recordamos de forma solemne a Arnaldo Darío Rosado y Carlos Soto Arriví, jóvenes que empezaban a vivir y fueron víctima de un plan diseñado, no solo contra ellos, sino principalmente como forma de intimidar al independentismo. Los recordamos desde el amor, en una especie de abrazo espiritual. Y a la vez recordamos, con profunda indignación, a los perpetradores de los hechos. Al agente Alejandro González Malavé, a los policías asesinos y a Carlos Romero Barceló. ¡Ni perdón ni olvido! Romero murió impune. Pero una impunidad más grave sería que olvidáramos sus crímenes. Más allá de Romero, tampoco puede haber perdón ni olvido para el aparato represivo yanqui, responsable último de esta y otras tantas agresiones contra nuestra gente. Son los mismos asesinos del Comandante Filiberto Ojeda Ríos, como muy bien nos recordara el compañero Manuel López Gay.

Si ponemos un poco en contexto esa década de 1970, para ese 25 de julio del ´78 ya había ocurrido el asesinato de la estudiante Antonia Martínez Lagares y el de Santiago Mari Pesquera. Ya una bomba terrorista le había quitado la vida a Luis Ángel Charbonier y Eddie Román Torres en la conmemoración del natalicio de Eugenio María de Hostos, llevada a cabo por el Partido Socialista Puertorriqueño en Mayagüez, en 1975. Al año siguiente ocurrirían los asesinatos de Carlos Muñiz Varela, un mártir de la solidaridad, y de Ángel Rodríguez Cristóbal. Solo por mencionar algunas de las agresiones más importantes sufridas por nuestro pueblo en lucha en esos años. Y es que el colonialismo es un sistema represivo, violento y asesino en sí mismo. No es que reprima en ciertas ocasiones, es que es estructuralmente represivo. Esa es su naturaleza.
Y como el colonialismo no ha desaparecido de Puerto Rico, pues la represión se mantiene, tanto en sus formas tradicionales como con nuevas manifestaciones. El carpeteo no ha terminado. Hay que conversar de estos asuntos con quienes no vivieron los tiempos de represión más cruda. No podemos ignorar los vientos que soplan en Estados Unidos ni lo dispuesta que está la gobernadora de imitar y apoyar todo lo que haga Trump. Estemos alertas ante posibles nuevas oleadas de persecución.
Históricamente, el aparato represivo estadounidense ha tenido como objetivo hacer desaparecer al independentismo puertorriqueño, utilizando la intimidación, persecución, carpeteo, infiltrando nuestras organizaciones, ejerciendo violencia de todo tipo, incluido el asesinato político. Pero no es solo la lucha por la independencia la que quieren destruir. Es que ellos saben que los y las independentistas también hemos estado presente en todas las luchas que lleva a cabo nuestro pueblo, unas veces encabezándolas, otras, al lado de las personas que luchan por el ambiente, por el acceso a servicios básicos, por sus derechos laborales. Ahí hemos estado siempre. También saben que en Puerto Rico mucha gente que no es independentista se enorgullece y se siente representada por la verticalidad, consistencia y valor que caracteriza al movimiento independentista. Por eso, doblegar al independentismo sería arrebatarle la esperanza a todo el pueblo de que se puede y se debe luchar. De que podemos y debemos hacerle frente a nuestros opresores y a la avaricia de quienes están dispuestos a quitarnos nuestra tierra, quitarnos nuestros recursos y reducirnos a la mera sobrevivencia.
Además de la tarea importante y necesaria de recordar a nuestros mártires y condenar la represión, tenemos que asumir otra tarea no menos necesaria: recordar y pregonar que no hemos sido víctimas pasivas del Imperio. Nosotros y nosotras hemos hecho todo cuanto está a nuestro alcance para liberarnos del yugo colonial. El independentismo tiene a su haber hazañas extraordinarias. ¿Cuántos pueblos del mundo (y no estoy menospreciando a nadie), pero cuántos pueblos del mundo oprimidos por Estados Unidos han producido un comando revolucionario capaz de llegar al interior del Congreso Yanqui a hacer un reclamo tan contundente como el que hicieron Lolita, Rafael, Andrés e Irving? Como parte de la conservación de nuestra memoria colectiva, compañeros y compañeras, tenemos que celebrar nuestra historia épica. Celebrar que paramos sus planes de explotación minera en nuestras montañas; celebrar que sacamos a su Marina de Guerra de Culebra y de Vieques; celebrar el regreso de nuestros presos políticos y prisioneros de guerra; celebrar que hemos sabido defender muchos de nuestros derechos; y que forzamos la renuncia de un gobernador infantil e insensible. No hay que olvidar, y mucho menos esconder, los actos de Sabana Seca en 1979, los aviones de la Guardia Nacional en la Base Muñiz en 1981, ni la expropiación a la Wells Fargo. Estos actos de profundo valor y dignidad son parte de nuestra historia épica. Sobre todo, vamos a felicitarnos porque no nos hemos doblegado, no hemos bajado la cabeza ante el imperio más poderoso y maligno de cuantos han existido.
También podemos enorgullecernos de que las organizaciones independentistas hemos mantenido relaciones de solidaridad con pueblos alrededor del mundo, tanto aquellos que luchan por lograr su soberanía, como los que tienen que defenderla día a día. Asuntos como la defensa de la Revolución Cubana y la denuncia del bloqueo criminal y la solidaridad con el Pueblo Palestino son innegociables. ¡Que viva Cuba Revolucionaria y Socialista! ¡Que viva Palestina Libre!

Hoy, se hace necesario que hagamos uso de toda esa experiencia acumulada. El momento actual, difícil como es, también presenta una posibilidad de avance para nuestras fuerzas. Desde hace cerca de una década vemos cómo Estados Unidos se ha quitado la máscara y no oculta el ilegal colonialismo que nos impone. Ya no defienden a su criatura, el ELA, que hay una gente hoy dizque celebrándolo en Mayagüez. La imposición de la Junta explica mejor que mil palabras nuestra subordinación política. Esta Junta Dictatorial no solo representa el colonialismo sin maquillaje, sino la visión neoliberal que ha empeorado la calidad de vida de la mayoría del pueblo. Por otro lado, en lo que parece una política de asentamientos, (como la practicada por los sionistas en territorios palestinos) llegan extranjeros, principalmente gringos, a quedarse con nuestras mejores tierras y paisajes, desplazando a nuestras comunidades. El choque de la gente en Puerto Rico con el invasor es más claro y cotidiano que nunca. Si tomamos en cuenta que las condiciones de vida para la clase trabajadora se hacen cada vez más difíciles, forzando la emigración de miles de personas al año, no podemos dudar de que Don Pedro Albizu Campos tenía razón cuando dijo que “quieren la jaula, pero no los pichones.” Ya nadie duda de la situación colonial y cada vez es más fácil entender que el colonialismo nos perjudica en cada aspecto de nuestra vida.
Y hay otro factor a añadirle: la instalación de la ideología fascista en el gobierno de Estados Unidos. La propia metrópoli renuncia a su narrativa de nación democrática y respetuosa de las diferencias (que nunca lo fue) y saca a pasear su supremacismo blanco, su desprecio a las minorías y a la diversidad, su xenofobia y, sobre todo, su violencia. En Puerto Rico las nuevas políticas migratorias han traído muchas lágrimas y mucha ansiedad a las comunidades inmigrantes, particularmente a la dominicana, con quienes nos unen lazos históricos que son anteriores a la existencia misma de Estados Unidos. Las universidades, las organizaciones comunitarias, las instancias que dan atención a miembros de la comunidad LGBTTQ ya han comenzado a sufrir los efectos de una ideología que pretende que todos piensen igual, o lo que es lo mismo, que nadie piense. No queremos ser arrastrados hacia el abismo al que se dirige Estados Unidos.
Es decir, hoy más que nunca la lucha por la independencia adquiere un carácter de urgencia. Se trata de la sobrevivencia de la Nación Puertorriqueña. La colonia, en quiebra económica, política y moral, no tiene nada que ofrecernos. La anexión es una aberración que choca tanto con los prejuicios de los grupos de poder en Estados Unidos como con una identidad nacional en Puerto Rico que se reinventa y fortalece con cada generación. Ante estas realidades, tenemos condiciones para dar pasos importantes. Podemos repasar algunas de esas condiciones:
- Una juventud consciente y orgullosa de su puertorriqueñidad, dispuesta a defenderla. Una puertorriqueñidad actualizada, porque la cultura no es estática. (La residencia de Benito nos ha regalado imágenes más que elocuentes en ese sentido.) Esa juventud se suma a las puertorriqueñas y puertorriqueños de todas las generaciones que no soltamos la bandera en momentos en que era mucho más difícil mantenerla arriba.
- Un pueblo que lucha todos los días en defensa de su comunidad, del ambiente y por sus derechos. Estoy convencido de que esas luchas tienen un potencial descolonizador en la medida en que la gente asume un papel protagónico en la construcción de su futuro. Recordemos que el coloniaje apuesta al sentido de indefensión de los colonizados.
- Contamos con comunidades puertorriqueñas que viven “en las entrañas del monstruo”, como dijera Martí. Puerto Rico es una sola Nación y los puertorriqueños y puertorriqueñas que, desde Nueva York, Chicago o Florida, quieren aportar a nuestra Liberación Nacional, son una pieza clave de este proceso. ¡Que viva nuestra diáspora combativa!
- El pasado noviembre, una porción importante del electorado votó por un independentista, el compañero y amigo Juan Dalmau, candidato del PIP y de la Alianza, ubicándolo en un segundo lugar, a pesar de la más demagógica de las campañas de miedo, desinformación y mentiras. Como sabemos, Juan ganó en muchos municipios, incluyendo algunas de las ciudades más pobladas del país. Sé que todavía nos encontramos en discusiones, válidas, sobre las implicaciones de estos resultados. De lo que no hay duda es que se rompieron barreras y se reflejó un aumento en el nivel de conciencia de sectores importantes del pueblo. Si a eso le añadimos los resultados del mal llamado plebiscito, en el cual la independencia obtuvo números asombrosamente altos, a pesar de que la mayoría de las organizaciones habíamos llamado a no participar, no podemos menos que concluir que estamos ante un nuevo país.
Ahora nos toca seguir trabajando y contribuir al avance de esta lucha nuestra. ¿Y cómo vamos a hacer eso? Pues, ya quisiera yo tener una fórmula y compartirla aquí. Pero no. Solo puedo compartir algunas reflexiones.
Pienso que, para fortalecer la lucha por la independencia, hay que fortalecer los diversos espacios organizativos que componen hoy la diversidad del independentismo. Para ello no hay atajos, hay que organizar, educar, reclutar, afinar nuestros mecanismos para llevar el mensaje de nuestra Liberación Nacional. Pero no solo comunicar. También tenemos que escuchar. Hay que escuchar a las compañeras y los compañeros que llevan 50, 60 años o más en la lucha. Esa experiencia es invaluable. Y también a nuestra juventud. Con atención genuina, con respeto, con verdadera disponibilidad para aprender de sus propuestas, sus inquietudes y su forma de acercarse a los principios de justicia y equidad. El diálogo intergeneracional se hace indispensable.

Y hay que escuchar y aprender también de toda esa gente buena, de esos sectores, organizados o no, que todavía no se plantean la independencia como prioridad, pero que cuando hablan de la sociedad con la cual sueñan, es la misma que buscamos nosotros(as). Ese Puerto Rico próspero, equitativo, solidario, en el cual se respete la naturaleza y nosotros y nuestros hijos e hijas podamos ganarnos el pan honradamente y tener acceso a las condiciones para una vida digna. Por eso yo nunca me he sentido minoría en mi País. Minoritarios son los sectores, extranjeros o nacidos aquí, que se han ganado y siguen ganando millones con el saqueo, tanto el saqueo ilegal de la corrupción como el legal, porque ellos mismos legalizan las condiciones de explotación de nuestro trabajo y de nuestra tierra.
Nos toca dejar claramente establecido que la independencia a la cual aspiramos no se basa en ideas románticas. No se trata de que se toque un solo himno, bajo una sola bandera, mientras nos siguen explotando los mismos saqueadores de acá o de allá. La independencia nos proveerá las herramientas, los poderes, para transformar la sociedad. Para construir una economía que responda a nuestras necesidades y que incorpore a los sectores tradicionalmente excluidos. Para integrar a Puerto Rico al resto del mundo en todos los aspectos y romper con el aislamiento colonial. Para establecer una verdadera democracia, en respeto a los derechos humanos, especialmente de aquellos sectores cuyos derechos se han vulnerado históricamente, como las mujeres, la comunidad LGBTTQ y los afrodescendientes.
Cinco siglos de colonialismo han dejado huellas que no serán fácil de borrar. La independencia jurídica no bastará para trascender la cultura racista y patriarcal heredada de dos imperios. Por eso, desde ahora, es imperativo la integración de una mirada decolonial que nos permita superar esos lastres históricos.
Otra responsabilidad que nos impone la historia es la colaboración, coordinación y unidad en la acción entre las organizaciones y sectores independentistas. En aquellas áreas en las que podamos trabajar juntos, debemos hacerlo. Filiberto nos dijo en aquel último mensaje que resonó en la Plaza de Lares, refiriéndose a la diversidad del independentismo, que: “Ésa es parte de nuestra realidad. Pero lo más importante, lo tácticamente y estratégicamente fundamental, es que todos somos independentistas y nos corresponde a todos, luchar por la independencia.”
Como saben, el 31 de agosto se realizará una Marcha por la Independencia de Puerto Rico, en San Juan. Este servidor ha estado participando del comité coordinador y puedo decir con mucha satisfacción, que hemos tenido la capacidad de dilucidar las diferencias, en ocasiones con la fogosidad que nos caracteriza, pero casi siempre llegando a consensos. Esa marcha va a ser un grito de nuestro derecho a la Libertad. Esperamos que sea concurrida, lucida y que refleje la totalidad del espectro independentista. Sé que todos y todas ustedes dirán presentes. Pero, más allá de la marcha, ojalá que esta experiencia de unidad en la acción, nos permita sentar las bases para la construcción de más trabajo unitario. Esa unidad se da en el trabajo, no en las palabras. Si aspiramos a que los sectores que no son independentistas se den cuenta de la necesidad de la independencia en este momento, lo menos que podemos hacer desde el independentismo es demostrar que también entendemos los imperativos históricos de hoy. Y digo hoy, pero ya en 1973 Juan Mari Brás decía: “Los independentistas, no importa de qué agrupación seamos unos y otros, tenemos en común una meta específica, una meta concreta, urgente, que es la recuperación del patrimonio, la proclamación de la independencia y la expulsión de todas las fuerzas interventoras extranjeras. Y ese común propósito nos obliga a la reflexión, nos obliga a la tolerancia recíproca, nos obliga al diálogo, nos obliga a la voluntad inquebrantable de avanzar en el camino de la unidad.” Muy sabias estas palabras.
Hoy, ante la memoria de Arnaldo Darío Rosado y Carlos Soto Arriví y de tantos otros y otras mártires, héroes y heroínas, reiteramos nuestro compromiso con la Independencia, con la Justicia y con la construcción de una sociedad superior. Una independencia que será el resultado de la lucha de este pueblo. Una independencia que ya venimos construyendo, porque, como dijo Betances: “Querer ser libres es empezar a serlo!” La independencia es necesaria, es posible y tenemos la capacidad para lograrla.
¡Seremos Libres! ¡Que Viva Puerto Rico Libre!
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Palabras pronunciadas el pasado 25 de julio de 2025 durante los actos conmemorativos del asesinato de los independentistas Arnaldo Darío Rosado y Carlos Soto Arriví en el Cerro Maravilla, el 25 de julio de 1978.














