Nota editorial: Reproducimos a continuación el contenido de una hoja suelta repartida durante la marcha del Primero de Mayo, por parte de la agrupación M.A.R.:
Hoy 1ro de Mayo, Día Internacional de la Clase Obrera, damos un saludo fraternal a todos los compañeros y compañeras. Las y los trabajadores del mundo conmemoramos la gran huelga de mayo de 1886 en Chicago. Huelga en que cientos de miles de obreros y obreras norteamericanos tomaron las calles para exigir una jornada laboral de 8 horas. En aquellos tiempos, los patronos exigían trabajar 12, 14 y hasta 18 horas diarias. Hoy también recordamos a los “Mártires de Chicago” y a todos aquellos que en ese esfuerzo sufrieron la brutal represión de los gobiernos capitalistas. Gracias a la perseverancia de la clase obrera y a la campaña promovida por la Segunda Internacional Socialista, el pueblo trabajador celebra esa conquista y alza hoy su voz para exigir mejores condiciones de trabajo y una vida digna.
Honrar esa historia inconclusa es visibilizar, valorar y, sobre todo, luchar para erradicar las causas que originan tanto sufrimiento. Desde esa perspectiva, el 1ro de Mayo es una oportunidad para caracterizar la coyuntura en que desarrollamos nuestras luchas y trazar perspectivas estratégicas hacia el socialismo. Sin una perspectiva política de conjunto es muy difícil articular la voluntad de lucha y elevar el nivel de conciencia de la clase obrera.

Estamos ante una guerra capitalista mundial que desgraciadamente progresa a pasos agigantados. La crisis multidimensional (económica, política y ambiental) del capitalismo como sistema mundial ha exacerbado los conflictos económicos y militares entre los principales países capitalistas, léase: Estados Unidos, China, Rusia y sus respectivos bloques económicos y militares, tales como la OTAN y los BRICS. Es una guerra mundial capitalista por un nuevo reparto del mundo. Una lucha por mercados, materias primas, áreas de dominio (colonial o neocolonial) y de estrangulamiento de la competencia Inter capitalista mediante la fuerza de las sanciones económicas (aranceles, bloqueos) o la acción militar directa o valiéndose de terceros.
No es casual el genocidio contra el pueblo Palestino, la expulsión de 160,000 inmigrantes en EUA (50,000 hijos separados de sus padres), la barbárica guerra entre la OTAN y Rusia en Ucrania, el rearme de Europa, los preparativos contra Irán y los múltiples conflictos que crecen como la espuma en el planeta. Esas acciones son sintomáticas del fortalecimiento de gobiernos totalitarios o de tendencia fascistas, tales como los de Trump, Milei, Putin, Endorgan, Xi Jinping, Bukele, Netanyahu y Modi.
Es importante incluir en nuestros análisis y divulgar en el pueblo que la clase capitalista (burguesa) norteamericana se prepara para la guerra. Los gobiernos de Trump, Biden y Obama han estado al servicio de esa clase social. Sin embargo, la relativa agresividad de sus respectivas políticas contra el pueblo norteamericano son expresiones de las tensiones que promueve el avance de la guerra.
La política golpista de Trump, el pretender gobernar mediante ordenes ejecutivas, el despido de miles de empleados federales, los ataques contra derechos civiles y su política descaradamente expansionista en Panamá, Groenlandia y Canadá tienen un hilo conductor, los preparativos para la guerra capitalista mundial de dimensiones impensables.

Un caso ejemplar es la guerra de impuestos (aranceles) contra los productos importados de otros países a Estados Unidos. Además de ser un acto de agresión, persigue otros propósitos: (a) romper la cadena internacional de producción y suministros (“decoupling”) porque en caso de guerra EU necesita controlar su producción de armas y el abastecimiento; (b) impone al pueblo norteamericano, puertorriqueño y a muchos más la financiación del gasto militar a través del aumento de recaudos del gobierno federal y la inflación; (c) oculta que, gracias al empobrecimiento de gran parte de la clase obrera mundial, la burguesía norteamericana pretende financiar la guerra más cara, lucrativa y destructiva de la historia de la humanidad.
Esta y todas las guerras capitalistas mundiales aparecen como conflictos geopolíticos y así las presentan los medios de prensa burguesa y no pocos análisis de compañeros bien intencionados. Sin embargo, el método geopolítico es engañoso. Porque no toma en cuenta lo realmente importante, es decir: (a) la solidaridad internacional entre los pueblos oprimidos; (b) el desarrollo de la lucha de clases en cada país; (c) la necesaria posibilidad de transformar los preparativos de guerra o la guerra misma en movimientos revolucionarios coordinados. De cara a lo que se avecina es esencial impulsar una campaña de resistencia que esclarezca el carácter de clase de la guerra imperialista.
A pesar del peligro, el periodo histórico que se avecina también se caracteriza por ofrecer oportunidades esperanzadoras. Al igual que en el pasado, la crisis actual del sistema capitalista promoverá el resurgir de las luchas sociales y de grandes levantamientos populares tanto en los países dominantes como en los periféricos.
Puerto Rico no es la excepción. La perseverancia del pueblo trabajador en sus luchas comunitarias, sindicales y políticas es un importante punto de partida de cara a los desarrollos futuros. No obstante, hay importantes retos a superar, tales como: las barreras que separan artificialmente tales luchas, la falta de perspectiva política estratégica que guíe las acciones de resistencia, la gran debilidad de la izquierda revolucionaria y muy especialmente, de su liderato.
Ciertamente estamos en un período histórico de peligros y oportunidades, de guerras y revoluciones, de barbarie o civilización. ¿En qué dirección se inclinará la balanza?

Nuestra esperanza está en la civilización, en la revolución socialista. Esperanza no como quimera, si como compromiso de acción consciente y liberadora. En esa dirección, urge (1) la unidad en la acción de la izquierda, (2) el fortalecimiento ideológico del liderazgo a todos los niveles, (3) esclarecer la relación entre nuestras luchas de resistencia y la estrategia socialista, (4) la construcción o fortalecimiento de organizaciones socialistas fuertemente enraizadas en la clase obrera y el pueblo.
Sólo con los brazos sueltos, con la fuerza ideológica y su capacidad de acción, la clase obrera y el pueblo en general podrán derrotar al capital y liberarnos de su cultura opresiva.
¡No hay triunfo sin lucha, ni lucha sin sacrificio! E.M. Hostos















