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Ante la enorme cantidad de medidas que deliberadamente ha intentado poner en vigor el electo presidente de los Estados Unidos se hace sumamente difícil analizar su impacto en la realidad de los Estados Unidos y mucho más complejo en nuestra realidad colonial. Los trabajadores debemos hacer el esfuerzo de analizar las mismas desde el impacto que tendrán éstas sobre nuestras vidas y la de nuestras familias. Después de todo, es sobre la clase trabajadora en la que siempre recae el mayor peso de las medidas que impone la clase gobernante en su permanente afán de asegurarse el ejercicio del poder para beneficio de sus particulares intereses económicos.
Deliberadamente se ha querido dar la impresión de que no hay una explicación racional a la conducta que expresa el presidente Donald Trump en los primeros días de su segundo mandato presidencial. Una tras otra se suceden Órdenes Ejecutivas que parecieran estar unas desconectadas de otras. La ofensiva política y mediática son dos de los medios utilizados, en unión al control sobre los desarrollos tecnológicos y la inteligencia artificial, creando toda una conmoción en la sociedad que nos deja desarmados ante la multiplicidad de eventos a que dan lugar las órdenes impartidas desde la presidencia. Una vez más se ha puesto en marcha la ofensiva del Shock para desarticular cualquier contraofensiva que en su defensa puedan articular los sectores más alertas de la sociedad.
Atrapados en la ofensiva política de las múltiples medidas anunciadas, con la pretensión de hacerlas inmediatamente efectivas, hacemos lectura de las mismas sin lograr integrar las informaciones que se presentan y reconocer el efecto que, en su aplicación simultánea, tendrán en nuestro quehacer como trabajadores. Sin la posibilidad de agotar el análisis de los doscientos o más decretos del señor Trump intentaremos en esta nota despejar un poco la telaraña tejida deliberadamente por los grandes intereses económicos que diseñan y hacen efectivo su poder desde la presidencia de los Estados Unidos.
Consideremos las siguientes. La repatriación masiva de residentes indocumentados como cumplimiento de una promesa de campaña ampliamente difundida y por la cual votó una mayoría del pueblo norteamericano. La congelación de fondos destinados a proyectos de carácter social con el propósito de alinear los mismos a la visión administrativa que se ha trazado el presidente. La oferta de bonificación a los empleados del gobierno federal para que renuncien a sus empleos en una carta que lleva implícita la posibilidad de despido, sostenida en una propuesta de incrementar los niveles de eficiencia del gobierno federal. La imposición de nuevos aranceles a Canadá, México y China.
Examinadas por separado y en el contexto en que las mismas son presentadas en los medios de comunicación no se hace meridianamente claro que se trata de cambios cualitativos en las formas y maneras de dominación y control de la clase trabajadora y de otras fuerzas opositoras para lograr el objetivo central del fortalecimiento hegemónico del sector empresarial de los Estados Unidos. Por lo tanto, todo aquello que debilite a la clase trabajadora tendrá prioridad y se intentará poner inmediatamente en vigor.
Una clase trabajadora carente de las asistencias sociales que alivien su precaria realidad y su movilidad social se verá obligada a aceptar condiciones de trabajo más onerosas que las presentes. La reducción de empleados en el gobierno federal debilitará la fuerza de movilización de la totalidad de la clase trabajadora norteamericana y creará un mayor ejército de reserva (desempleados) en el sector privado de la economía. Los blancos pobres y los negros, así como los inmigrantes documentados, pasarán a ocupar las plazas de aquellos que hoy se repatrían sirviendo como elemento de contención a una sublevación que dé al traste con los objetivos trazados por la clase gobernante. La guerra comercial de los aranceles encarecerá el costo de vida y reducirá el salario real de los trabajadores.
El papel que juega el control del desarrollo de la tecnología y la inteligencia artificial puede ilustrarse con un ejemplo a la mano que hace transparente el rumbo trazado por la administración Trump.
No es accidental el nombramiento de Elon Musk, el hombre más rico del planeta y dueño de una de las mayores empresas de avanzada tecnología. La misma persona que ha iniciado su gestión gubernamental señalando la necesidad de reducir el tamaño de la administración gubernamental en una tercera parte de los empleados, también ha hecho el anuncio de su intención de fabricar miles de robots capaces de sustituir a una gran parte de la fuerza trabajadora del país.
Al hacer el anuncio de la producción de los Robots Humanoides Optimus también se hizo saber que los mismos estarán orientados a mejorar la eficiencia, la productividad y la seguridad en la industria. Además, indicó que su empresa cuenta con la capacidad de producir un millón de unidades anualmente. Los robots serán una herramienta esencial accesible y menos costosa que la clase trabajadora.
Tenemos la certeza de que una vez se imponga la agenda de la clase gobernante norteamericana los efectos sobre la clase trabajadora, tanto allá como aquí, serán devastadores. Sentarse a esperar que los cambios propuestos sean derrotados por la fuerza de la desigualdad que conllevan o la irracionalidad que se les adjudica es negar la experiencia ya acumulada. Estudiar y comprender lo que se está proponiendo, organizar la resistencia y hacer efectiva la misma hará la gran diferencia entre lo que hoy se propone y lo que mañana pueda ser nuestra realidad. Organicemos el desorden.